¡Hagamos producir los talentos recibidos!

08 Oct 2017
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LA MISA DE HOY

PBRO. MARCELO BARRIONUEVO

“Escuchad otra parábola. Cierto hombre que era propietario plantó una viña, la rodeó de una cerca, la arrendó a unos labradores y se marchó de allí. Cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir sus frutos...”

El pueblo elegido es la viña predilecta del Señor: “¿Qué más cabía hacer por mi viña...?” (1ª Lect.). El Evangelio anuncia la tercera parábola del Reino, que resume la historia salvífica: las predilecciones de Dios; los enviados -los profetas- para recoger los frutos de la viña, asesinados por los viñadores; el Hijo, el Enviado por excelencia, a quien “mataron”; la desolación de Jerusalén... Y el lado luminoso de la misma historia: el desenlace salvador, “la piedra que desecharon... es ahora la piedra angular... ha sido un milagro patente”. Consecuentemente el Reino pasa “a un pueblo que produzca sus frutos”, a la Iglesia de hoy que debe seguir fielmente produciendo los frutos del Evangelio de Cristo.

Es un evangelio que nos llama por un lado a la responsabildad frente al don dado y por otro a la exigencia de producir frutos en la viña que es la Iglesia. Cada uno de nosotros debe ser responsable de la tarea dada por la fe, es una tarea en la cual trabajamos, cada uno desde su carisma, al mejor servicio de Dios y el prójimo.

Hacerce cargo de nuestras obligaciones es ponerse la Iglesia al hombro, es trabajar en la misión que ella tiene hoy donde hay muchos frentes como desafio: la pérdida de fe, el relativismo moral, la pobreza y la marginalidad; todas la periferias existenciales a las que el Papa nos empuja a ir.

Esta responsabilidad es real cuando nos decidimos a dar frutos, a no ser estériles en la vida de la Iglesia y de la sociedad. Nos quejamos de que todo esta mal y no nos decidimos a trabajar para que las cosas cambien.

El Papa nos señala en su último discurso a la Academia de la Vida que debemos meternos en el cambio de la sociedad: “En definitiva, es una verdadera y auténtica revolución cultural la que está en el horizonte de la historia de este tiempo. Y la Iglesia, en primer lugar, debe hacer su parte...La fe cristiana nos empuja a retomar la iniciativa, rechazando toda concesión a la nostalgia y al lamento... El mundo necesita creyentes que, con seriedad y alegría, sean creativos y propositivos, humildes y valientes, resueltamente determinados a recomponer la fractura entre las generaciones...”

El Papa nos empuja a recuperar el lugar central que tiene la familia en este desafío de la nueva revolucion cultural: “Esa alianza está ciertamente sellada por la unión de amor, personal y fecunda, que marca el camino de la trasmisión de la vida a través del matrimonio y la familia. Esta, sin embargo, va mucho más allá de ese sello. La alianza del hombre y de la mujer está llamada a tomar en sus manos el gobierno de toda la sociedad. Esto es una invitación a la responsabilidad por el mundo, en la cultura y en la política, en el trabajo y en la economía; y también en la Iglesia”.

Ser responsables y producir frutos duraderos. No hagamos de la Iglesia una “realidad líquida”; hagamos de ella un sólido compromiso de cambiar para mejor una sociedad huérfana de Dios.

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