Carta de lectores

24 Sep 2017
Canchas de fútbol
Yerba Buena, nuestra hermosa ciudad jardín, ahora es tierra de nadie. Tanto el intendente como los concejales han hecho oídos sordos a las peticiones  que hiciéramos los vecinos de la zona de Chacho Peñaloza al 500, cuando nos enteramos de que iban a habilitar canchas de fútbol en terrenos linderos a nuestros domicilios. Pese a no encuadrarse en ninguna reglamentación, las autoridades aprobaron “por vía de excepción” su instalación. Nos rodearon de plásticos por encima de las medianeras (que nos cortan el flujo de aire, nos impiden la vista del cerro y son estéticamente espantosos). Los gritos hasta altas horas de la noche molestan a niños y ancianos. Todo esto se lo manifestamos en variadas y múltiples notas a las autoridades. Como si esto fuera poco, el 21 de septiembre nos cansamos  de escuchar los estampidos de bombas de estruendo, que hicieron disparar alarmas por doquier y aterrorizaron a  las mascotas. Esto se repitió ayer sábado y sin duda persistirá, ya que nadie controla. ¿Cómo  consiguieron esa autorización que tanto nos perjudica? El signo $ me viene a la mente, porque es un lugar de lucro y no de recreación. 
Ana BadessiChacho Peñaloza 583Yerba Buena
El bosque SAT
El bosque oculta a sus árboles y los árboles ocultan sus raíces; lo mismo pasa con el pésimo servicio brindado por la SAT Sapem a los tucumanos en el servicio sanitario. Los derrames cloacales, las pérdidas de agua en las calles, la falta de presión suficiente, las prolongadas interrupciones de servicio, son tan impactantes en nuestra calidad de vida que nos hacen olvidar el considerar a fondo los motivos por lo que esto se produce. Luego de más de 15 años de existencia, la empresa muestra las consecuencias de su debilidad estructural inicial: el haber sido creada en el año 2001 por decreto nº 1850/3 ME/01 originado en el ministerio de Economía a cargo de José Alperovich, como una Sapem (sociedad anónima con participación estatal mayoritaria) con un capital de ¡Sólo 12.000 pesos! Cuando en el año 1998 se exigía a Aguas del Aconquija una garantía operativa de 30 millones de pesos (art. 55 ley 6.529). A partir de ese momento la SAT arrastra su existencia con déficit operativo y dependiendo para no caer en la quiebra de los aportes financieros no reintegrables provenientes de la Provincia o la Nación. El motivo de su inoperancia e impunidad se debe a que las autoridades del directorio de la SAT son nombradas por el Poder Ejecutivo provincial y que los directivos del ente regulador Ersept son también propuestos por el Poder Ejecutivo tucumano. Como son todos del mismo palo, se explica que la empresa nunca sea sancionada con multas por sus falencias y que tampoco reintegre a los usuarios los servicios cobrados y no prestados. Y la razón de su permanencia se debe a que la firma, a pesar de recibir importantes beneficios fiscales (no paga impuestos) y de fondos públicos (electricidad gratis), no está sometida al control del Tribunal de Cuentas de la provincia y a que se programan millonarias obras sanitarias futuras a realizar sin las debidas auditorías, suficientemente detalladas para conocer a fondo su actividad. Así el sombrío bosque oculta sus raíces y por eso en Tucumán está haciendo falta un desmonte.
Raúl S. J. Giménez Lascano[email protected]
El sátiro de la carcajada
