Prevendrán el alcoholismo con un libro de cuentos tradicionales

“Y a ellos ¿qué les pasó?” se llama la obra, una recopilación de Honoria Zelaya de Nader que editará el Ministerio de Salud de la Provincia.

04 Oct 2017
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ACUERDO PARA EDUCAR. La ministra de Salud, Rossana Chahla, y la escritora Honoria Zelaya de Nader. LA GACETA / FOTO DE DIEGO ARÁOZ.-

“Frecuento la literatura tradicional, que considero una de las mayores riquezas de la lengua por su sabiduría esencial”, afirma Honoria Zelaya de Nader, doctora en Letras, escritora e investigadora de literatura infantil y juvenil. Ella se ha embarcado en un nuevo proyecto que pronto verá la luz.

En conjunto con el Ministerio de Salud de la Provincia, “Baby” Zelaya publicará un libro para prevenir el alcoholismo desde la literatura, desde los cuentos.

El libro, que se llamará “Y a ellos ¿qué les pasó?”, será editado por la cartera sanitaria y será distribuido en las escuelas provinciales. Al respecto, la titular de Salud, doctora Rossana Chahla, informó que se está trabajando en forma conjunta con el Ministerio de Educación.

“Me encantó que podamos contar cosas desde los cuentos infantiles, si hablamos de la salud de esa manera puede llegar más a la gente. Y me pareció que Honoria era la persona que lo podía hacer mejor”, destacó la ministra Chahla.

Los sin voz

La profesora Zelaya de Nader comentó que vio en la literatura tradicional, especialmente en los cuentos del libro “De mi tierra”, de Tránsito Cañete de Rivas Jordán, que había claras advertencias sobre los riesgos que conlleva el alcohol. “El alcoholismo es castigado en esas leyendas”, subrayó.

“Las estadísticas nos marcan que cada vez son más los jóvenes que llegan a la droga, habiéndose iniciado en el alcohol. Entonces reflexioné sobre las adicciones. El término adicción, etimológicamente, significa el que no tiene voz. Y también pensé en la palabra prevención, hoy tan usada que ya casi ha perdido la fuerza semántica que tenía. Es mirar, es qué veo, y también qué hago. Y así apareció este proyecto”, relata la autora.

“Si el adicto es el que carece de voz, yo quiero que este libro tenga voz. Que sea como un encuentro con la voz del pueblo, con lo que nos legaron los antepasados, que nos sale al paso para que nos cuidemos, porque se trata de prevenir con presencia”, agrega. También resalta el título del libro: “los interrogantes convocan a los niños, les llaman la atención”.

Este es el primer proyecto de la doctora Zelaya de Nader con el Ministerio de Educación, pero no será el último. La ministra Chahla anunció que ya tiene en mente otro similar, aunque referido al cuidado del medio ambiente. “Vamos a trabajar en ese tema -dijo la funcionaria-, porque la prevención en materia de salud no podemos hacerla solos desde el Ministerio, necesitamos el acompañamiento de la sociedad, de los padres, de la familia”.

Los cuatro palacios del zorro
 
Fragmento de uno de los cuentos tomados del libro de Tránsito Cañete de Rivas Jordán
 
“…Se encerró en la despensa donde se dio el banquete más grande de toda su vida, con las riquísimas provisiones que encontró allí guardadas. Tras él se había colado un gato amigo suyo, con quien compartió su festín.
Ya satisfecho, empezó a curiosear por los rincones y vio que por el suelo se deslizaba un hilito rojizo y brillante como la sangre.
-¿Qué será esto?, preguntó
- Eso, amigo don Juan, es vino, respondió el gato. El que bebe vino se embriaga y al embriagarse hace cosas que no debiera hacer.
 - Bah, con probar un poquito… Y empezó a lamer el líquido. Tanto le gustó, que, desoyendo los consejos del gato bebió sin medida y se embriagó. Borracho ya empezó a cantar y oyendo a lo lejos la música, le entraron deseos de bailar
- Salgamos, dijo el gato. Vamos a los salones de la fiesta. Quiero bailar.
- Tenga cuidado, mire que afuera están los perros. Lo van a matar… dijo el gato
- Qué perros ni qué perros. Quiero bailar.
- No salga, amigo Juan.
Pero el zorro borracho no lo escuchó. Consiguió abrir un boquete en la puerta cerrada con llave y salió.
El gato salió también rogándole que no hiciera ruido. El zorro se volvió a él, fieramente y le dijo:
- Vea. El que come bien y toma vino, grita.
- ¡Cállese, compañero!
- No me callo. El que come bien y toma…
No terminó la frase. Los perros se le fueron encima. Él corrió hacia donde estaba su amo; pero la música ahogó su voz y las garras enemigas lo atraparon.
Su amo, rico y dichoso, estaba muy lejos de pensar en el pobre zorro a quien debía su felicidad.

> Los cuatro palacios del zorro 

Fragmento de uno de los cuentos tomados del libro de Tránsito Cañete de Rivas Jordán   

“…Se encerró en la despensa donde se dio el banquete más grande de toda su vida, con las riquísimas provisiones que encontró allí guardadas. Tras él se había colado un gato amigo suyo, con quien compartió su festín.
Ya satisfecho, empezó a curiosear por los rincones y vio que por el suelo se deslizaba un hilito rojizo y brillante como la sangre.
-¿Qué será esto?, preguntó
- Eso, amigo don Juan, es vino, respondió el gato. El que bebe vino se embriaga y al embriagarse hace cosas que no debiera hacer.
 - Bah, con probar un poquito… Y empezó a lamer el líquido. Tanto le gustó, que, desoyendo los consejos del gato bebió sin medida y se embriagó. Borracho ya empezó a cantar y oyendo a lo lejos la música, le entraron deseos de bailar
- Salgamos, dijo el gato. Vamos a los salones de la fiesta. Quiero bailar.
- Tenga cuidado, mire que afuera están los perros. Lo van a matar… dijo el gato
- Qué perros ni qué perros. Quiero bailar.
- No salga, amigo Juan.
Pero el zorro borracho no lo escuchó. Consiguió abrir un boquete en la puerta cerrada con llave y salió.
El gato salió también rogándole que no hiciera ruido. El zorro se volvió a él, fieramente y le dijo:
- Vea. El que come bien y toma vino, grita.
- ¡Cállese, compañero!
- No me callo. El que come bien y toma…
No terminó la frase. Los perros se le fueron encima. Él corrió hacia donde estaba su amo; pero la música ahogó su voz y las garras enemigas lo atraparon.
Su amo, rico y dichoso, estaba muy lejos de pensar en el pobre zorro a quien debía su felicidad.

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