Lima siempre estuvo cerca

30 Sep 2017 Por Federico Türpe
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Tucumán es más parecido a Lima que a Buenos Aires. Quizás por eso no sea una coincidencia que esa ciudad encabece la reapertura de los vuelos internacionales para los tucumanos, luego de ocho años sin viajes aéreos al exterior.

El kirchnerismo-alperovichismo había aislado a la provincia como ningún otro gobierno en materia de transporte.

Mientras el país crecía a tasas chinas, Tucumán no sólo se quedaba sin vuelos internacionales, en 2009 (aunque desde varios años antes ya venía cediendo protagonismo), sino que también perdía destinos de cabotaje, al punto que en los últimos años sólo había conexión aérea con la unitaria Buenos Aires.

También nos quedamos sin trenes, pese a los reiterados actos e inauguraciones truncas que hicieron por cadena nacional Néstor y Cristina Kirchner.

Un amargo contrasentido para la provincia que llegó a contar con el taller ferroviario más grande de la Argentina, con 100.000 metros cuadrados cubiertos, considerado el más importante de Sudamérica en la década del 50.

Así el transporte quedó reducido a una única opción posible: la rutas. Escasas, angostas, en pésimo estado y las peor señalizadas del país, con la explosión del parque automotor terminaron de colapsar y llevaron a la provincia a batir récords de muertes en accidentes de tránsito.

Situación de caos que se amplifica en el área metropolitana, donde los sucesivos intendentes de las ciudades que la componen y los gobernadores no han movido un dedo para cambiar la situación, pese a las reiteradas advertencias de los especialistas, desde hace más de 30 años.

Más peatonales y jerarquización del peatón, ciclovías y jerarquización del ciclista, carriles exclusivos para los colectivos, calles y avenidas más anchas, más y mejor transporte público, descentralización de la administración pública, prohibición de estacionar en el microcentro en serio y desmotivar el uso de autos particulares en el macrocentro.

Algunos de los aconsejamientos básicos que se vienen repitiendo año tras año y que, como en un absurdo kafkiano, los distintos administradores vienen haciendo exactamente todo lo contrario.

Causas limeñas

Tucumán tiene bastante más en común con Lima que con la ciudad de Bartolomé Mitre.

La capital peruana carece de subterráneos, por sus condiciones sísmicas. El tránsito para los limeños es un verdadero desafío. Avanzando sobre los mismos lineamientos que sigue hoy Tucumán, Lima estuvo al borde de ser inviable, a escalas africanas, según crónicas de la época.

Viajar de un distrito a otro (son barrios pero más jerarquizados, algunos de los cuales cuentan con gestión municipal propia) llegó a ser un calvario para los limeños, que sólo podían trasladarse en autos particulares, ómnibus desvencijados y unas combis que hacen las veces de colectivos, tipo latas de sardinas.

Es así que los peruanos decidieron hace poco más de 20 años tomar el toro por las astas e iniciaron una serie de transformaciones radicales.

Ampliaron las peatonales en el centro histórico, multiplicaron los espacios verdes en zonas clave como el malecón costero o el barrio de Miraflores, hicieron carriles exclusivos para ómnibus y mejoraron las flotas.

Hace menos de diez años iniciaron una red de trenes urbanos y crearon, al igual que varias otras ciudades latinoamericanas, el servicio de metrobús que recorre amplios sectores de Lima.

También ampliaron calles y avenidas y construyeron nuevas autopistas (la de la costanera es una de las más importantes y nuevas, al igual que la ruta 1 que cruza el país de norte a sur), obras que no se detienen y están en permanente ejecución.

Los limeños en general reconocen que faltan muchas cosas por hacer, pero todos admiten, orgullosos, que habitan una ciudad más hermosa, más limpia, más segura, y con mejor calidad de vida que hace 20 años. Algo que el turista puede apreciar a simple vista.

La transformación

La verdadera transformación de Perú comenzó en 1993, con la reforma de la Constitución nacional, que permitió el regreso de la inversión privada al país, la que junto a la inversión pública iniciaron un camino de desarrollo y el Estado, que estaba quebrado y sin reservas, comenzó a enriquecerse, según consta en la evolución de las reservas. Esto le permitió, por ejemplo, pasar de una pobreza del 60% en 1989, al 25% actual, y de una inflación del 1.200% al 2% anual que hoy ostenta.

El 25% de pobres no es poco, pero en la última década, según índices oficiales, lograron bajar un 50% la pobreza, en mayor medida gracias al empleo privado. Los focos de pobreza más duros de Perú se ubican en el norte amazónico y en el sur andino, regiones con fuerte arraigo de pueblos originarios. En algunas zonas incluso ni siquiera se habla castellano, lo que profundiza su aislamiento con los centros de producción.