Corría el año 1973, Buenos Aires estaba convulsionada por la noticia que se había fugado Héctor Omar Mondragón Rivero, alias “El sátiro de la carcajada”, un malhechor que había cobrado fama por actos de violación a cuanta mujer sorprendiera y que, cometido el hecho, arrojaba tremendas carcajadas. La Policía consiguió arrestarlo y la Justicia le dictó condena. Al poco tiempo se escapó de la prisión, sin dejar rastros. De inmediato se divulgó la noticia, con fotos del prófugo en los principales diarios del país. El mismo había decidido emprender el viaje al Norte, suponiendo que por aquí pasaría inadvertido. Permaneció días en la capital tucumana, luego se dirigió a la vieja terminal de ómnibus, donde tomó un colectivo que cumplía servicios por el departamento Burruyacu y lugares limítrofes de Santiago del Estero y Salta. En el mismo colectivo, casualmente, viajaba el policía Ceferino “El Suncho” Castillo, nativo de la zona, que prestaba servicios en Laguna de Robles, agente que mientras viajaba hojeaba LA GACETA, donde había aparecido la foto de este personaje. Miró una y otra vez la foto y vio a un pasajero muy parecido, el cual, al pasar por la villa de Burruyacu, decidió descender en una zona desolada. El astuto policía quedó con la intriga y, cuando llegó a Chilcas, recurrió a los servicios de un vecino con su automóvil para retornar al lugar donde había bajado este desconocido. ¡Oh sorpresa! Lo encontró caminando, desorientado, por una huella a metros de la ruta provincial. Le dio la voz de alto y lo detuvo. Le secuestró tres armas de fuego cargadas que portaba debajo del camperón que vestía y lo condujo esposado a la comisaría más próxima; de allí lo trasladaron a la Jefatura de Policía. Enterados del suceso, se había congregado un centenar de policías, periodistas y curiosos para conocer a este temerario individuo. Mientras tanto, el policía Castillo era reporteado por todos los medios de la época y recibió, tiempo después, una medalla de oro como distinción de parte de la institución policial. Hoy está jubilado, con 85 años a cuestas. Narra como si fuera ayer lo sucedido, y no es para menos, ya que de este malviviente se relataron páginas novelescas, y aún hoy se lo recuerda en programas televisivos de corte policial, o inserto en las páginas de internet.
Ysmael DíazMario Bravo 247Banda del Río Salí
Sociedades enfermas
Posiblemente no haya una sola causa que enferme a una sociedad. La nuestra, y me atrevo a decir la sociedad argentina toda, está o debería estar en terapia intensiva. Veamos: padecemos desde el año 1955 y más recientemente desde el 76, las consecuencias de las siniestras revoluciones cívicomilitares que se llevaron 30.000 vidas, con bombardeos a la Plaza de Mayo. Padecemos, decía, un trastorno de ansiedad generalizado con tensión motora: fatiga, inquietud, sobresaltos, miedos, reducción del desempeño laboral y social como consecuencia de la inseguridad. Esta nos genera pánico, ansiedad, irritabilidad, dolores, mareos, trastornos digestivos. El miedo domina nuestras vidas generando pensamientos sin sentido, desagradables, en guardia las 24 hs. pensando que el peligro está muy cerca de nosotros y  generando cuadros de psicosis con ideas delirantes y alucinatorios  con tendencia al suicidio, que  no siempre se curan. A los ataques de pánico  se suman: depresión mayor, con agorafobia, y otras obsesiones o compulsiones  que alteran seriamente la calidad de vida. Si, además,  fuimos