Cartas de lectores

27 Ago 2017
¿Indiferencia o ineptitud?
Vale la pena desmenuzar el interesante editorial de LA GACETA de ayer, titulado “Propuestas sobre inseguridad guardadas en un cajón”, en el cual puede leerse entre otras cosas lo siguiente: “La inseguridad -con frecuencia bajo el ropaje de la violencia- se ha extendido en la sociedad en los últimos lustros”. “Para los tucumanos, la inseguridad es uno de los temas que los desvelan”. “LA GACETA TV consignó que 26 propuestas fueron entregadas hace ocho meses al primer mandatario y a los presidentes de los otros dos Poderes de la provincia. Entre otras sugerencias, pueden mencionarse: la elaboración de estadísticas, la creación del personal civil de fuerzas de seguridad, pasando personal administrativo a la policía, adecuación de la ley de contravenciones, reformulación completa del sistema carcelario, políticas orientadas al control del delito: capacitar al personal policial, asignar policías de a pie en barrios, acondicionar las prisiones. ‘Nosotros pasamos proyectos, muchos de gestión, pero hasta aquí salvo algunas cosas no nos han informado que se hayan puesto en práctica’, dijo el presidente subrogante de la Legislatura, quien además criticó al gobierno nacional por la falta de apoyo”. Hace ocho meses que los titulares de los tres Poderes tienen en sus manos las propuestas y no hay mayores novedades, ¿ello debe interpretarse como indiferencia ante un tema tan preocupante o ineptitud para resolver los problemas? Se sabe que la inseguridad es consecuencia de la miseria, el desempleo, la marginalidad, pero también del analfabetismo, tanto de los menores como de los adultos. La drogadicción es también una resultante de esta penosa realidad que en lo que va del siglo XXI no ha podido revertirse. La inseguridad no se resuelve con más policías ni más patrulleros. Es necesario diseñar una política integral que contemple la educación, la salud, el trabajo, el deporte, así como la justicia y la seguridad. Si no se aborda el problema social en forma coordinada y sin un compromiso verdadero de la dirigencia, la delincuencia y la pobreza seguirán avanzando a paso redoblado”. El Gobierno de la Provincia de Tucumán tiene la última palabra. 
Daniel E. Chávez
Pasaje Benjamín Paz 308
La familia en moto
Si bien comparto con el lector Vázquez su opinión acerca de los motivos que llevan a una familia a trasladarse en moto con exceso de pasajeros, no es menos cierto que de todos modos es una imprudencia, podríamos decir que obligada. Si hacemos una estadística sobre el exceso de pasajeros, veríamos que -de 10 motocicletas-  en siete u ocho casos los pasajeros son familias; y el resto por lo general son jóvenes que no cumplen con las ordenanzas. Pareciera que tampoco hay quien las haga cumplir en la obligación de usar casco, de no andar zigzagueando entre los vehículos; y, sobre todo el exceso de velocidad. Lo que me parece una buena idea es lo de los motocarros adaptados.
Fernando Carlos Brunet
¿Y los usuarios?
En Tucumán, por ley 8.479, el Ersept es el único órgano de control encargado de “proteger los derechos de los usuarios” y de “controlar y regular los servicios” provinciales de energía eléctrica y agua potable y cloacas. La ley le atribuye el deber asegurar que estos servicios “se presten con continuidad, regularidad, accesibilidad, igualdad, seguridad y calidad”. Tiene competencia para controlar y regular, en nuestra provincia, la distribución y comercialización de energía. La generación eléctrica aislada e interconectada de jurisdicción provincial, el transporte y la generación de energía eléctrica, la captación, potabilización, transporte, distribución y comercialización de agua potable y la colección, tratamiento y disposición de efluentes cloacales y su comercialización, incluyendo efluentes industriales. Para cumplir estos roles, el Ersept tiene la facultad de cumplir y hacer cumplir las obligaciones emergentes de dicha ley y la normatividad nacional aplicable a los servicios públicos, controlando y haciendo cumplir los contratos de concesión, licencia, permisos, autorizaciones y habilitaciones de estos servicios públicos, dictando las normas de seguridad y procedimientos técnicos de medición y facturación de consumos, de control y uso de los medidores, de conexión y reconexión de los suministros, fiscalizando las actividades de EDET y de la SAT, fijando las bases de cálculo para la determinación de las tarifas de  los contratos de concesión de estos servicios, aprobando los cuadros y regímenes tarifarios de los mismos. Está facultado para ejercer el poder de policía controlando a EDET y a la SAT en la prestación de esos servicios, sancionando las infracciones que compruebe. Todas estas funciones clave requieren confiabilidad en este órgano de control. ¿Podemos confiar en este Ersept en cuyo Directorio no está representada ninguna asociación de usuarios como manda la Constitución? ¿Podemos confiar en un Ersept que cuando resuelve autorizar incrementos tarifarios en la luz y el agua se beneficia con mayores ingresos para ese organismo de control, producto de una tasa de inspección que equivale a un porcentaje del monto de la factura? ¿Podemos confiar en este “órgano de control” que, por lo expresado es “socio” de EDET y la SAT, quienes del pago de las facturas retienen el importe de esa tasa y luego la depositan en la cuenta del Ersept? Es hora que tomemos conciencia que la ley 8.479 violenta la letra y el espíritu del art.42 de la Constitución nacional y local y que, mientras este órgano opere su deliberado “descontrol” en función de esta normativa, nada cambiará para los tucumanos. Tienen la palabra los legisladores y el gobernador. Queremos escuchar sus réplicas.
Luis Iriarte
El país del qué me importa
