Por las pérdidas de líquidos cloacales, los mosquitos y los roedores se adueñan de la ciudad

Ambas especies pueden transmitir enfermedades y por eso hay que tener sumo cuidado. Las palomas también resultan dañinas porque, además de causar ciertas patologías, corroen los edificios.

06 Sep 2017

El sol que calienta el pavimento, la lluvia que todavía no llega, el agua potable que se escapa de caños rotos hasta estancarse y cloacas reventadas que riegan de podredumbre calles y veredas. Ese cóctel, habitual en cualquier barrio de San Miguel de Tucumán, pasa a revistar como un caldo de cultivo para las plagas urbanas. Lo admite la Municipalidad: allí proliferan los mosquitos y son un imán para los roedores.

“Es alarmante la situación de las aguas servidas: tenemos tantas pérdidas que hay cordones cuneta empantanados y nauseabundos. Se reproducen muchos mosquitos y en esta época que no llueve los roedores buscan agua para beber y la encuentran en esos sectores. Entonces, una de las problemáticas de la ciudad -la de las pérdidas cloacales- agudiza otra: la de las plagas urbanas”, comentó a LA GACETA Oscar Gramajo, titular de la Dirección de Control Ambiental y Bromatología (ex Dipsa). Agregó que hasta tanto no se mejore ese aspecto no se avanzará en la erradicación o disminución de las plagas, como ratas, mosquitos y cucarachas. “Además, donde están las cucarachas están los alacranes...y la rueda sigue”, afirmó el funcionario.

El control de plagas en la ciudad tiene dos vertientes: la privada y la pública. La primera: por ordenanza municipal (2681/96) todos los negocios de la capital tienen la obligación de realizar, mediante empresas registradas, una desinfección mensual, bimestral o trimestral, de acuerdo con su actividad. Por ejemplo, aquellos que manejan alimentos deben hacerlo cada mes. Por otra parte, el control público lo hace la Dirección de Control Ambiental y Bromatología en instituciones, espacios públicos y barriadas de bajos recursos por medio de los programas “El municipio en los barrios” y “Operativo integral”. Dentro de casa, los vecinos tienen la responsabilidad -aunque no la obligación- de mantener su domicilio sin plagas mediante fumigaciones o teniendo en cuenta ciertos aspectos, como sacar la basura a diario y en el horario correcto, limpiar canaletas y eliminar cacharros.

Con respecto a los baldíos la cosa cambia. Gramajo sostiene que se hacen inspecciones luego de recibir la denuncia de vecinos por el mal estado de esos espacios; luego cursan una nota a la Dirección de Catastro para saber quién es el propietario, para luego intimarlo a hacer la limpieza. Todo ello si tienen suerte, porque no siempre los propietarios viven en Tucumán o en la dirección registrada en Catastro.

Ranking

Según el funcionario municipal, el último verano (época del año en la que proliferan las plagas urbanas) los alacranes fueron los que causaron más estupor y los roedores se ubicaron en segundo lugar. Mientras que en 2015/2016 las ratas estaban en primer plano luego de varios videos que se difundieron por las redes sociales y los medios de comunicación (como el de una pizzería del microcentro). “El alacrán causa temor por la picadura, ya que tiene una toxina potente. A las ratas, más que nada, se les tiene aprensión, aunque también son vectores de peste bubónica o de rabia. Y, por supuesto, siempre están latentes los mosquitos, transmisores de los virus del zika, dengue y chikungunya”, detalla.

Respecto de los lugares críticos de la ciudad, Gramajo señaló las zonas de alta concentración de comida, como mercados y ferias, y los costados de los canales. En esos lugares se encuentran dos tipos de ratas: la de albañales, presente en subterráneos y cloacas, y la de los tejados (“tiene gran envergadura y es la más común en la ciudad, generalmente se encuentra en techos y cielorrasos”).

¿Cómo se puede combatir su proliferación en los hogares? Los especialistas detallan que hay que evitar los huecos, rellenando el espacio entre el piso y la puerta, por ejemplo, con varillas de goma, y sacar la basura domiciliaria el mismo día (no acumular). Otra recomendación: tampoco hay que acumular cacharros (son lugares frecuentes de escondites) y durante todo el día no hay que dejar al aire libre los platos de comida de las mascotas, ya que también son fuente de alimento de roedores.

Dulce palomita

Por otra parte, las palomas sí están reconocidas como plagas no sólo porque producen estragos en la agricultura, sino también porque dañan edificios y esculturas, ya que sus desechos son altamente corrosivos. Además, las heces pueden ocasionar enfermedades como la histoplasmosis pulmonar, la criptococosis, salmonelosis y la psitacosis microscópica. Según el municipio, es difícil su erradicación debido a la alta sensibilidad de la sociedad ante los animales. Entonces, la matanza de palomas no está aceptada y justamente por eso proliferan. Eso sucede tanto en Tucumán como en la ciudad de Buenos Aires. Allí, en un intento de controlar su proliferación se presentó en la Legislatura, en 2011, un proyecto para criar halcones cazadores de palomas, iniciativa que no prosperó.