asaltados con violencia física, sufriremos  alteraciones del sueño, pesadillas acerca del trauma, aumento de la irritabilidad o un estado de agotadora  hipervigilancia. Lo fatal es que no podemos confiar en la capacidad o eficacia de la justicia y de la policía. Se ha perdido además, definitivamente la solidaridad, y el pensamiento morboso está instalado, “algo habrá hecho” “yo no vi nada” “yo, argentino” o el cínico concepto aquel “los argentinos somos derechos y humanos”. La policía, por su parte,  aconseja: “Si lo asalta, no se resista, entregue todo a los delincuentes y venga a hacer la denuncia”. Aún así, puede que le disparen a quemarropa y se lleven además  su vida, o, caso contrario puede quedar con trastorno de pánico para toda la vida. Ya ve, al no darnos soluciones, sólo nos queda  la legítima defensa; pero ¿vio lo que le pasó al médico que mató a un asaltante? Una fiscal delirante le imputa muerte con alevosía y puede ir preso por 25 años. Esta es la justicia que padecemos. Nuestra sociedad está definitiva y psiquiátricamente enferma. Nos caben todos los conceptos sobre: 1) Ansiedad  Generalizada. 2) trastorno obsesivo-compulsivo. 3) Trastorno por estrés postraumático.  4) trastorno de pánico. 5) Trastorno depresivo. 6) Psicosis. 7) Paranoia y un poco de esquizofrenia. 8) Egotismo. En fin, consultar a un psiquiatra, o a muchos psiquiatras. Pero ¿ellos podrán frenar la inflación, la locura de los precios,  los desatinos del gobierno que nos dice que la deuda externa no debe ser tenida en cuenta, que  este plan de Macri y colaboradores es  para 20 años? Bueno, lo mismo decía Ongania, ¿y cómo nos fue? Está a la vista. ¿Y los delincuentes? Bien, gracias.
Federico Vázquez[email protected]
El fin
Nos asusta pensar que se acerca el fin del mundo... dicen que lo bíblico coincide con la ciencia técnica; creo que son preocupaciones leves porque deben desconocer la realidad. Escuchemos voces ilustres del siglo XVIII. Burke desde Inglaterra nos dice: “la superstición es la religión de los espíritus débiles”; Goethe desde Alemania, “la superstición es la poesía de la vida”; o sea que este rubro desde tiempos lejanos divide al mundo. A finales de 1899 astrónomos de azotea y astrólogos de almanaques relacionaron el fin del siglo con el fin del mundo. Mucha gente usando su verborragia anunciaba “se viene la fin del mundo”; pasamos el siglo y esta profecía fue olvidada, hasta que llegado el año trece y de nuevo los comentarios. Primero la compañía de tranvía que iba desde El Bajo hasta la Chacharita, lugar este donde se acaban todos los vivos, hizo sacar el tranvía trece de pura superstición. El tango, siempre presente en la vida, salió al ruedo, Alberico Spatola, músico prolífico, construye el tango El 13; luego se encuentra con Villoldo, ex compañero del café Parisién, y le hace escuchar el tango recién nacido; este le escribe una letrilla. Spatola era músico del teatro Colón donde oportunamente acompañaba a Enrico Caruso; se hicieron amigos. Una noche fueron a un café con orquesta; al llegar el numeroso público aplaudía fuertemente; Caruso agradeció con reverencia, creyéndose ovacionado, pero lo aplausos eran para Spatola; el director de la orquesta ordenó interpretar el famoso tango El 13. Le cuanto esto para evadir un poco la preocupación, pero tengan las lámparas cargada con aceite, es lo que recomendaba Jesús.
Julio Mohfaud[email protected]