Chicha, charki, challa

Tucumán tiene mucho más de Lima que de Buenos Aires. Utilizan muchos vocablos derivados del quechua y el aymara, como en el norte argentino, y la gastronomía es muy similar. Excepto por los frutos de mar y las influencias orientales de China y Japón, el resto de la comida es igual a la que puede encontrarse en Jujuy, Salta, Catamarca, Santiago o Tucumán. Humitas, tamales, empanadas, guisados similares al locro y el uso masivo de la papa, el zapallo, la batata, el maíz, el pollo y el cerdo son algunas de las muchas similitudes.

Cuando conocemos Bolivia, el norte de Chile o Perú, que ahora está a sólo tres horas de vuelo de Tucumán, se comprende que las fronteras políticas son simbólicas, porque en verdad la región andina no tiene fronteras.

Acaso la frontera más real, la étnica, la sociocultural, la económica y la histórica está en Tucumán, la última gran avanzada militar, religiosa, comercial y cultural del Virreinato del Río de la Plata hacia el norte, avanzada europea y blanca que vino a mestizar la argentina. En Tucumán termina, o empieza, según se mire, la Latinoamérica profunda.

Una oportunidad para despegar

Hay más semejanzas entre Tucumán y Bolivia, Perú o Ecuador, que entre un tucumano nativo y un habitante actual de la región Pampeana.

El regreso de los vuelos internacionales, primero a Lima, luego a Santiago de Chile, desde la semana que viene, y en breve a Paraguay, Brasil y el norte de Chile, abre un abanico de enormes oportunidades para los tucumanos y para los norteños en general.

Vuelos internacionales que no son sólo turismo para clases acomodadas, como suele opinarse livianamente en algunos foros. Son posibilidades de negocios, de inversiones genuinas. Formas de acortar distancias culturales, históricas, nuevas rutas para estar comunicados con regiones que estaban aisladas, nuevos canales para exportar o importar productos. Para conocer y para hacernos conocer.

Lima es además una puerta de entrada y salida al resto del mundo, de forma directa.

Por todo esto es importante que Tucumán comience de una vez por todas la transformación urbanística postergada por décadas y que tanto necesita. Con los vuelos solamente no alcanza.

Deficiencias en el Matienzo

Gran parte del pasaje que está llegando desde Lima no son tucumanos que regresan. Hay bonaerenses o de otras provincias que no consiguieron vuelos directos, hay norteños, peruanos, estadounidenses y europeos, la mayoría de estos últimos con destino a la Patagonia.

Si bien se avanzó bastante con la pista nueva, hoy la más moderna del país, la terminal aún tiene varias falencias serias. Hay vuelos que llegan y migraciones aún está cerrado, mientras la gente hace cola en una escalera. Cuatro ventanillas para un pasaje de 200 personas es un tedio interminable. Luego Aduana, donde hay un solo escáner, lo que implica una hora más de espera, si es que no se abren demasiadas valijas.

Tras dos horas de un trámite que en Lima dura 15 minutos, el visitante sale y se topa con una jauría de remiseros que se le tiran encima, para cobrarle además $250 por un viaje de 10 minutos hasta el centro.

Para tener una idea, esa gente viene de Lima, donde un remise de lujo le acaba de cobrar 50 soles ($300) para llevarlo desde el centro de la ciudad hasta el aeropuerto Jorge Chávez, un viaje que tarda hasta hora y media, según el horario.

No es necesario esperar hasta que construyan la terminal nueva para habilitar más ventanillas en migraciones, agregar al menos otro escáner y ordenar el tema taxis y remises, como en cualquier aeropuerto normal.

Otro punto es la ruta entre el Benjamín Matienzo y la capital. Sucia de día y oscura de noche. Es la primera impresión que se lleva el visitante de Tucumán. El gobernador y los intendentes implicados deberían buscar una solución urgente. No debe ser tan complicado forestar, parquizar, iluminar y mantener limpios los márgenes.

Por último, ahora Tucumán vuelve a ser internacional, es decir es otra puerta de ingreso al país. Cuando llega, el extranjero sólo sabe que está en Argentina porque se supone que ahí debía aterrizar el avión. La estación tucumana no advierte en ningún lado que se está en Argentina. Debería haber al menos un par de banderas y letreros que digan “Bienvenido a la Argentina”. Y, de paso, “Welcome to Argentina”. Al menos así te reciben en todos lados.

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