Cuando el pánico despega

01 Oct 2017

En Tucumán se abre una ventana al mundo. Después de ocho años volvieron los vuelos internacionales. Ya se puede ir a Lima y a Santiago de Chile desde el aeropuerto “Benjamín Matienzo”. Aumenta la lista de opciones para llegar a destinos de América y Europa en pocas horas, sin tener que pasar por Ezeiza y sin escalas interminables. La noticia entusiasma a los viajeros. Y también ha hecho saltar el número de consultas para tratar los síntomas de la aerofobia, más conocida como el miedo a volar.

El temor de subirse a un avión es mucho más común de lo que pensamos. Según un estudio en aeropuertos argentinos, uno de cada tres pasajeros tiene miedo a volar. En general, les temen a las turbulencias, al clima o a que pueda ocurrir un desperfecto mecánico. Lo sufre el 30 % de la población, aunque en sólo una pequeña parte se puede hablar de fobia, del miedo paralizante exageradamente alto que llega a ser incapacitante, detalla Oscar Fiorio, especialista en trastornos de pánico.

Según explica Fiorio, en la mayoría de los casos los temores son irracionales y se basan en la falta de información. “Creen que el avión va a caer y ellos no tienen escapatoria. Es verdad que los accidentes aéreos ocurren, pero si los medimos con los miles de vuelos que se realizan cada día son mínimos. El avión es el medio de transporte más seguro; basta con mirar las estadísticas”, señala el experto. Una de ellas es la que provee anualmente la Asociación Internacional de Transporte Aéreo. Los últimos años fueron los más seguros de la historia de la aviación. En 2015, por ejemplo, 3.500 millones de personas volaron con seguridad en 37,6 millones de vuelos. Se registraron 122 accidentes aéreos en todo el mundo con un resultado de víctimas fatales de 136 personas.

“En la actualidad, cualquier persona tiene muchas más probabilidades de morir en un accidente de auto yendo al aeropuerto que en un incidente en un avión”, aclara Fiorio. Y dice que los miedos mucho tienen que ver la personalidad: los ansiosos tienden a ver las cosas catastróficamente, a anticipar desgracias y magnificar los peligros.

Consejos

Lo bueno, según Fiorio, es que las fobias se pueden tratar y no se requiere de largos tratamientos parta obtener buenos resultados. No obstante, señala que hay que buscar ayuda con tiempo. “Lo ideal es dos meses antes de volar. Nos pasa que vienen 15 días antes. Ahora es común que los hijos regalen a los padres cuando cumplen 60, 70 u 80 años un viaje a Europa. Vienen unos días antes a tratar su fobia. Nos pasó. Algunos tienen que devolver el pasaje; otros viajan medicados”, remarca.

¿En qué consiste el tratamiento? “Se hace una terapia que combina técnicas de exposición con técnicas de relajación. Les damos mucho entrenamiento, cómo respirar ante cada caso: si hay pozos de aire, si hay turbulencias. Se les da información, contamos con muchísima bibliografía para que el pasajero entienda cómo funciona un avión, por qué es el medio más seguro”, explica.

“También ayuda la aceptación de que uno no puede evitar un accidente -resalta-. Pero tampoco sirve de nada estar pendiente de que a uno le va a pasar. El peligro es mínimo y hay que aprender a apartar los pensamientos negativos, relajarse, que sea lo que tenga que ser”.

Claudio Plá, médico psiquiatra, puntualiza en su libro “Abróchense los cinturones”, cuáles cuestiones influyen en el desarrollo de una fobia a volar: desde el saber sobre accidentes aéreos hasta una experiencia personal. “Lo importante es identificar qué provoca este tipo de miedos para tratarlos de una forma exitosa”, señala el fundador de la asociación “Poder volar”.

Según el experto, aunque tengamos mucha bibliografía a mano sobre el funciomaniento de los aviones, muchas veces la información errónea y el sensacionalismo despiertan sospechas. “Desconocemos las razones físicas por las que una máquina con peso de entre 350 a 500 toneladas es capaz de elevarse del suelo y, aunque nos parezca imposible, volar. Y el resultado de ambos factores es que queremos creer, pero no podemos”, afirma.

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