La segunda batalla por el Concejo

09 Oct 2017

El Concejo Deliberante de la capital puede servir de escenario para la primera batalla que librarán entre sí el vicegobernador Osvaldo Jaldo y el senador José Alperovich. Desde hace un par de semanas, el ex gobernador comenzó a prestar mayor atención a la renovación de autoridades en ese cuerpo deliberativo. Por dos razones fundamentales. La primera, simbólica: el mensaje de poder al arrebatarle el manejo legislativo al intendente Germán Alfaro. Y, la segunda, para tener una nueva caja a la cual echar mano a la hora de hacer política.

La campaña electoral para el 22 es el único motivo por el que la arremetida alperovichista transita con disimulo. Sin embargo, una vez superada la elección de diputados los ojos del oficialismo provincial se posarán en la administración de poder de San Miguel de Tucumán. A principios de año, el opositor Alfaro sufrió una baja que le cambió por completo el tablero del Concejo. Seducido por la Casa de Gobierno, el edil José María Franco dio un portazo y lo dejó sin mayoría en el recinto. Se trató, poco más de un año después, del primer acto de revancha de la Provincia: en 2015, en la primera sesión de esta gestión, el intendente había jugado más rápido que sus rivales de 25 de Mayo y San Martín y les había birlado un concejal para, de esa manera, quedarse con la mesa de conducción. Aquella vez, el intendente sólo necesitó ofrecerle la presidencia al mercantil Javier Aybar para ganar en tranquilidad en la primera mitad de su mandato. Esa etapa, al promediar 2017, podría llegar a su final.

En las oficinas de 9 de Julio y Lavalle admiten que, probablemente, en el transcurso de noviembre perderán la mesa de conducción del Concejo. Sencillamente, porque los números no los acompañan en el recinto. No obstante, más allá de aceptar esa realidad, Alfaro está dispuesto a patalear para que sus eventuales verdugos paguen el costo político. ¿Cómo? Tal como manda el manual: escatimando recursos para uso discrecional. Aun así, el jefe municipal sabe que sólo reúne ocho votos, frente a una decena opositora.

La única ventaja con la que cuenta el ahora referente de Cambiemos para enfrentar las matemáticas es la interna entre sus rivales. Hay al menos cuatro fracciones ligadas a la Casa de Gobierno que pretenden quedarse con el manejo del Concejo. Hasta aquí, Alperovich es el que mayor interés y ansiedad demuestra. Es lógico, si el senador pretende realmente pelear por regresar a la Gobernación necesita recuperar un espacio desde el cual pueda “contener” dirigentes, porque la Legislatura le fue vedada por el vicegobernador, Osvaldo Jaldo, y el acceso al Ministerio del Interior sólo le permite contar con bienes para responder a casos puntuales de vecinos. Demasiado poco para pensar en volver. Por eso, el ex mandatario incentiva al edil Dante Loza. Pero el ex director del Registro Civil sólo tiene el apoyo del ex titular del Ipacym, David Mizrahi. Enfrente, aparecen dos duplas más: la de Matías Figueroa y Graciela Suárez de Cano, apadrinada por el interventor de la Caja Popular de Ahorros, Armando Cortalezzi; y la de Juan Luis Pérez y Belén Cruzado Sánchez, ligados al vicepresidente primero de la Cámara, Guillermo Gassenbauer. Entre Cortalezzi y Gassenbauer hay una suerte de acuerdo para dirimir nombres una vez que se supere la elección de diputados. Pero todo, finalmente, dependerá de lo que resuelva el vicegobernador Jaldo. El tranqueño, que puede resultar el gran ganador de este año electoral, también puede erigirse como el elector del Concejo: a él le responden los ediles Dolores Medina Taljuk (del espacio de Carlos Assán) y el ex alfarista Franco. Además, podría seducir al bussismo con un espacio en la mesa de conducción, tal como hizo con un sector del radicalismo en la Legislatura. Así, sumaría los votos de Ricardo Bussi y de Eduardo Verón Guerra e, incluso, abrocharía el acompañamiento de los binomios que sujetan Cortalezzi y Gassenbauer, dispuestos a encolumnarse detrás de Jaldo.

Por supuesto, todo dependerá de la fortaleza con la que Jaldo sortee este proceso electoral, en el que estarán puestas todas las miradas durante las próximas dos semanas. En especial, luego del mensaje que, sutil pero elocuente, le dejó el jefe de Gabinete de la Nación, Marcos Peña, al gobernador Juan Manzur el jueves. Ese día, a solas, el macrista le recordó al tucumano que, pasadas estos días de pirotécnica electoral, deberá convivir al menos dos años más con un Gobierno liderado por Mauricio Macri. Se lo enrostró, casualmente, justo después de que Manzur haya dicho que para votar al ex presidente de Boca Juniors había que estar un poco ebrio, y en medio de los comentarios de referentes de Cambiemos que, sugestivamente, dicen haber escuchado el apellido del gobernador en los pasillos de Comodoro Py. Al parecer, tanto ataque político al Presidente podría despertar frentes de conflicto que permanecían dormidos.

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