La foto de una infancia fuertemente precarizada

Un nuevo informe de la UCA propone medir la pobreza infantil en la Argentina desde distintos ángulos. Tucumán muestra mejores resultados en seguridad alimentaria y en salud que en vivienda.

03 Sep 2017
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LA GACETA/ARCHIVO.-

Cuando a Agustín Salvia se le pregunta cómo se hace para romper las asimetrías históricas que padece la Argentina, él advierte que no es una pregunta de respuesta ligera. Pero sí señala que se requiere de una política pública de redistribución del capital social y del capital humano en el país. Algo que no ha ocurrido hasta ahora. En estos días, el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) presenta su informe “Las múltiples dimensiones de la pobreza en las infancias argentinas” (ver la columna de la investigadora Ianina Tuñón y tres indicadores de un avance del documento final, en la misma página). Con algunos datos comparativos en la mano- incluidos los relativos a la infancia en Tucumán- el director de Investigación del Observatorio de la Deuda Social de la UCA (foto) ayuda a interpretar los indicadores “duros” sobre salud, alimentación y vivienda. “En general, los indicadores relativos a Tucumán coinciden con la media nacional, inclusive por sobre áreas como el conurbano bonaerense, el Gran Salta, Gran Resistencia, incluso Córdoba, que están en situaciones peores a a la que atraviesa Tucumán. Pero eso no significa que los datos sean buenos”, observa Salvia desde Buenos Aires, en una charla telefónica con LA GACETA.

- ¿Cómo explica que Tucumán muestre mejores mediciones que otras regiones en materia de salud y alimentación?

- Creo que, en el contexto de un país que en los últimos años ha atravesado un estancamiento importante en materia económica y social, los gobiernos reaccionaron de manera diversa a las condiciones de pobreza, sobre todo de pobreza estructural. Tucumán viene teniendo una estructura relativamente inclusiva para amplios sectores de la población. Sigue siendo importante su clase media, lo que hace que su perfil se acerque más a poblaciones como el Gran Rosario, o Mendoza, y no tanto a las del NOA y NEA, donde la pobreza, en especial la pobreza estructural, está más extendida. Hubo políticas importantes de asistencia a la alimentación a través de los programas sociales y de los sistemas de comedores, que se desplegaron en Tucumán más que en otras ciudades del NOA o el NEA. En cuanto al sistema de salud, Tucumán no deja de tener los problemas del resto; el nivel de cobertura en Tucumán es mejor que en otras regiones.Pero eso no quiere decir que sea bueno.

-Esa mejora no se observa en los indicadores de la vivienda...Coincide con el deplorable estado del sistema de aguas y cloacas en Tucumán...

- Operaron mejor que en otras regiones en temas como seguridad alimentaria o sistema de salud, pero no en la dimensión vivienda. Tiene que ver en parte con la falta de programas de urbanización. Aparece una situación en materia de saneamiento, o de hacinamiento. Más que construcción de viviendas se requieren políticas de urbanización, de planeamiento urbano. Cuando se analizan ciudades que tienen más déficit que otras en materia de planeamiento, está vinculado a problemas de crecimiento en materia demográfica; a la falta de respuesta del Estado a esos problemas; a la incapacidad de crear condiciones de infraestructura urbana que den respuestas a ese crecimiento. Buena parte de la política de infraestructura urbana requiere inversión pública. Y en estos últimos años no había acceso al crédito. Una parte del presupuesto estuvo concentrado en zonas críticas de los conurbanos, como el bonaerense. Eso también lo hemos evaluado. No había créditos internacionales en los últimos años para infraestructura y saneamiento urbano para las provincias. Los terceros cordones, los conurbanos, experimentaron crecimiento demográfico también por la expulsión de áreas rurales, como la que se dio con el avance de la soja, y no hubo capacidad de crear infraestructura. Y esto que usted me señala, del estado de las cloacas en Tucumán, es posible que se deba a la necesidad de importantes inversiones en materia de red cloacal. Muchas veces no se tienen los fondos, y no había acceso a préstamos internacionales. Quizás esto sea posible ahora, siempre que esté en la agenda pública.

