La producción argentina se vio en Tucumán

25 Sep 2017

Manuel Riva - Redacción LA GACETA

Tucumán se vistió de fiesta el 23 de septiembre de 1932 cuando quedó inaugurada la “Exposición Nacional –Industria – Comercio – Agricultura” que reunió a productores, a industriales y a comerciantes de todo el país. El evento fue organizado por la sociedad Pro Fomento general de Tucumán y nuestra crónica señalaba: es el resultado del esfuerzo de un grupo de hombres desinteresados, que alientan la sana y lógica esperanza de transformar esta tierra en un pedazo de suelo siempre próspero y fecundo, abierto para todos los ciudadanos deseosos de cimentar su futuro dentro del marco del interés general. Una vez tomada la decisión de organizar la actividad, la sociedad acudió al secretario de Agricultura de la Nación, Antonio de Tomasso, quien comprendió fácilmente la importancia de la exposición a efectuar, accedió de inmediato a enviar los diversos productos y técnicos y destacó que la muestra iba a permitir que la sociedad se formara una idea exacta de cuanto se hace en el país.

Poco antes de las 16 de aquel día, miles de personas provenientes de la capital tucumana, de la campaña y de otras provincias se dieron cita a las puertas de ingreso a la muestra para esperar su inauguración. Una temperatura agradable y un sol refulgente acompañaron la jornada para beneplácito de los organizadores y del público. Las cintas fueron cortadas por el representante del ministerio nacional, Rafael Máspero Castro, y por el gobernador tucumano Juan Luis Nougués. Tras ello, las autoridades ingresaron al predio y se dirigieron al palco oficial para los discursos de rigor.

Discursos

En primer término habló el presidente de Pro Tuc, ingeniero Benjamín Parmele, un ciudadano norteamericano afincado en nuestra provincia, quien consideró que es posible cumplir nuestro orgullo cívico tratando de que Tucumán sea lo mejor de la Argentina, si todos unimos un poco de desinterés a un gran entusiasmo, con algo de saber organizar esfuerzos para hacer brotar flores en el desierto y tras destacar los esfuerzos en el campo laboral invitó a todos los ciudadanos de la provincia a aunar sus mejores esfuerzos para que ésta sea una concentración grandiosa. Luego el representante nacional Máspero Castro destacó la gran trascendencia de la muestra y el apoyo dado por el ministro De Tomasso, y recordó las palabras del presidente Nicolás Avellaneda -al inaugurar la exposición industrial de Buenos Aires en 1877-, que había manifestado que en tiempos de crisis nada está perdido, en un pueblo que trabaja y agregó que la muestra era una cita de honor para todas las personas que contribuyen con su esfuerzo al engrandecimiento del país. El gobernador, en su corto discurso, fue elogioso para la organización del evento y habló sobre la necesaria unión para superar las diferencias para un mejor porvenir de la Argentina y todos los estados que la integran. A continuación el presidente de la UIA, Luis Colombo, realizó una defensa del proteccionismo al expresar: no está solamente en las aduanas, sino en un conjunto de leyes que son de amparo, de defensa y de progreso; olvidan que mal podría nuestro país seguir siendo librecambista, como lo ha sido en realidad, cuando las naciones del mundo, en su mayoría, y hoy todas, son positivamente proteccionistas y esperaba que medidas de ese tipo permitieran un desarrollo industrial. El último discurso correspondió a Juan Mondéjar, director general de la muestra, que reconoció el trabajo realizado para dejar listo el lugar con el fin de destacar la vitalidad de la Argentina, país de esfuerzo, rico e inexplotado aún, trabajador y tesonero, es ya y será aún más en un futuro inmediato el país que asomará a la faz de la tierra, como una voz de resurgimiento definitivo, sostenido valientemente por el patriotismo de su clase trabajadora.

Extenso trabajo

La arquitectura de los pabellones, la disposición de los stands y los complementos florales y decorativos fueron realizados por el arquitecto Joaquín Durante que contó con la colaboración del ingeniero Parmele. La muestra requirió de varios meses de trabajo de anteproyecto y unos 30 días de trabajo intensos.

Junto a los stands y espacios de muestra funcionó un patio de espectáculos y de comidas. Había un teatro y los payasos divertían a los niños presentes. La exposición fue un éxito de público, que durante las más de tres semanas de exhibición colmaron las instalaciones. Uno de los lugares más visitados fue el pabellón del comercio y la industria tucumana, que se ubicaba en el centro del lugar junto al teatro y la confitería, al que se accedía por la puerta de entrada de una réplica del frente de la Casa Histórica de la Independencia. Una curiosidad es que por aquellos años la Casa tenía un frente diferente ya que recién se reconstruiría hacia 1943. Nuestro diario señalaba: desde su exterior, que imita con exactitud el viejo templo en que se juró la independencia nacional, todo está cuidadosamente preparado.

El evento generaba gran atracción porque se podía ver lo último en tecnología agropecuaria e industrial junto con el comercio que mostraba sus productos más novedosos.

Preparativos

Los preparativos requirieron varios días de trabajo antes de la apertura del predio. Desde la Nación se enviaron varios ingenieros agrónomos para que el lugar tenga una presentación impecable y a gusto del público. El comisario del pabellón ministerial, Bernabé Navarro, destacó: “todas las direcciones, divisiones y secciones al igual que las escuelas agrícolas especiales, viveros y chacras experimentales colaboraron con sus elementos didácticos, de trabajo y científicos de los que disponían y contribuyeron a realzar la exposición”. Nuestra crónica previa relataba: diariamente llegan por encomienda y carga de todas las provincias y territorios nacionales centenares de piezas, máquinas, elementos de enseñanza, pesas y medidas, aves, cuadros demostrativos del Instituto Bacológico de la Escuela Vitivinícola. Sesenta tipos de vinos de la de Bell Ville, numerosos tipos de quesos desde Casilda, todo lo que constituye un aporte vivificador para el norte argentino que hasta ahora había demostrado una singular apatía por estos actos de significación alentadora. Hasta el ferrocarril Central Argentino adhirió y apoyó la muestra. Dispuso que dos trenes especiales llegaran hasta aquí antes de la inauguración. Cobraban 100 pesos ida y vuelta incluidas cama y comida. Los trenes entre el 21 y el 23 tenían precios especiales y los regresos se podían extender hasta 30 días si el pasajero lo deseaba.

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