Hace unos años participé como publicista y diseñador gráfico, invitado en la mesa panel de un Congreso Internacional sobre herramientas SEO, en la publicidad de destinos turísticos latinoamericanos y donde se trató la interpretación semántica de “GoogleBot” sobre un sitio de internet turístico. Sorpresa para muchos fue la exposición de un joven ingeniero de Costa Rica, que encontró errores básicos en el lenguaje de algunos sitios web turísticos basados en comentarios de sus huéspedes en el caso de hoteles, pasajeros en el caso de transportes y viajeros en el caso de destinos. Hay muchos comentarios bastante groseros de aquellos que pasaron por malas experiencias, en algunas ciudades donde se los trató bastante mal, como si fuesen estorbos, hasta tratos por fuera del libreto de un buen “informador turístico o agente del bien público”. Hay que entender aquel axioma en turismo: que la buena atención hace que el turista regrese y propague la información turística positiva del lugar. El mal trato concibe una propaganda negativa y se reciben menos visitantes. GoogleBot elabora una estadística de aquellos donde hay palabras como “ladrones, sinvergüenzas, sucios, atrevidos, etc.” y los compara con sus algoritmos asociados a muy buenos, buenos, muy malos, malos, etc. Finalmente todos los malos comentarios son parte de una interfaz que este joven ingeniero costarricense la llamó “que me importa”. Para Argentina, que me interesaba en particular, los mayores comentarios que se tienen en cuenta son robos, accidentes, estafas, malos tratos, suciedad, contaminación, cortes de calles o rutas, etc. Cada vez que veo en Argentina cortes de calles, violencia, transgresiones de tránsito al por mayor, etc., recuerdo la exposición de ese joven ingeniero y puedo decir, tristemente, que es el país del “que me importa”. A este bellísimo país, que tiene todo para sobresalir como el mejor, parece que le llevará muchas generaciones para terminar con la famosa “grieta” y la “casi habitual violencia”. Son responsables las políticas públicas educativas, sociales, turísticas y especialmente de convivencia. La clase política que nos gobierna tendrá que mirar más el futuro y planificar a largo plazo y de manera sostenible. Aun así, tendremos que esperar varias generaciones para que todos respetemos las leyes y sea Argentina, un país serio con proyección de un futuro promisorio.
Miguel Angel Molina
A rajatabla
Escribí por mensaje privado de Facebook y por mail al señor Osvaldo Jaldo lo siguiente: “ Según LA GACETA, usted dijo que cumplirá a rajatabla lo que dice la Constitución”. Sería bueno, necesario -y es obligatorio- que cumpla también a rajatabla las exigencias de la Justicia sobre los gastos sociales ($ 615 millones)”. 
Carlos Duguech 
Contaminando el río san ignacio
La Comuna de Los Pizarro arroja los residuos sólidos urbanos (RSU) en las márgenes del río San Ignacio. Los vierte a cielo abierto (vertedero incontrolado) y contamina de este modo: aire, agua, suelo y el paisaje. Las aguas superficiales son contaminadas por la basura,  transportadas por el agua de lluvia y volcadas en el río, afectando la cuenca Salí-Dulce. Las subterráneas lo son por el lixiviado que se produce,  que penetra en la tierra  y llega a los acuíferos del subsuelo, dañándolos. El suelo es impactado por aceites, grasas, ácidos, detergentes, metales pesados diversos, etc., que contienen los residuos urbanos.  Además, esta disposición favorece la proliferación de moscas, de otros insectos y de ratas, que son agentes transmisores y portadores de diversas enfermedades. En nuestra provincia rige la Ley 8.177, que regula la gestión integral de los RSU. El Artículo 4 prohíbe la práctica que actualmente realiza  la comuna sobre los residuos que recoge de la población. El artículo 5 establece que es competencia de las comunas rurales la prestación correcta de este servicio público esencial. Los Pizarro es una comunidad rural ubicada en un piedemonte, a 450 metros sobre el nivel del mar y rodeada de un ambiente natural único e irrepetible y que debe ser preservado. Por ello, solicito que la Secretaría de Medio Ambiente, como autoridad de aplicación (según Decreto 203/10), haga lo necesario para regularizar esta situación, que tiene que ver con la salud de los pizarreños y del ecosistema donde conviven. Además, tendría que inspeccionar o auditar a las otras comunas y municipios, para verificar si están cumpliendo con la  ley y con lo que hacen con los residuos  patológicos de los CAP. 
Juan Francisco Segura
Preguntas para yerba buena
Este ya antiguo habitante de la otrora tranquila Yerba Buena (45 años, una vida) se permite formularse una serie de preguntas, a modo de inquisiciones. No sólo preguntas a autoridades, concejos, funcionarios y empleados. Diría que son inquietudes dirigidas a nosotros mismos, como comunidad. En estos años, ¿qué le pasó a nuestra ciudad? Es obvio que el llamado erróneamente progreso no puede ser detenido, como no se detiene al viento. Pero, ¿no se pagó demasiado caro ese progreso? ¿No pasó esta linda ciudad de la inocente infancia a la ancianidad sin atravesar la responsable madurez? Leo y escucho proyectos acerca de avenidas deportivas (?), mientras el agua corre alegremente por las calles, demorada por la basura, ignorada por los obstruidos imbornales. Veo calles que supieron ser tranquilas invadidas por ruidos de extrañas publicidades (los aviones nos fumigan con publicidad circense, los verduleros con abominable música cuartetera). La suciedad nos abruma; y lo que es peor, nos acostumbra. El antiguo oficio del barrendero se perdió en el recuerdo, el alumbrado fuera de avenida Aconquija es notable por su ausencia. El tránsito es caótico, y el casi único control es el del estacionamiento indebido, quizá porque es recaudador. Conductores que no respetamos reglas, mañanas de circulación cortada por carreras pedestres, interminables batallas entre autoridades (¿autoridades?) ¿Qué pasó en Yerba Buena? Códigos de edificación no respetados, caos en lo urbano, Ciudad Jardín o abyecto patio trasero? Basta de preguntas. Res, non verba. Realidades, no palabras. 
Ignacio Páez de la Torre 