- ¿Cómo concluyen que estamos mejor que en 2010 si no hubo datos estadísiticos confiables durante el kirchnerismo ?

- Lo hacemos a partir de nuestra propia encuesta de la Deuda Social, sobre 6.000 hogares a nivel nacional (580 en Tucumán). Tenemos, con bastante detalle, una serie desde 2010 hasta acá, y con menos detalle desde 2004, para dar cuenta de la evolución de la pobreza multidimensional o la pobreza por ingreso. Y cuando uno mira esa serie, vemos que estamos mejor que en 2010; sobre todo, porque hubo una importante caída en la pobreza entre 2010, 2011 y 2012. Entonces salíamos de la crisis de 2009, y hubo un fuerte rebote de crecimiento económico una fuerte inyección nacional de programas sociales, de transferencia de ingresos de aumentos en los salarios reales, por inflación baja. Los gobiernos pudieron gastar más en obra pública; y las familias gastaron más en su propio bienestar; después, se estancó. Las mejoras se estancaron a partir de 2012.

-¿Cómo reducir las asimetrías en este país tan asimétrico?

- No se trata de una simple redistribución de ingresos corrientes. Así no vamos a resolver la inequidad. Se requieren inversiones en infraestructura, en salud, políticas de inversión en infraestructura educativa y de formación docente. Con los mejores médicos, enfermeros y docentes en los lugares que tienen más problemas. Se requiere una política pública de redistribución del capital social y del capital humano en el país, y eso no ha ocurrido en la Argentina. Los maestros mejor capacitados, los médicos y enfermeras mejor formados, no tienen incentivos para ir a donde más se los necesita. Se trata de que no sea sólo una política de transferencias a los más pobres, sino, sobre todo, de una transferencia de capacidades de desarrollo. Se requiere un nuevo pacto federal, no tan asociado al nivel medio de la pobreza, sino orientado a cubrir esos bolsones de marginalidad y pobreza que tienen todas las provincias; y donde buena parte del impuesto coparticipable vaya pensado a atender esos déficits, pero condicionado a que los gobiernos provinciales no los usen en gastos corrientes.

- ¿Por qué es tan importante medir el estado de las infancias?

- Además de que es una población que no tiene voz, voto ni representación, es fácilmente invisibilizada, no representada en el debate público. Medir sus déficits en su acceso a derechos es una forma de darle identidad. Y estamos hablando del ciudadano de mañana, el que va a votar, el que va a trabajar, el que va a criar a sus hijos. ¿Qué sujetos sociales estamos construyendo para el futuro argentino? La infancia que estamos construyendo hoy es una infancia fuertemente precarizada. Estamos construyendo un país segmentado, que desarrolla el subdesarrollo.

- ¿Cómo despolitizar la agenda de los temas sociales?

- En Europa ese debate no tiene mucho sentido, porque el Estado ya tiene resuelta la cobertura a través de bienes y servicios básicos. Hoy, los problemas son qué hacer con los jóvenes, o con los migrantes. En América latina esto es materia de debate porque hemos venido instalando políticas sociales que garantizan mínimos de subsistencia, pero no dotan de derecho de ciudadanía plena.

- ¿Eso habla de egoísmo de la clase política? ¿O de impericia?

- Hemos construido políticas de transferencias de ingresos que son fundamentales, pero un 32% de la población argentina que requiere asistencia pública para poder subsistir es un indicador de fracaso, no de éxito. No hemos apuntado al crecimiento. Creo que ahí hubo facilismo, políticas demagógicas, populismo y falta de capacidad. Creo que hoy estamos en una etapa de transición.

- ¿Cómo evalúa la gestión de Macri?

- Creo que hay errores y aciertos. Las medidas macroeconómicas provocaron efectos de empobrecimiento, pero la pensión universal a las personas mayores ha sido un acierto, la ampliación de las asignaciones familiares a cuentrapropistas, aumento del salario familiar para bajos ingresos, son aciertos. Peso es más fácil cubrir la necesidad que sacar a esa población de esa necesidad. Y las grandes inversiones no van a resolver el problema: la clave va a estar en la microempresa, en la economía regional, en las PyME, en los negocios familiares. Ellos son los que van a dar trabajo a los desocupados, a los subocupados.

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