Las señas hablan en voz alta

20 Sep 2017

Cansado de su rutina diaria, Gaspar, el vendedor de anteojos, decide hacer algo distinto. Empieza a caminar hacia atrás. La gente que pasa lo mira. ¡No lo puede creer! Mientras todos dan un paso hacia adelante, Gaspar da un paso hacia atrás. ¡Qué se cree este que es distinto a los demás!, se queja uno, y enseguida llama a la Policía. ¡Está loco! exclama otro, y de inmediato viene una ambulancia. El médico revisa a Gaspar y concluye: ¡pero este hombre está sano! Lo llevan preso. En la comisaría no sabían qué delito imputarle.

Milena, César, Víctor, Cristian, Maxi y Ezequiel -todos jóvenes sordos- no necesitan hablar para expresar con sus rostros y su cuerpo lo que allí está pasando. Un público, también silencioso, los mira alrededor del pequeño escenario de la plaza Independencia. Mediante lengua de señas, los chicos sordos e hipoacúsicos de la ONG Comunidad representan un cuento de Elsa Bornemann, adaptado por la profesora Emilia Guerra. El acto se realiza en el Día de las Personas Sordas, en el marco de la semana que organiza todos los años la escuela para sordos Próspero García. El lema de este año, establecido por la Confederación Mundial de Sordos, es “Inclusión plena con lengua de señas”.

La fecha fue declarada en 1958 por la Confederación Argentina de Sordomudos, en homenaje a la creación del Instituto Nacional de Sordomudos que fue la primera escuela de lengua de señas del país. Y en la conmemoración que se organizó en la plaza Independencia confluyeron distintas organizaciones. Nancy Medina, integrante de Padres Autoconvocados, destacó que la lengua de señas es lo único que puede integrar a los niños sordos e hipoacúsicos a la sociedad. “La de señas es su primera lengua y el español escrito es su segunda. Los papás deben saber que sus hijos pertenecen a una comunidad lingüística”, remarca.

Antonio Ledesma, papá sordo, cuenta -siempre en lengua de señas- que sufrió mucho por la falta de comunicación hasta que consiguió incorporar este lenguaje. También agradeció el hecho de que Tucumán sea la primera provincia en contar con una ley que permite a los trabajadores sordos tomarse un descanso laboral el Día Nacional de las Personas Sordas. Lo acompañaban personas de la Asociación del Sur, la Asociación de Sordos, el IOT (Instituto Oral Tucumán) y la directora de nivel especial, Viviana Páez, entre otros referentes del sector.

Un gesto largamente aplaudido fue el de un grupo de empleados de la administración pública capacitados en el IPAP en lengua de señas. Ellos “señaron” la canción “Todos somos uno”, que el público siguió con las manos. Luego todos se tomaron de la mano para representar que la comunidad sorda está unida y que juntos lucharán por sus derechos.

El protagonista de “El caso Gaspar” es dejado en libertad por falta de mérito. La gente comienza a pensar qué tiene de malo hacer algo diferente a lo que hace todo el mundo, mientras no se haga daño a nadie. Entonces algunos comenzaron a caminar para atrás. ¡Y descubrieron que era muy divertido! Gaspar se sacó los anteojos y les regaló un par de nuevos lentes a cada uno, para que aprendieran a mirar la vida de otra manera. De forma más inclusiva, plural y solidaria.

> “Todo fue muy difícil”

“Nací sordo hace 56 años, pero nunca supe por qué. Mi madre había inventado un lenguaje casero para mí. Pero no advertí que era diferente hasta que comencé a fijarme en los demás. Me di cuenta de que solamente con mi familia me podía comunicar. Cuando me mandaron a una escuela para sordos, ahí fue duro. Unos compañeros me habían enseñado un poco el lenguaje de señas, pero en ese momento estaba prohibido, se imponía el método oral (lectura de labios). Cuando la maestra se daba cuenta de que nos comunicábamos por señas nos pegaba un chirlo en la mano”, recuerda Raúl Albarracín. Lo traduce Karina, intérprete de lengua de señas. Dora Arce, la mamá de Raúl, no sabía que existía un idioma especial para los no oyentes. “Por eso, cuando venían mis amigos sordos a visitarme a casa ella se quedaba a escucharnos. Todavía recuerdo la cara que puso cuando descubrió cuál era mi nombre en lengua de señas. Ella lo aprendió en el acto”, recuerda con nostalgia, porque Dora ya no está. “Por suerte mi familia aprendió el lenguaje, menos mi papá, que se negó desde un principio. Cuando quería decirme algo se lo pedía a mi mamá”, apunta con una sonrisa.Raúl confiesa que no se sintió integrado a la sociedad hasta que aprendió el lenguaje que le permitió comunicarse. “Me sentía prisionero”, grafica. Todo fue difícil, recién a los 16 años logró terminar la primaria. Dos veces intentó hacer la secundaria pero no había intérpretes en esas escuelas. Con el tiempo, Raúl se enamoró de una chica también sorda y tuvo un hijo oyente, que sabe lengua de señas. Ahora está separado.Actualmente trabaja de profesor de Educación Física en la comuna de Los Ralos. Según él, que se conmemore públicamente el Día de las Personas Sordas es muy importante para visibilizar esta realidad. 

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