En Tucumán hay empresas privadas que se dedican a la erradicación de palomas en casas o departamentos, mediante técnicas que impiden el anidamiento. Para ello utilizan alambres con púas o redes para que las palomas no tengan acceso a las casas o edificios. “Son medidas preventivas. Eso es lo que podemos utilizar como solución”, explicó Ana Sekauski, de una empresa especializada en control y manejo integral de plagas urbanas.


definición
la oms exhorta a mejorar las políticas de control
La Organización Mundial de la Salud (OMS) definió en 1988 el concepto de plaga urbana: “son aquellas especies implicadas en la transferencia de enfermedades infecciosas para el hombre y en el daño o deterioro del hábitat y del bienestar urbano, cuando su existencia es continua en el tiempo y está por encima de los niveles considerados de normalidad”. Años después publicó el libro “Las  plagas y su significación para la salud pública”, en el que expresa la preocupación por la falta de un enfoque exhaustivo en las políticas de control de plagas urbanas, y que pretende la mejora del control de las enfermedades asociadas promoviendo acciones legales, educación, capacidades institucionales e investigación. Allí se detallan datos sobre cucarachas, ácaros del polvo, chinches de las camas, pulgas, hormigas faraón y hormigas de fuego; moscas, pájaros, piojos, garrapatas, mosquitos y roedores. 
 
MURCIÉLAGOS
no son una plaga y están protegidos
A algunos se les pone la piel de gallina al ver un murciélago. Quizás hasta griten y se espanten. De noche, en un balcón o terraza se los puede llegar a ver sobrevolando cerca de nuestras cabezas. Y aunque hay muchos en la ciudad, no son considerados una plaga. Y ojo: no hay que matarlos, ya que están protegidos por ley por tratarse de una especie silvestre.
Mónica Díaz, mastozoóloga e investigadora del Conicet y de la Fundación Miguel Lillo, aclara que no pueden ser plaga debido a su forma de reproducción: “se reproducen una vez al año y en general tienen una cría. Mientras no los saquen, van a permanecer en el lugar donde estén. Lo importante es que hay un modo de excluirlos sin dañarlos. Está todo detallado en un protocolo de exclusión que recomendamos desde el Programa de Conservación de los Murciélagos de Argentina (PCMA)”.
Por otra parte, la investigadora comentó que si encontramos un murciélago en casa, lo primero que hay que hacer es no agarrarlo con las manos desnudas. “Como casi todo mamífero puede transmitir rabia, aunque la posibilidad de que lo haga es muy baja”, sostuvo Díaz. 

> Definición
La OMS exhorta a mejorar las políticas de control

La Organización Mundial de la Salud (OMS) definió en 1988 el concepto de plaga urbana: “son aquellas especies implicadas en la transferencia de enfermedades infecciosas para el hombre y en el daño o deterioro del hábitat y del bienestar urbano, cuando su existencia es continua en el tiempo y está por encima de los niveles considerados de normalidad”. Años después publicó el libro “Las  plagas y su significación para la salud pública”, en el que expresa la preocupación por la falta de un enfoque exhaustivo en las políticas de control de plagas urbanas, y que pretende la mejora del control de las enfermedades asociadas promoviendo acciones legales, educación, capacidades institucionales e investigación. Allí se detallan datos sobre cucarachas, ácaros del polvo, chinches de las camas, pulgas, hormigas faraón y hormigas de fuego; moscas, pájaros, piojos, garrapatas, mosquitos y roedores.

> MURCIÉLAGOS
No son una plaga y están protegidos

A algunos se les pone la piel de gallina al ver un murciélago. Quizás hasta griten y se espanten. De noche, en un balcón o terraza se los puede llegar a ver sobrevolando cerca de nuestras cabezas. Y aunque hay muchos en la ciudad, no son considerados una plaga. Y ojo: no hay que matarlos, ya que están protegidos por ley por tratarse de una especie silvestre.
Mónica Díaz, mastozoóloga e investigadora del Conicet y de la Fundación Miguel Lillo, aclara que no pueden ser plaga debido a su forma de reproducción: “se reproducen una vez al año y en general tienen una cría. Mientras no los saquen, van a permanecer en el lugar donde estén. Lo importante es que hay un modo de excluirlos sin dañarlos. Está todo detallado en un protocolo de exclusión que recomendamos desde el Programa de Conservación de los Murciélagos de Argentina (PCMA)”.
Por otra parte, la investigadora comentó que si encontramos un murciélago en casa, lo primero que hay que hacer es no agarrarlo con las manos desnudas. “Como casi todo mamífero puede transmitir rabia, aunque la posibilidad de que lo haga es muy baja”, sostuvo Díaz. 

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