¿Indiferencia o ineptitud?

Vale la pena desmenuzar el interesante editorial de LA GACETA de ayer, titulado “Propuestas sobre inseguridad guardadas en un cajón”, en el cual puede leerse entre otras cosas lo siguiente: “La inseguridad -con frecuencia bajo el ropaje de la violencia- se ha extendido en la sociedad en los últimos lustros”. “Para los tucumanos, la inseguridad es uno de los temas que los desvelan”. “LA GACETA TV consignó que 26 propuestas fueron entregadas hace ocho meses al primer mandatario y a los presidentes de los otros dos Poderes de la provincia. Entre otras sugerencias, pueden mencionarse: la elaboración de estadísticas, la creación del personal civil de fuerzas de seguridad, pasando personal administrativo a la policía, adecuación de la ley de contravenciones, reformulación completa del sistema carcelario, políticas orientadas al control del delito: capacitar al personal policial, asignar policías de a pie en barrios, acondicionar las prisiones. ‘Nosotros pasamos proyectos, muchos de gestión, pero hasta aquí salvo algunas cosas no nos han informado que se hayan puesto en práctica’, dijo el presidente subrogante de la Legislatura, quien además criticó al gobierno nacional por la falta de apoyo”. Hace ocho meses que los titulares de los tres Poderes tienen en sus manos las propuestas y no hay mayores novedades, ¿ello debe interpretarse como indiferencia ante un tema tan preocupante o ineptitud para resolver los problemas? Se sabe que la inseguridad es consecuencia de la miseria, el desempleo, la marginalidad, pero también del analfabetismo, tanto de los menores como de los adultos. La drogadicción es también una resultante de esta penosa realidad que en lo que va del siglo XXI no ha podido revertirse. La inseguridad no se resuelve con más policías ni más patrulleros. Es necesario diseñar una política integral que contemple la educación, la salud, el trabajo, el deporte, así como la justicia y la seguridad. Si no se aborda el problema social en forma coordinada y sin un compromiso verdadero de la dirigencia, la delincuencia y la pobreza seguirán avanzando a paso redoblado”. El Gobierno de la Provincia de Tucumán tiene la última palabra. 

