Nobel de Literatura para Kazuo Ishiguro por una obra literaria iluminada por el cine

El premio de la Academia sueca recayó en el autor de “Los restos del día”, que llegó al cine con Anthony Hopkins y Emma Thompson.

06 Oct 2017

un clásico
el filme “LO que queda del día”
En 1993 se estrenó en cines “Lo que queda del día”, adaptación de la obra homónima de Ishiguro sobre un mayordomo británico en los albores de la Segunda Guerra Mundial, con dirección de James Ivory  y Anthony Hopkins y Emma Thompson en los roles protagónicos. 

> Un clásico
El filme “Lo que queda del día”

En 1993 se estrenó en cines “Lo que queda del día”, adaptación de la obra homónima de Ishiguro sobre un mayordomo británico en los albores de la Segunda Guerra Mundial, con dirección de James Ivory  y Anthony Hopkins y Emma Thompson en los roles protagónicos. 

Kazuo Ishiguro, escritor de nacionalidad británica nacido en Japón y autor de títulos que llegaron a la pantalla como “Los restos del día” (conocida también como “Lo que queda del día”), ganó el Nobel de Literatura 2017, anunció la Academia sueca.

Ishiguro, de 62 años, ya había ganado el Premio Man Booker por esa novela de 1989 que se convirtió en una película nominada al Oscar. La Academia sueca aclamó su capacidad para revelar “el abismo bajo nuestra ilusoria sensación de conexión con el mundo”.

El autor dijo a la BBC que el premio era asombrosamente halagador, informó la cadena en su sitio web. “Es un magnífico honor, principalmente porque significa que estoy siguiendo los pasos de los mejores autores que han vivido, por lo que es una distinción estupenda”, añadió.

“Estamos en un momento muy incierto y espero que todos los premios Nobel sean una fuerza para algo positivo en el mundo como está en este momento -dijo Ishiguro-. Me sentiré muy emocionado si pudiera de alguna manera ser parte de algún tipo de movimiento este año para contribuir a una atmósfera positiva en un momento muy inestable”.

La entrega del premio de 9 millones de coronas (1,1 millón de dólares) marca un regreso a una interpretación más tradicional de la literatura después de que el premio de 2016 fue otorgado al cantautor Bob Dylan.

Las obras de Ishiguro, que vive en el Reino Unido desde niño, a menudo tocan aspectos como la memoria, el tiempo y el autoengaño, dijo la Academia.

“Es un poco como una mezcla de Jane Austen, la comedia de costumbres y Franz Kafka. En pocas palabras, si mezclas esto un poco, no demasiado, obtienes a Ishiguro”, destacó Sara Danius, secretaria permanente de la Academia.

Ishiguro empezó a llamar la atención de la crítica en la década de 1980 por obras como “Pálida luz en las colinas”. Publicada en 1982, y enmarcada en Nagasaki, la ciudad nipona en la que vivió sus primeros años hasta que se trasladó con su familia al Reino Unido. En su memoria, la ciudad sobre la que cayó la segunda bomba atómica forma parte de su vida. El autor creció junto a sus dos hermanas en Guildford, al sur de Londres. Su padre trabajaba como investigador marino y ni él ni su madre tenían mentalidad de inmigrantes.

Ishiguro estudió Filología, Filosofía y Literatura Creativa, y en los pubs de Londres probaba suerte como guitarrista, cantante y pianista. Trabajó como empleado social en la capital británica, donde ayudaba a personas sin hogar. Tras el éxito de su primera novela, se dedicó de lleno a la escritura. A “Un artista del mundo flotante” siguió “Los restos del día”. Según confesó a The Guardian, escribió la mayor parte del libro en apenas cuatro semanas. Sin embargo, su última novela, “El gigante enterrado”, le llevó 10 años. En sus obras más recientes, el escritor, de 62 años, ha ido introduciendo cada vez más elementos de ciencia ficción, género en el que incursionó con la distópica “Nunca me abandones”. La novela, que gira en torno a tres amigos que viven en un internado donde nada es lo que parece, también fue llevada al cine con Keira Knightley, Carey Mulligan y Andrew Garfield. Su obra ha sido traducida a más de 40 idiomas.


> PUNTO DE VISTA

Escribir en lengua inglesa con sutileza oriental

MARÍA EUGENIA BESTANI

Profesora de Literatura Inglesa (UNT)

Dos manos renuentes se separan. El breve espacio entre ambas es el abismo que anuncia un destino inexorable. La escena central de la novela “Lo que queda del día” permanece inscripta como una conmovedora metáfora de la incapacidad del hombre maduro para expresar su amor en, precisamente, “lo que queda del día”. Ishiguro se hizo conocido gracias a la versión fílmica de esta consagrada novela, publicada en 1989. Entonces mucho se habló de este narrador japonés, nacido en Nagasaki en 1954, que escribía en lengua inglesa con sutileza oriental, y había tenido la audacia de retratar, como nunca antes, a la sociedad británica en el período de la Segunda Guerra Mundial. Eligió, para contar su historia, a un mayordomo, personaje subalterno pero omnipresente, cultor de la consabida flema inglesa. La escritura se sostenía magistralmente desde la perspectiva de este narrador “no confiable”, que se abstenía de emitir juicios, pero sutilmente develaba tabúes, como el secreto colaboracionismo de algunos nobles con los jerarcas del Tercer Reich.

Cuando se pensaba que iba a ser muy difícil para Ishiguro superar la repercusión editorial, volvió a sorprender con “Los inconsolables” (1995), novela audaz, no complaciente, incluso incomprendida, que habla de los tres días previos a la actuación, en la vida de un pianista de fama internacional, quien, kafkianamente, se va enredando en compromisos incumplibles. Quedaba demostrado: Ishiguro era un escritor con mayúscula, displicente del éxito y comprometido con su arte. En “Nunca me abandones” (2005), Ishiguro amalgama la literatura distópica con el género tradicional del bildungsroman o novela de aprendizaje, y logra la nominación al Booker Prize y que la revista Time la consagre como “la mejor novela del año 2005”.

Párrafo aparte para su último libro, “El gigante enterrado” (2015). No deja dudas sobre su talento. Ishiguro nos entrega una fábula conmovedora y enigmática sobre el pasado y el amor conyugal. Con una belleza casi hipnótica, nos habla sobre “el deber de recordar y la urgencia de olvidar”. Un texto que tiene esa habilidad espectral, característica de su literatura, de permanecer en la memoria, mucho tiempo después de ser leído.

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