Canchas de fútbol

Yerba Buena, nuestra hermosa ciudad jardín, ahora es tierra de nadie. Tanto el intendente como los concejales han hecho oídos sordos a las peticiones  que hiciéramos los vecinos de la zona de Chacho Peñaloza al 500, cuando nos enteramos de que iban a habilitar canchas de fútbol en terrenos linderos a nuestros domicilios. Pese a no encuadrarse en ninguna reglamentación, las autoridades aprobaron “por vía de excepción” su instalación. Nos rodearon de plásticos por encima de las medianeras (que nos cortan el flujo de aire, nos impiden la vista del cerro y son estéticamente espantosos). Los gritos hasta altas horas de la noche molestan a niños y ancianos. Todo esto se lo manifestamos en variadas y múltiples notas a las autoridades. Como si esto fuera poco, el 21 de septiembre nos cansamos  de escuchar los estampidos de bombas de estruendo, que hicieron disparar alarmas por doquier y aterrorizaron a  las mascotas. Esto se repitió ayer sábado y sin duda persistirá, ya que nadie controla. ¿Cómo consiguieron esa autorización que tanto nos perjudica? El signo $ me viene a la mente, porque es un lugar de lucro y no de recreación. 

Ana Badessi

Chacho Peñaloza 583

Yerba Buena

El bosque SAT

El bosque oculta a sus árboles y los árboles ocultan sus raíces; lo mismo pasa con el pésimo servicio brindado por la SAT Sapem a los tucumanos en el servicio sanitario. Los derrames cloacales, las pérdidas de agua en las calles, la falta de presión suficiente, las prolongadas interrupciones de servicio, son tan impactantes en nuestra calidad de vida que nos hacen olvidar el considerar a fondo los motivos por lo que esto se produce. Luego de más de 15 años de existencia, la empresa muestra las consecuencias de su debilidad estructural inicial: el haber sido creada en el año 2001 por decreto nº 1850/3 ME/01 originado en el ministerio de Economía a cargo de José Alperovich, como una Sapem (sociedad anónima con participación estatal mayoritaria) con un capital de ¡Sólo 12.000 pesos! Cuando en el año 1998 se exigía a Aguas del Aconquija una garantía operativa de 30 millones de pesos (art. 55 ley 6.529). A partir de ese momento la SAT arrastra su existencia con déficit operativo y dependiendo para no caer en la quiebra de los aportes financieros no reintegrables provenientes de la Provincia o la Nación. El motivo de su inoperancia e impunidad se debe a que las autoridades del directorio de la SAT son nombradas por el Poder Ejecutivo provincial y que los directivos del ente regulador Ersept son también propuestos por el Poder Ejecutivo tucumano. Como son todos del mismo palo, se explica que la empresa nunca sea sancionada con multas por sus falencias y que tampoco reintegre a los usuarios los servicios cobrados y no prestados. Y la razón de su permanencia se debe a que la firma, a pesar de recibir importantes beneficios fiscales (no paga impuestos) y de fondos públicos (electricidad gratis), no está sometida al control del Tribunal de Cuentas de la provincia y a que se programan millonarias obras sanitarias futuras a realizar sin las debidas auditorías, suficientemente detalladas para conocer a fondo su actividad. Así el sombrío bosque oculta sus raíces y por eso en Tucumán está haciendo falta un desmonte.

Raúl S. J. Giménez Lascano

[email protected]

El sátiro de la carcajada

Corría el año 1973, Buenos Aires estaba convulsionada por la noticia que se había fugado Héctor Omar Mondragón Rivero, alias “El sátiro de la carcajada”, un malhechor que había cobrado fama por actos de violación a cuanta mujer sorprendiera y que, cometido el hecho, arrojaba tremendas carcajadas. La Policía consiguió arrestarlo y la Justicia le dictó condena. Al poco tiempo se escapó de la prisión, sin dejar rastros. De inmediato se divulgó la noticia, con fotos del prófugo en los principales diarios del país. El mismo había decidido emprender el viaje al Norte, suponiendo que por aquí pasaría inadvertido. Permaneció días en la capital tucumana, luego se dirigió a la vieja terminal de ómnibus, donde tomó un colectivo que cumplía servicios por el departamento Burruyacu y lugares limítrofes de Santiago del Estero y Salta. En el mismo colectivo, casualmente, viajaba el policía Ceferino “El Suncho” Castillo, nativo de la zona, que prestaba servicios en Laguna de Robles, agente que mientras viajaba hojeaba LA GACETA, donde había aparecido la foto de este personaje. Miró una y otra vez la foto y vio a un pasajero muy parecido, el cual, al pasar por la villa de Burruyacu, decidió descender en una zona desolada. El astuto policía quedó con la intriga y, cuando llegó a Chilcas, recurrió a los servicios de un vecino con su automóvil para retornar al lugar donde había bajado este desconocido. ¡Oh sorpresa! Lo encontró caminando, desorientado, por una huella a metros de la ruta provincial. Le dio la voz de alto y lo detuvo. Le secuestró tres armas de fuego cargadas que portaba debajo del camperón que vestía y lo condujo esposado a la comisaría más próxima; de allí lo trasladaron a la Jefatura de Policía. Enterados del suceso, se había congregado un centenar de policías, periodistas y curiosos para conocer a este temerario individuo. Mientras tanto, el policía Castillo era reporteado por todos los medios de la época y recibió, tiempo después, una medalla de oro como distinción de parte de la institución policial. Hoy está jubilado, con 85 años a cuestas. Narra como si fuera ayer lo sucedido, y no es para menos, ya que de este malviviente se relataron páginas novelescas, y aún hoy se lo recuerda en programas televisivos de corte policial, o inserto en las páginas de internet.

