Fue a tratarse por sus adicciones en el Obarrio y lo detuvieron

Estaba prófugo. El sospechoso tenía pedido de captura por un asesinato.

02 Sep 2017
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Diego Coria estaba el 7 de mayo con tres amigos en el barrio Progreso de Alderetes cuando alguien comenzó a dispararles. El muchacho oriundo del barrio Antena comenzó a correr por la calle Ayacucho al 100 con dirección a la avenida Rivadavia pero no llegó. Una cuadra antes, cayó muerto. En ese momento, los temerosos vecinos le dijeron a LA GACETA que todo lo malo que ocurría en la zona era por el consumo de droga. Casualmente -o no-, los estupefacientes fueron la clave para atrapar a uno de los sospechosos.

Los investigadores de la Policía supieron que uno de los jóvenes que tenía pedido de captura por el asesinato estaba haciendo un tratamiento por adicción a las drogas en el hospital Obarrio, pero que gozaba de salidas ambulatorias. Por eso, el jueves un efectivo esperó que llegara y atrapó a Juan Esteban Cuenca, de 24 años.

Sin embargo, pese a reducirlo, el policía no pudo llevarse al acusado. Según le informaron en el hospital, Cuenca debía quedar internado hasta que una junta médica evaluara su evolución y decidiera darle de alta. Por eso, desde la Justicia se ordenó que quedara una consigna policial afuera de su habitación, para evitar que se fugara.

El crimen

Uno de los amigos de Coria le dijo a la Policía que habían ido hasta ese lugar para comprar un vino, y que desconocía por qué los habían atacado. Un vecino consultado por LA GACETA, que pidió que se mantuviera su nombre en reserva, informó: “A esa hora no hay ningún quiosco abierto para comprar vino, pero hay muchos que venden porquerías. Ahí llegan chicos humildes y también autos de alta gama. Los ‘zombis’ empezaron a andar hace unos tres años por acá”.

“Yo estaba con visitas y se estaban por ir. Si salían un rato antes, podrían haber muerto. Uno de los balazos dio en el baúl de un auto; si pegaba en el tubo de gas, explotaba”, se quejó ese día Azucena.


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