Daniel E. Chávez
Pasaje Benjamín Paz 308


La familia en moto

Si bien comparto con el lector Vázquez su opinión acerca de los motivos que llevan a una familia a trasladarse en moto con exceso de pasajeros, no es menos cierto que de todos modos es una imprudencia, podríamos decir que obligada. Si hacemos una estadística sobre el exceso de pasajeros, veríamos que -de 10 motocicletas-  en siete u ocho casos los pasajeros son familias; y el resto por lo general son jóvenes que no cumplen con las ordenanzas. Pareciera que tampoco hay quien las haga cumplir en la obligación de usar casco, de no andar zigzagueando entre los vehículos; y, sobre todo el exceso de velocidad. Lo que me parece una buena idea es lo de los motocarros adaptados.

Fernando Carlos Brunet
[email protected]


¿Y los usuarios?

En Tucumán, por ley 8.479, el Ersept es el único órgano de control encargado de “proteger los derechos de los usuarios” y de “controlar y regular los servicios” provinciales de energía eléctrica y agua potable y cloacas. La ley le atribuye el deber asegurar que estos servicios “se presten con continuidad, regularidad, accesibilidad, igualdad, seguridad y calidad”. Tiene competencia para controlar y regular, en nuestra provincia, la distribución y comercialización de energía. La generación eléctrica aislada e interconectada de jurisdicción provincial, el transporte y la generación de energía eléctrica, la captación, potabilización, transporte, distribución y comercialización de agua potable y la colección, tratamiento y disposición de efluentes cloacales y su comercialización, incluyendo efluentes industriales. Para cumplir estos roles, el Ersept tiene la facultad de cumplir y hacer cumplir las obligaciones emergentes de dicha ley y la normatividad nacional aplicable a los servicios públicos, controlando y haciendo cumplir los contratos de concesión, licencia, permisos, autorizaciones y habilitaciones de estos servicios públicos, dictando las normas de seguridad y procedimientos técnicos de medición y facturación de consumos, de control y uso de los medidores, de conexión y reconexión de los suministros, fiscalizando las actividades de EDET y de la SAT, fijando las bases de cálculo para la determinación de las tarifas de  los contratos de concesión de estos servicios, aprobando los cuadros y regímenes tarifarios de los mismos. Está facultado para ejercer el poder de policía controlando a EDET y a la SAT en la prestación de esos servicios, sancionando las infracciones que compruebe. Todas estas funciones clave requieren confiabilidad en este órgano de control. ¿Podemos confiar en este Ersept en cuyo Directorio no está representada ninguna asociación de usuarios como manda la Constitución? ¿Podemos confiar en un Ersept que cuando resuelve autorizar incrementos tarifarios en la luz y el agua se beneficia con mayores ingresos para ese organismo de control, producto de una tasa de inspección que equivale a un porcentaje del monto de la factura? ¿Podemos confiar en este “órgano de control” que, por lo expresado es “socio” de EDET y la SAT, quienes del pago de las facturas retienen el importe de esa tasa y luego la depositan en la cuenta del Ersept? Es hora que tomemos conciencia que la ley 8.479 violenta la letra y el espíritu del art.42 de la Constitución nacional y local y que, mientras este órgano opere su deliberado “descontrol” en función de esta normativa, nada cambiará para los tucumanos. Tienen la palabra los legisladores y el gobernador. Queremos escuchar sus réplicas.

