¿Cómo jugará su última carta?

08 Oct 2017 Por Ezequiel Fernández Moores
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NADA. La llegada de Sampaoli a la Selección no sirvió para dar el golpe de efecto.

Jorge Sampaoli llegaba a Ecuador al día siguiente de la Navidad, 26 de diciembre de 2009. Ya había cumplido su periplo peruano y venía de gran campaña y luego renuncia indeclinable por malos resultados, con final caótico, en el chileno O’Higgins, de Rancagua. Lo contrató Nassib Neme, aún hoy presidente del Emelec, primer club “grande” en Sudamérica que se interesaba en el inquieto hombre de Casilda. Debutó un mes después: 1-1 agónico contra Newell’s ante 40.000 personas en Rosario. Entró a la zona de grupos de la Libertadores porque luego ganó 2-1 en Guayaquil. El primer golpe en el campeonato, 0-5 contra Liga de Quito, fue tan duro que incluyó rumores de despido. Eran tiempos en los que Sampaoli llamaba él mismo a los periodistas para pedirles información del rival. Otro 0-5 (ante Nacional) cortó una buena racha. Emelec fue eliminado en primera rueda de la Libertadores. Quedó “obligado” a ganar en Ecuador.

La reacción fue tan notable que Emelec cerró la primera etapa al tope, clasificado a la final del año y, por primera y única vez en su historia, citado por la Federación Internacional de Historia y Estadística del Fútbol (IFFHS) como mejor equipo del mundo de junio de 2010.

Pero, igual que en Chile, el final tampoco fue el mejor en Ecuador. La final por el título fue contra la Liga Deportiva Universitaria del “Patón” Bauza que había ganado la Libertadores en 2008. Sampaoli eligió en el arco a Javier Klimowicz en lugar de Marcelo Elizaga, que era capitán y titular en la selección de Ecuador, decisión difícil, confirmatoria de que para el DT no hay “vacas sagradas”.

“Cambiar a esta altura sería un suicidio”, reivindicó Sampaoli su estilo arriesgado antes de la final. Liga, protegido por la Federación en un caso polémico de inclusión indebida de un jugador, ganó 2-0 la ida en Quito. El 1-0 de la vuelta fue insuficiente. Emelec sumó la cifra histórica de 95 puntos pero no fue campeón. “No escucho y sigo”, el buen libro biográfico de Pablo Paván sobre Sampaoli, describe al DT “desencajado” apenas terminó el partido ante lo que sintió como una injusticia. “Pocas veces, por no decir nunca, se vio a un entrenador llorar tan desconsoladamente. Sampaoli -dice Paván- tenía en claro que dejaba Ecuador y que difícilmente iba a volver”.

Lo hace ahora, casi siete años después, como DT de una selección argentina que atraviesa su momento más difícil en décadas y que él, bombero en emergencia, no logra por ahora remontar. Pobre Sampaoli. Lo llamaron para que sacudiera con su revolución a un equipo dormido. Ahora, tras los empates decepcionantes contra Venezuela y Perú, le pedimos que no sea él, que el horno no está para bollos y que guarde las decisiones audaces para otro momento. Como si las decisiones “seguras” de su predecesor -justamente Bauza- hubiesen mejorado algo la situación.

Echado el chivo expiatorio de Bauza, ahora apuntamos contra Sampaoli. La prensa que antes disfrutaba de las extensas e inútiles entrevistas de Bauza enfurece porque el nuevo DT, además de no mejorar el puntaje, no dialoga con ellos, ni siquiera les anticipa formaciones y los trata como un medio más. “Deficiente mental”, llegó a decirle un político que tiene más apariciones en la TV que votos.

Sampaoli, encima, fue fiel a sí mismo también en su discurso, cuando habló de “paciencia” y de “paz-ciencia”. La mayoría ignoró que Sampaoli, simplemente, apeló al rock de “Las Pastillas del Abuelo”, una de sus bandas preferidas. A la canción “La creatividad”, cuya letra dice que la “paciencia, ciencia de la paz, debe ser herramienta eficaz cuando nos falta creatividad”, porque “cuanto menos lo pensés, menos límites te ponés, y es más fácil volver a nacer”.

Paciente, es cierto, proviene de “pati”, que significa “sufrir”. Es decir, el paciente puede ser el que actúa tranquilo aún en medio de la dificultad. Pero también puede ser el “enfermo”. La Selección actual invita a la ironía fácil en las redes sociales. En todo caso, podríamos preguntarnos si la Selección es la única enferma. O si, apenas, es la punta más visible de una enfermedad que sufre desde hace tiempo el fútbol argentino. ¿O hay que volver a citar que el equipo nacional tuvo tres técnicos distintos en una Eliminatoria en la que cambió jugadores; cambió esquema y cambió estadios? Cambió hasta la propia conducción de la AFA, aunque muchos se hagan los distraídos para olvidar a esa Comisión Regularizadora que impusieron la FIFA, la Conmebol y el gobierno nacional y que precipitó la salida del “Tata” Martino. ¿O hay que recordar también que las selecciones juveniles argentinas de los últimos años vienen dando pena y siendo superadas ya no por potencias europeas, sino por nuestros propios vecinos, por mucho sentimiento racista que eso despierte en algunos comunicadores, como se reflejó ante Perú? Está claro, algo está quebrado para que a una Selección que tiene atacantes de jerarquía sufra tanto para hacer un gol.

El bombero Sampaoli, consciente de la necesidad de renovación y fiel a su audacia, también recurre a otras emergencias, llámese Darío Benedetto o Emiliano Rigoni. Héroes accidentales, como lo fue Mario Bolatti para ir a Sudáfrica 2010. Como lo puede ser el que nos lleve a Rusia. Aunque suene a milagro.

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