Las crónicas pérdidas de agua y líquidos cloacales

22 Sep 2017 Por LA GACETA

Si hubiera un ranking de problemas crónicos posiblemente nuestra provincia ocuparía uno de los primeros lugares. Hay algunos que corren el riesgo de alcanzar la categoría de históricos. Las pérdidas, la escasa presión o la falta de agua potable, así como los derrames cloacales, son una constante desde hace mucho tiempo en San Miguel de Tucumán, Yerba Buena, Tafí Viejo y en otras ciudades del interior. En estos últimos meses, esta situación que provoca el enojo, la indignación y la impotencia de los vecinos, ha recrudecido. Ello ha dado lugar a una controversia entre el intendente capitalino que viene denunciando esta realidad que puede observarse en varios sectores de la ciudad y funcionarios del gobierno provincial y de la Sociedad Aguas del Tucumán (SAT).

Los vecinos denuncian en forma permanente su padecimiento en las páginas de nuestro diario. A principios de año, la Municipalidad capitalina detectó 2.000 problemas que involucraban a la SAT: el 50% corresponde a la pérdida de desagües cloacales. El titular de la SAT dijo hace pocos días: “el 60% de la población está bien, el otro 40% sufre. En esa última parte hay que optimizar. Lo hacemos a medida que tenemos la posibilidad. Necesitamos dinero”.

Hay historias de vieja y reciente data. Por ejemplo, según una estadística de la Defensoría del Pueblo en los primeros seis meses de 2013, el 35% de las denuncias era por el colapso de cloacas en la vía pública y en domicilios. El 45%, por falta de presión o cortes. El 15%, por roturas y pérdidas de agua potable. En la ocasión, un funcionario de la SAT adjudicó el 70% de responsabilidad a los usuarios por arrojar al inodoro pañales, toallas femeninas, preservativos, cubiertos, vidrios, entre otras cosas, ocasionando la rotura de la red. También dijo que los propietarios de bares solían arrojar grasa y aceite.

Un experto en Hidráulica afirmó entonces que no se cumplían las reglas básicas en la instalación de la red. Explicó que al no tener una base firme, la cañería cedía por el peso del cemento de la calle, se quebraba y el agua afloraba por una grieta del pavimento o una tapa. Agregó que otra de las causas tenía que ver con que gran parte de las redes en la ciudad eran insuficientes y la cantidad de líquidos por cuadra se había multiplicado con la construcción de edificios.

Cuestiones electorales o no, los problemas siguen siendo los mismos y empeoran a lo largo del tiempo. Los derrames cloacales generan situaciones más que preocupantes y transformarse en un problema de salud pública. Se sabe desde hace tres lustros que es necesario renovar y ampliar las redes de agua potable y de cloacas en San Miguel de Tucumán, pero los gobiernos han preferido invertir en pavimentación antes que en efectuar estas obras imprescindibles para la ciudad porque les proporciona réditos políticos. En lugar de una política de parches, se debería diseñar un plan integral, realizar la inversión correspondiente y llevar a cabo los trabajos en forma inmediata. A juzgar por la constante letanía de los funcionarios locales, da la impresión de que la provincia no puede hacer ninguna obra significativa y prioritaria sin la ayuda económica de la Nación, pese que su presupuesto actual es de $54.000 millones.

Con palabras y acusaciones mutuas no se solucionan los problemas de los vecinos que, por otra parte, siguen siendo víctimas de la inoperancia de una buena parte de su clase dirigente para resolver sus padecimientos crónicos.

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