Reflexiones sobre la crisis de la educación

27 Sep 2017 Por LA GACETA

Hace pocos días, concluyó en nuestra ciudad el Congreso Internacional de Educación, que contó con la participación más de un millar de alumnos y docentes, y hubo conferencias de expertos y de estudiantes de Australia, España, Francia, Noruega, Zambia y Suiza. Varias ideas quedaron flotando en el ambiente. Se habló de creatividad, de modificar la currícula de la formación docente, del reto de unir los tres siglos, se dijo los chicos están más pendientes de la vida social que del estudio, de la educación como proceso intelectual que nos ayuda a entender el mundo, a saber cuáles son las causas y los efectos.

El lunes, disertó Guillermo Jaim Etcheverry, doctor en Medicina, que fue rector de la Universidad de Buenos Aires (2002-2006); su libro “La tragedia educativa” se publicó en 1999 y pese a haber transcurrido 18 años, hay conceptos aún vigentes.

El médico describió a la situación actual como sumamente grave. “En el fondo hay un desinterés social. La educación importa poco más allá de lo que se dice en los discursos. La escuela está vista como un lugar de opresión, donde los chicos son torturados; son vistos como víctimas. Y eso es el resultado de la ruptura del pacto, de la alianza de padres y maestros para educar a los chicos. Hoy los padres están aliados con sus hijos en contra de la institución escolar, hay muchas manifestaciones de eso”, afirmó.

Se refirió a la gran desigualdad entre los sectores de mayores recursos económicos, que tienen más años de educación y los de menores posibilidades. Indicó que en las pruebas se ve un rendimiento muy distinto entre las provincias. “Observó que la mitad de los alumnos que terminaron la escuela media no entienden lo que leen y dos de cada tres tienen dificultades para las operaciones matemáticas. “Eso es muy grave. Cada 100 chicos que empiezan la escuela primaria sólo 50 terminan la escuela media, de esos 50 la mitad tiene dificultad para comprender”, aseveró.

Respecto de la más de una veintena de colegios secundarios de Buenos Aires tomados por los alumnos desde el 29 de agosto pasado -medida que ayer se comenzó a levantar en varios establecimientos-, Jaim Etcheverry dijo que ello refleja el malestar profundo que hay en la educación. “Nadie es capaz de hacer entrar en razón a esos chicos. Todos se sienten con derecho a protestar y a querer influir en la confección de los programas. Está bien que puedan manifestar su opinión, pero de ahí a querer imponerla es otra cosa. Lo más grave es que muchos padres apoyan las tomas”, dijo.

La educación argentina está en crisis desde hace mucho tiempo y ello se refleja, por ejemplo, en la inversión de roles que se viene produciendo en la sociedad. Años atrás el respeto hacia el docente era sagrado, ahora sufre con cierta frecuencia las agresiones verbales o físicas de los alumnos y de los padres. Se ha promovido la relajación de las normas y la merma considerable de exigencias. Se habla de la importancia de incorporar la tecnología en las aulas como herramienta educativa, pero de poco servirá si un chico tiene problemas para comprender un texto o no sabe expresarse a través de la escritura o la oralidad. Los conceptos de Jaim Etcheverry podrían servir de disparadores a la hora de debatir y definir cuál es la educación que queremos para nuestros hijos. Si no poseen los conocimientos básicos, los resultados serán magros. El futuro se construye a partir del presente, con la experiencia del pasado.

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