“Los argentinos se alimentan pésimamente”

La doctora María Alejandra Rodríguez Zía disertó en Tucumán sobre los nutrientes y la medicina orthomolecular.

24 Sep 2017
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EN EL HOTEL. Rodríguez Zía se dio tiempo para recorrer el centro tucumano y para comprar algunos libros. la gaceta / foto de inés quinteros orio

En principio, el plan era llegar a Tucumán en auto para recorrer la provincia; sin embargo, se vio obligada a cambiar el medio de transporte. Al final arribó en ómnibus, pero de igual manera se dio tiempo para visitar ayer el casco histórico de la capital. “Quiero comprar unos libros que vi aquí cerca”, explicó en la sala de un hotel céntrico, donde charló con LA GACETA sobre los modos de alimentarse de los argentinos. Con más de 30 años de experiencia en clínica médica, María Alejandra Rodríguez Zía disertó en Tucumán sobre medicina orthomolecular (bioquímica aplicada a la clínica), que logra prevenir patologías que son epidémicas en la actualidad.

“Los argentinos se alimentan pésimamente -afirmó la especialista-; padecemos una contaminación que viene de Estados Unidos y que comenzó con el fast food (comida rápida) en los 70. Nuestros abuelos se alimentaban mucho mejor, nuestros padres también, pero ahora nosotros estamos en una debacle que va en peor”, remarcó.

Según Rodríguez Zía, ahora se habla de un cambio de paradigma porque en los ‘70 se inundó el planeta con hidratos de carbono como fuente de energía; incluso la alimentación hacia los deportistas era un plato de fideos antes del fútbol. Ahora el objetivo es que las fuentes de energía sean las grasas saludables, que cada vez se empiezan a conocer más. “El fast food viene acompañado de frituras en grasas, con aceite de soja, de maíz o de girasol en unión a la famosas papas fritas, que además son adictivas. Es una unión maléfica y ahí está uno de los orígenes de la obesidad, de las enfermedades cardiovasculares, de la diabetes y del cáncer”, advirtió.

Entre el público que siguió las recomendaciones de la experta había médicos, farmacéuticos, bioquímicos, odontólogos, veterinarios, nutricionistas, enfermeros, coachs en salud y estudiantes. Ella sostuvo que el gran cambio de paradigma todavía no llegó a la mayoría de los médicos, porque no se enseñó nutrición en las Facultades. “Entonces no sabemos qué decirle al paciente, porque le recomendamos: ‘coma saludable’. Pero el mismo médico no sabe qué es comer saludable, porque se alimenta con papas fritas y fuma”, resaltó.

Rodríguez Zía insistió en que el supermercado está repleto de productos adictivos. “Me refiero a pequeñas sustancias aprobadas que están en los ingredientes, como en las papas fritas de tubo, y si a eso le asociamos una gaseosa cola y un pancho es una droga legal”, alertó.

La especialista apuntó que debe modificarse la pirámide alimentaria, ya que la base de toda comida era el pan. “Ahora el cambio apunta a las grasas buenas que vienen de los pescados, del aceite de oliva, de las aceitunas, de la palta, y hay un boom con el aceite de coco y todos sus derivados, porque se le reconoce molecularmente que nos enferma mucho menos. Hay que freír con aceite de coco”, precisó.

Hambre y saciedad

La palabra orthomolecular significa equilibrio molecular. La medicina tiene como objetivo reparar el desequilibrio que se produce en las células. En 1968, el ingeniero químico Linus Pauling (dos veces Premio Nobel) creó el término y la medicina orthomolecular, como primer objetivo, trata de modular los neurotransmisores y los neuropéptidos que se asocian con el hambre y la saciedad.

Respecto de la obesidad, la medicina orthomolecular recomienda la actividad física porque mejora la sensibilidad a la insulina. “Incorporar un plan personalizado de actividad física mejorará los niveles de la masa muscular y con esto mejora la acción de la insulina”, dijo Rodríguez Zía.

Cambiar las costumbres 
El supermercado no es amigo, para nada.  
Las góndolas pueden llegar a ser tramposas.
Lo primero que se halla son las papas fritas.
Si alguien padece de obesidad o diabetes no debe ir al súper.
Comprar productos orgánicos es clave.
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