Ysmael Díaz

Mario Bravo 247

Banda del Río Salí

Sociedades enfermas

Posiblemente no haya una sola causa que enferme a una sociedad. La nuestra, y me atrevo a decir la sociedad argentina toda, está o debería estar en terapia intensiva. Veamos: padecemos desde el año 1955 y más recientemente desde el 76, las consecuencias de las siniestras revoluciones cívicomilitares que se llevaron 30.000 vidas, con bombardeos a la Plaza de Mayo. Padecemos, decía, un trastorno de ansiedad generalizado con tensión motora: fatiga, inquietud, sobresaltos, miedos, reducción del desempeño laboral y social como consecuencia de la inseguridad. Esta nos genera pánico, ansiedad, irritabilidad, dolores, mareos, trastornos digestivos. El miedo domina nuestras vidas generando pensamientos sin sentido, desagradables, en guardia las 24 hs. pensando que el peligro está muy cerca de nosotros y  generando cuadros de psicosis con ideas delirantes y alucinatorios  con tendencia al suicidio, que  no siempre se curan. A los ataques de pánico  se suman: depresión mayor, con agorafobia, y otras obsesiones o compulsiones  que alteran seriamente la calidad de vida. Si, además,  fuimos asaltados con violencia física, sufriremos  alteraciones del sueño, pesadillas acerca del trauma, aumento de la irritabilidad o un estado de agotadora  hipervigilancia. Lo fatal es que no podemos confiar en la capacidad o eficacia de la justicia y de la policía. Se ha perdido además, definitivamente la solidaridad, y el pensamiento morboso está instalado, “algo habrá hecho” “yo no vi nada” “yo, argentino” o el cínico concepto aquel “los argentinos somos derechos y humanos”. La policía, por su parte,  aconseja: “Si lo asalta, no se resista, entregue todo a los delincuentes y venga a hacer la denuncia”. Aún así, puede que le disparen a quemarropa y se lleven además  su vida, o, caso contrario puede quedar con trastorno de pánico para toda la vida. Ya ve, al no darnos soluciones, sólo nos queda  la legítima defensa; pero ¿vio lo que le pasó al médico que mató a un asaltante? Una fiscal delirante le imputa muerte con alevosía y puede ir preso por 25 años. Esta es la justicia que padecemos. Nuestra sociedad está definitiva y psiquiátricamente enferma. Nos caben todos los conceptos sobre: 1) Ansiedad  Generalizada. 2) trastorno obsesivo-compulsivo. 3) Trastorno por estrés postraumático.  4) trastorno de pánico. 5) Trastorno depresivo. 6) Psicosis. 7) Paranoia y un poco de esquizofrenia. 8) Egotismo. En fin, consultar a un psiquiatra, o a muchos psiquiatras. Pero ¿ellos podrán frenar la inflación, la locura de los precios,  los desatinos del gobierno que nos dice que la deuda externa no debe ser tenida en cuenta, que  este plan de Macri y colaboradores es  para 20 años? Bueno, lo mismo decía Ongania, ¿y cómo nos fue? Está a la vista. ¿Y los delincuentes? Bien, gracias.

Federico Vázquez

[email protected]

El fin

Nos asusta pensar que se acerca el fin del mundo... dicen que lo bíblico coincide con la ciencia técnica; creo que son preocupaciones leves porque deben desconocer la realidad. Escuchemos voces ilustres del siglo XVIII. Burke desde Inglaterra nos dice: “la superstición es la religión de los espíritus débiles”; Goethe desde Alemania, “la superstición es la poesía de la vida”; o sea que este rubro desde tiempos lejanos divide al mundo. A finales de 1899 astrónomos de azotea y astrólogos de almanaques relacionaron el fin del siglo con el fin del mundo. Mucha gente usando su verborragia anunciaba “se viene la fin del mundo”; pasamos el siglo y esta profecía fue olvidada, hasta que llegado el año trece y de nuevo los comentarios. Primero la compañía de tranvía que iba desde El Bajo hasta la Chacharita, lugar este donde se acaban todos los vivos, hizo sacar el tranvía trece de pura superstición. El tango, siempre presente en la vida, salió al ruedo, Alberico Spatola, músico prolífico, construye el tango El 13; luego se encuentra con Villoldo, ex compañero del café Parisién, y le hace escuchar el tango recién nacido; este le escribe una letrilla. Spatola era músico del teatro Colón donde oportunamente acompañaba a Enrico Caruso; se hicieron amigos. Una noche fueron a un café con orquesta; al llegar el numeroso público aplaudía fuertemente; Caruso agradeció con reverencia, creyéndose ovacionado, pero lo aplausos eran para Spatola; el director de la orquesta ordenó interpretar el famoso tango El 13. Le cuanto esto para evadir un poco la preocupación, pero tengan las lámparas cargada con aceite, es lo que recomendaba Jesús.

Julio Mohfaud

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