Una historia de amor, horror y escrituras

Dos sobrevivientes del Holocausto y múltiples claves de lectura

03 Sep 2017
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EL ORIGEN DE LA OBRA. Cuando muere su padre, Gardos recibe de su madre las cartas que ella y èl habìan intercambiado 50 años antes.

NOVELA

FIEBRE AL AMANECER

PÉTER GÁRDOS

(Alfaguara - Buenos Aires)  

Péter Gárdos es un reconocido cineasta húngaro. En el Epílogo, el autor cuenta el origen de la escritura de esta novela. Nos dice que en 1998, tras la muerte de su padre, su madre le entrega las cartas que durante seis meses habían intercambiado desde sus respectivos centros de rehabilitación sueca, 50 años atrás, antes de casarse.

Fiebre al amanecer es una novela de amor: el de Miklós Gárdos y Lily Reich (Agnes Reich, en la vida real).

El horror

Ambos, judíos húngaros, son sobrevivientes de campos de concentración nazi. La fiebre -síntoma del mal que aqueja a Miklós, a quien habían pronosticado solo seis meses de vida- podría leerse como la condensación metafórica de los padecimientos que genera la guerra en todos los personajes, tanto en sobrevivientes de los campos nazis como en sus anfitriones suecos. Y aunque por momentos el humor y la sátira asoman, el dolor se filtra por los intersticios de cada una de las anécdotas, incluso de aquellas que rezuman una atmósfera divertida.

Escrituras

Las cartas juegan un rol trascendente: Miklós sobrevive después de escribir 117, buscando una esposa. Son, además, portadoras de buenas y malas noticias. Pero fundamentalmente, representan la veracidad de lo narrado. Ello se muestra en el diálogo entre el relato de los hechos en la ficción y la transcripción de fragmentos de la correspondencia real, que en muchas ocasiones completan lo que el narrador calla.

Fiebre al amanecer puede leerse en clave romántica, en clave histórica (porque la trama se sostiene en el escenario de los vestigios del Holocausto) y también como una novela epistolar. Sin embargo, con la mirada tierna sobre esos seres desgarrados o bien la anulación de la distancia con la que se elige contar la historia (“Mi padre sentía que aquella era la poesía para la que se estaba preparando toda la vida.” -144-). Péter Gárdos logra escapar a cada uno de los modelos mencionados. Y en eso reside, además, el valor de la obra: instala y, a la vez, trasciende los códigos de lectura que propone.

© LA GACETA

Ester Nora Azubel

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