Sensación, percepción y emoción

Nuestra percepción del mundo depende en gran medida de nuestras emociones. La sensación se define en términos de la respuesta de los órganos de los sentidos frente a un estímulo. La percepción implica la interpretación de esas sensaciones. Las emociones parecen indisociables de estas últimas pero nuestro cerebro las procesa por distintas vías.

01 Oct 2017

Por Daniel Pozzi

PARA LA GACETA - BUENOS AIRES

El cerebro funciona bajo mecanismos de input-output, igual que cualquier máquina. El input puede ser una percepción externa o interna, luego se procesa y genera un output como una reacción motora, la secreción de hormonas, etc.

La sensación se define en términos de la respuesta de los órganos de los sentidos frente a un estímulo. La percepción, por su parte, incluye la interpretación de esas sensaciones, dándoles significado y organización. La organización, interpretación, análisis e integración de los estímulos, implica la actividad no sólo de nuestros órganos sensoriales, sino también de nuestro cerebro. Por último está la cognición que involucra la adquisición, el almacenamiento, la recuperación y el uso del conocimiento. En la música, por ejemplo, obtenemos la sensación a través del oído, luego percibimos las notas musicales diferenciando los diversos sonidos, a su vez activa un proceso cognitivo recordando el nombre de la canción o en qué circunstancias y momentos la habíamos escuchado anteriormente. Todos estos procesos están acompañados seguramente por emociones como alegría, tristeza, miedo, etc.

Las sensaciones provocan reacciones que nos llevan a actuar, son las emociones.

Si bien las emociones suelen ser desencadenadas por las percepciones, son dos procesos distintos. En la práctica nos es difícil lograr una respuesta fría y objetiva sobre muchas de las percepciones, somos seres más emocionales que racionales. A su vez, las emociones nos producen sensaciones que, al ser conscientes de las mismas, generan los sentimientos. En la práctica las personas sanas experimentamos la emoción junto a la percepción, resultándonos imposible separarlas. Son las excepciones surgidas de lesiones cerebrales las que nos brindan una mayor claridad sobre el tema.

La ilusión de Sosías

En 1923, el médico francés Jean-Marie Joseph Capgras describió el caso de una paciente de 74 años con una lesión en el lóbulo temporal que no podía reconocer a su marido y pensaba que era un extraño. Tenía una percepción normal, pero no suscitaban en ella ningún sentimiento emocional. En los aquejados por este síndrome luego de la lesión surge que al ver a sus padres, cónyuge o hijos piensan que son unos impostores, unos dobles físicamente idénticos que los han reemplazado. Este síndrome conocido como Capgras o ilusión de Sosías (“Ilusión de dobles”) ha ayudado a entender la intrínseca relación entre la percepción y la emoción. En algunos, al mirase en el espejo surgía la experiencia perturbadora de pensar que esa imagen era ficticia. No es exactamente lo mismo que la incapacidad de reconocer caras, tal y como ocurre en la prosopagnosia, ya que los pacientes con Síndrome de Capgras reconocen los rasgos faciales que técnicamente definen a las personas y por lo tanto no tienen problemas a la hora de visualizar las caras. Reconocen a las personas físicamente pero carecen de la sensación de familiaridad. Se produce una disociación entre el reconocimiento físico y la respuesta emocional.

Este síndrome va unido a otros trastornos psicóticos, como la esquizofrenia paranoide, la depresión psicótica u otros trastornos delirantes. También puede aparecer junto a otras enfermedades, ya sean tumores cerebrales, lesiones craneoencefálicas y demencias, como el alzheimer o el párkinson. Como característica en común habría una afectación del hemisferio derecho y lóbulos frontales bilaterales con la preservación del hemisferio izquierdo.

Otro hallazgo interesante que diferencia la sensación y la emoción surge de personas que han quedado ciegas como resultado de una lesión en la corteza visual primaria. Estos pacientes pueden localizar un objeto aun sin tener conciencia de poder verlo. En un estudio donde se les mostraron fotos de rostros humanos que denotaban emociones como miedo, tristeza, alegría o enojo, los pacientes con ceguera cortical acertaban la emoción en la mayoría de los casos. Al realizar el mismo experimento utilizando un escáner de resonancia magnética funcional que mide la actividad cerebral, se observaba una activación de la amígdala derecha cuando reconocía las emociones de los rostros siendo especialmente fuerte cuando se le mostraba rostros que expresaban miedo.

Estos ejemplos muestran que poseemos circuitos independientes para percibir la imagen y la emoción. Un circuito más primitivo que lleva la información visual a la amígdala para desencadenar respuestas emocionales rápidas. Es una respuesta inconsciente que ha sido muy útil para nuestra supervivencia. Apenas vemos algo que nos pueda dañar o que atenta contra nosotros actuamos de inmediato luchando o huyendo a fin de evitar el peligro. Independientemente, existe otro circuito donde la información llega a la corteza visual a fin de ser procesada y elaborar de forma consciente un plan de acción.

Conclusión

Estos ejemplos reflejan cómo nuestra percepción del mundo depende en gran medida de nuestras emociones. Si bien los casos presentados pertenecen al sentido de la visión podría darse con cualquiera de los otros sentidos. La sensación y la emoción están intrínsecamente relacionadas. Nuestras emociones son fundamentales para percibir y reconocer al mundo que nos rodea.

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Daniel Pozzi - Doctor en Neuropsiquiatria y en Ciencias Biológicas. Autor del libro Humanidad 2.0.

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