El Museo Timoteo Navarro presenta una mirada distinta del patrimonio

Con la curaduría de Rodrigo Alonso, se inaugura mañana una exposición formulada a partir de un guión diferente sobre las obras. Conviven consagrados y emergentes, históricos y contemporáneos.

04 Oct 2017

Un centenar de obras se expondrá en las salas centrales del Museo Timoteo Navarro, en una nueva muestra que refleja el patrimonio artístico. “¿Qué ves? Una mirada sobre la colección del Museo”, está curada por Rodrigo Alonso (Buenos Aires) y se inaugurará mañana a las 20.30 en 9 de Julio 44.

Desde el inicio de la exposición, un panel con un autorretrato (1944) de Timoteo Navarro parece marcar una introducción, un derrotero para el arte tucumano. El realismo de la imagen marca la primera etapa del creador con cuyo nombre se bautizó el museo de bellas artes.

El curador propone realizar un recorrido por la colección del museo con el fin de extraer, potenciar e investigar las múltiples miradas que la habitan, se indica en el catálogo. “El patrimonio de un museo es siempre un recorte de un patrimonio local que, en ese carácter de incompleto, encuentra su condición de crecimiento permanente. Es por ello que la colección se exhibe en diálogo con obras pertenecientes a otras colecciones públicas y privadas, y con trabajos aportados por artistas que se encuentran en pleno desarrollo de su labor creativa, buscando visibilizar esa característica fragmentaria, donde lo que se ve no siempre es lo total”, escribe Alonso.


Propietarios

El argumento del curador se consolida más aún sí se considera que el patrimonio artístico público tiene distintos propietarios: la Dirección de Rentas, la Casa de Gobierno y el mismo museo. Además de otras obras que guardan entidades, como la Caja Popular de Ahorros, por ejemplo.

El guión de la exposición contiene secciones que están diferenciadas por colores en las salas, como “La mirada social”, “La mirada obturada”, “El Jardín de la República”, “El paisaje productivo”, “Naturalezas muertas”, “Lo visible y lo invisible”, “Deconstruyendo Tucumán”, “Vibraciones políticas”, “Animalidad”, “Devenires de la escultura” y “Abstracción”.

A lo largo de estos distintos capítulos se podrán ver esculturas, pinturas, fotografías, objetos e instalaciones, de artistas nacionales y tucumanos, de consagrados y emergentes, de históricos y contemporáneos.

Un cortometraje

Curiosamente, “Deconstruyendo Tucumán” está compuesto únicamente por un cortometraje de Patricio García. Se trata de uno de sus primeros trabajos, “Ruido marrón” (2006, “un falso documental institucional sobre un falso Tucumán”, lo describe), que no llega a los 15 minutos.

En “La mirada social” se plantean obras como “El mendigo” (1966) de Isaías Nougués o “El laucha”, de Juan Grela; y en “La mirada obturada”, un registro fotográfico de la acción del grupo Viva Laura Pérez: “Sobrevidentes”, fotografías de Gabriel Varsanyi, Pablo Masino y Julio Pantoja y un retrato de Rolo Juárez, así como “Liber-Girl”, de César Artaza. En esta sección se proyecta el video “Dueto”, de Geli González.

En “Jardín de la República” hay una larga lista de pinturas de grandes paisajistas tucumanos como Luis Lobo de la Vega, Santos Legname, Guillermo Guerineau, Demetrio Iramain, Dante Cipulli y el propio Navarro, pero en diálogo con obras de contemporáneos como Blanca Machuca, Natalia Lipovetsky o Sebastián Rosso.

En tanto, en el denomindo capítulo “El paisaje productivo” se puede encontrar una exquisita xilografía de 1959, obra de Pompeyo Audivert, y todo el colorido de “Sandía de noche” (2011), de Hugo Bellagamba.

En “Naturalezas muertas”, se encuentra un óleo de Valentín Thibón de Libian y otro de Fued Amín; un video de Graciela Ovejero Postigo y una fotografía de Flavia Romano.

Una litografía de Emilio Pettoruti, de 1918, ocupa un lugar central en otras de las secciones, en la que se suceden óleos de Edmundo González del Real, Antonio Osorio Luque, un acrílico reciente de Alejandro Gómez Tolosa, y “American Life. El beso de Gilda”, un trabajo de Marcos Figueroa efectuado con alambre de púas sobre bastidor.

Las pinturas de Rodolfo Bulacio, Rosalba Mirabella, Carlota Beltrame y de Alfredo Frías, el objeto de Hernán Aguirre y las esculturas de Sandro Pereira permiten comprender el tono contemporáneo del arte, aunque ninguno de estos trabajos pertenezca a la colección del museo.

Hay piezas que no deben soslayarse: “Mata bicho”, de Pedro Soria o la polémica “La profundidad de las cosas” de Miguel Harte, que ganó el gran premio el año pasado. También las flores de Ezequiel Linares o “Africamérica”, de Enrique Salvatierra, así como el óleo de Efraín Villa (artista desaparecido, estudiante del entonces Departamento de Artes) y la fuerte imagen de “Los poderes”, de Myriam Holgado.

Cada espectador podrá opinar que falta esta o aquella obra, o que alguna sobra en este conjunto; pero, ya se sabe, son decisiones del curador, su propia mirada, con un título que desafía al público a partir de un interrogante decisivo (“¿qué ves?”).

Nobleza obliga: una vez más, la instalación de “Unión argentina de corderas patagónicas” (sumada al patrimonio en 2004 por una donación), de Servio Avello, está ignorada, justo cuando en la exposición en el Mamba, en Buenos Aires, se lo presenta como un artista con espíritu de época.


Datos

El patrimonio del museo suma, según el último registro oficial, 903 piezas: como era de suponer se imponen las pinturas (390). Siguen 157 grabados, 111 esculturas, 88 dibujos, 94 fotografías, 49 poemas ilustrados, 11 de nuevos soportes y 3 piezas de arte textil.

Varias de estas “nuevas” obras permanecieron durante años en la Casa de Gobierno, hasta que, al asumir Juan Manzur las devolvió al edificio de 9 de Julio 44. El resto, en su gran mayoría, ingresó a la colección por medio de los premios adquisición de distintos salones, así como por donaciones de los propios artistas.

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