Tiempos compartidos

25 Sep 2017 Por Fernando Stanich

Como si se tratase de esos emprendimientos vacacionales a “tiempo compartido”, el oficialismo y la oposición se turnan hasta para sortear las crisis que les pone enfrente el camino hacia 2019. Así, mientras Cambiemos apresuró las rencillas y las evidenció antes de octubre, el Frente Justicialista optó por postergarlas para después de las elecciones del mes próximo.

Al macrismo tucumano le está costando demasiado caro el haber adelantado el reloj electoral. Sus dirigentes se enfrascaron tanto en la lucha por lo que ocurrirá dentro de dos años que cuando abrieron los ojos se dieron con que ya tenían 200.000 votos de arrastre. Desde entonces, la alianza que representa al Gobierno nacional no puede hacer pie. En los meses previos a las Primarias, los celos entre José Cano y Domingo Amaya se pusieron por encima de la estrategia electoral para esos comicios. Para evitar heridas o realineamientos, Cano –con el guiño del jefe de Gabinete, Marcos Peña- frenó la intentona de su ex compañero de fórmula de competir en internas para determinar las postulaciones. La abrumadora derrota del 13 de agosto obligó a una autocrítica sobre los errores cometidos, tal como dijo el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, en Tucumán. El “padrino” político de Amaya, que no había aparecido en la etapa proselitista previa a las PASO por estas tierras, se refería puntualmente a ese error: el no haber permitido la participación de más listas y de diferentes espacios que integran Cambiemos para “movilizar” a la dirigencia a las urnas. En las últimas semanas, el canismo admitió que, frente a un PJ que presentó nueve ofertas en el cuarto oscuro, no tuvo sentido ensimismarse.

Luego de aquel encuentro post PASO ante Peña y Frigerio en Casa Rosada, Cano, Amaya y Germán Alfaro lograron transmitir una sensación de reunificación del espacio. Sin embargo, el buen impacto duró poco: el amayismo aún trabaja a desgano y, peor aún, no hay forma de congeniar con Silvia Elías de Pérez. La senadora hace poco y nada por la campaña. Si timbrea, elige salir a caminar con dirigentes radicales y por zonas en las que difícilmente vaya a cruzarse con los peronistas. Y, si le dan a elegir, opta por no mostrarse demasiado. El trabajo a reglamento de la ex legisladora, por ejemplo, quedó expuesto el jueves: no ingresó al acto motorizado por el alfarismo en Central Córdoba para recibir a Frigerio. Amaya, dicho sea de paso, tampoco estuvo esa noche sobre el escenario, aunque con el argumento de que el viernes tenía una reunión de “control de gestión” en Presidencia.

El liderazgo de Cano enfrenta más cuestionamientos internos que foráneos, y eso es lo que transmite el espacio hacia afuera. La nacionalización de la campaña dispuesta en Olivos implica quitarle protagonismo al tucumano. De hecho, septiembre cierra con dos visitas nacionales que lo evidencian: el propio Mauricio Macri, vino el primer día del mes a hacer campaña por él; y Frigerio vino el jueves 21 para hacer proselitismo por el Presidente. La alianza nacional busca instalar el sello Cambiemos en la provincia, más allá de cualquier nombre. Y eso, para un espacio opositor liderado durante los últimos 14 años por la misma persona, representa todo un desafío.

Al borde de la erupción

Un poco más tiempista que Cambiemos, el Frente Justicialista decidió postergar hasta luego de los comicios la diáspora interna. De manera inteligente, Juan Manzur, Osvaldo Jaldo y José Alperovich acordaron no mostrar fisuras hasta superar este proceso electoral. Hasta aquí, lo vienen logrando con éxito, más allá de algunos detalles inocultables.

Nadie duda en el oficialismo provincial que luego de octubre se dará una ruptura. En especial, porque cada vez son más las personas que juran haber escuchado al gobernador decir que tiene pensado “repetir” y que trabajará para ello. En paralelo, el ex gobernador también hizo saber en las últimas semanas que a partir de marzo de 2018 avanzará con todo para regresar al sillón que ocupó durante 12 años. Si ambas versiones son ciertas, no se puede más que concluir que se avecina un conflicto de poder severo en el justicialismo. Jaldo, un poco más atrás, necesita que ese enfrentamiento se dé para sacar del medio a Alperovich. Por lo pronto, son varios los dirigentes que frecuentan la casona del parque Guillermina y la Legislatura que dan cuenta de una tensión en alza entre el ex mandatario y el vicegobernador.

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