Las arenas movedizas de Afganistán

25 Sep 2017
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reuters

César Chelala - Columnista invitado

Es imposible ganar una guerra cuyo objetivo no se puede definir. Esa parece ser la principal lección que se puede sacar de Afganistán, donde una supuesta victoria parece ser cada vez más inalcanzable. Es también la conclusión de varios expertos en la región, que temen que las fuerzas estadounidenses se atasquen para siempre en ese país tan injustamente castigado.

Los civiles a veces pueden ofrecer ideas sobre una situación de guerra que los mismos militares profesionales son incapaces de hacer. En 2001, el escritor estadounidense Philip Caputo ofreció una visión única de la psicología afgana. Él, en calidad de reportero, había pasado un mes en Afganistán con los mujahidines durante la década de guerra de los afganos contra los soviéticos.

En algún momento de la década de 1980, Caputo acompañaba a un pelotón de mujahidines que escoltaba a 1.000 refugiados a Pakistán. Tenían que cruzar un torrente de montaña a través de un puente muy primitivo, que consistía esencialmente en dos troncos colocados uno al lado del otro. Frente a él estaba un niño de 10 años descalzo, con los pies hinchados por varios días de marcha, el cual estaba separado de su familia.

Cuando Caputo se dio cuenta de que el chico estaba aterrorizado por temor a caer en los rápidos, donde casi seguramente podía enfrentar la muerte. Ante esta circunstancia, lo ayudó a cruzar al otro lado. Con la ayuda de su intérprete encontró al padre y le entregó a su hijo. El padre, en lugar de darle las gracias, le dio al niño una bofetada en el rostro y golpeó a Caputo en el pecho, gritándole airadamente. Caputo estaba obviamente sorprendido.

Le preguntó entonces a su intérprete el porqué de la reacción del padre chico y el intérprete le explicó: “Está enfadado con el chico por no cruzar por su cuenta, y enojado contigo por ayudarlo. Ahora, dice, su hijo esperará que alguien le ayude cada vez que tenga dificultades.” Caputo concluye: “Bueno, ese niño probablemente aprendió. No sé qué habrá sido de su vida, pero en mi imaginación, veo a nuestras tropas encontrarse con él: ahora tiene 31 años, está acostumbrado a las dificultades y al combate, carece de temor a la muerte, y está con un ejército de hombres como él a su lado”.

En pocas palabras Caputo magistralmente capturó la fuerza del soldado afgano, capaz de luchar con las armas más primitivas contra los más grandes imperios de la tierra. Cuando estos soldados sienten su tierra usurpada por fuerzas extranjeras, su fuerza se multiplica. Y este es sólo uno de los obstáculos que enfrentan las fuerzas estadounidenses y de la OTAN en Afganistán.

Hay cada vez más dudas de que un simple aumento en el número de soldados que combaten en Afganistán puede conducir a una victoria progresivamente más difícil de definir. Matthew Hoh, ex funcionario del Servicio Exterior y ex capitán del Cuerpo de Marines que se convirtió en el primer funcionario estadounidense en dimitir en protesta por la guerra afgana, declaró al Washington Post: “Al llegar a Afganistán y servir en el Este y el Sur hablando con los líderes locales, descubrí que la mayoría de los que luchaban contra nosotros y contra el gobierno central afgano lo hacían porque nos consideraban fuerzas de ocupación “.

Mientras continúa la ocupación, sus costos siguen aumentando. Según algunas estimaciones, el gasto total en Afganistán es ahora de más de U$S 2.000 millones, sin siquiera contar los costos futuros de interés por el dinero prestado para financiar la guerra. Esos costos adicionales podrían agregar billones de dólares al costo total. A esos costos se les deben agregar los pagos por servicios médicos y por invalidez de los veteranos de Guerra durante los próximos 40 años, que podrían llegar a ser más de mil millones de dólares. Linda Bilmes, profesora de finanzas públicas en la Escuela Kennedy de Gobierno de Harvard, dice: “El costo de cuidar a los veteranos de guerra suele manifestarse 30 a 40 años después de un conflicto”.

Desde el comienzo de la guerra, más de 2.350 soldados estadounidenses han muerto, además de miles de fuerzas aliadas. El costo para Afganistán ha sido aún mayor, con decenas de miles de civiles y militares afganos muertos en el conflicto. Afganistán ha sido llamado el cementerio de los imperios. Debería llamarse más propiamente el cementerio de las ilusiones.

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