Luis Iriarte
[email protected]


El país del qué me importa

Hace unos años participé como publicista y diseñador gráfico, invitado en la mesa panel de un Congreso Internacional sobre herramientas SEO, en la publicidad de destinos turísticos latinoamericanos y donde se trató la interpretación semántica de “GoogleBot” sobre un sitio de internet turístico. Sorpresa para muchos fue la exposición de un joven ingeniero de Costa Rica, que encontró errores básicos en el lenguaje de algunos sitios web turísticos basados en comentarios de sus huéspedes en el caso de hoteles, pasajeros en el caso de transportes y viajeros en el caso de destinos. Hay muchos comentarios bastante groseros de aquellos que pasaron por malas experiencias, en algunas ciudades donde se los trató bastante mal, como si fuesen estorbos, hasta tratos por fuera del libreto de un buen “informador turístico o agente del bien público”. Hay que entender aquel axioma en turismo: que la buena atención hace que el turista regrese y propague la información turística positiva del lugar. El mal trato concibe una propaganda negativa y se reciben menos visitantes. GoogleBot elabora una estadística de aquellos donde hay palabras como “ladrones, sinvergüenzas, sucios, atrevidos, etc.” y los compara con sus algoritmos asociados a muy buenos, buenos, muy malos, malos, etc. Finalmente todos los malos comentarios son parte de una interfaz que este joven ingeniero costarricense la llamó “que me importa”. Para Argentina, que me interesaba en particular, los mayores comentarios que se tienen en cuenta son robos, accidentes, estafas, malos tratos, suciedad, contaminación, cortes de calles o rutas, etc. Cada vez que veo en Argentina cortes de calles, violencia, transgresiones de tránsito al por mayor, etc., recuerdo la exposición de ese joven ingeniero y puedo decir, tristemente, que es el país del “que me importa”. A este bellísimo país, que tiene todo para sobresalir como el mejor, parece que le llevará muchas generaciones para terminar con la famosa “grieta” y la “casi habitual violencia”. Son responsables las políticas públicas educativas, sociales, turísticas y especialmente de convivencia. La clase política que nos gobierna tendrá que mirar más el futuro y planificar a largo plazo y de manera sostenible. Aun así, tendremos que esperar varias generaciones para que todos respetemos las leyes y sea Argentina, un país serio con proyección de un futuro promisorio.

Miguel Angel Molina
[email protected]


A rajatabla

Escribí por mensaje privado de Facebook y por mail al señor Osvaldo Jaldo lo siguiente: “ Según LA GACETA, usted dijo que cumplirá a rajatabla lo que dice la Constitución”. Sería bueno, necesario -y es obligatorio- que cumpla también a rajatabla las exigencias de la Justicia sobre los gastos sociales ($ 615 millones)”. 

Carlos Duguech 
[email protected]


Contaminando el río san ignacio

La Comuna de Los Pizarro arroja los residuos sólidos urbanos (RSU) en las márgenes del río San Ignacio. Los vierte a cielo abierto (vertedero incontrolado) y contamina de este modo: aire, agua, suelo y el paisaje. Las aguas superficiales son contaminadas por la basura,  transportadas por el agua de lluvia y volcadas en el río, afectando la cuenca Salí-Dulce. Las subterráneas lo son por el lixiviado que se produce,  que penetra en la tierra  y llega a los acuíferos del subsuelo, dañándolos. El suelo es impactado por aceites, grasas, ácidos, detergentes, metales pesados diversos, etc., que contienen los residuos urbanos.  Además, esta disposición favorece la proliferación de moscas, de otros insectos y de ratas, que son agentes transmisores y portadores de diversas enfermedades. En nuestra provincia rige la Ley 8.177, que regula la gestión integral de los RSU. El Artículo 4 prohíbe la práctica que actualmente realiza  la comuna sobre los residuos que recoge de la población. El artículo 5 establece que es competencia de las comunas rurales la prestación correcta de este servicio público esencial. Los Pizarro es una comunidad rural ubicada en un piedemonte, a 450 metros sobre el nivel del mar y rodeada de un ambiente natural único e irrepetible y que debe ser preservado. Por ello, solicito que la Secretaría de Medio Ambiente, como autoridad de aplicación (según Decreto 203/10), haga lo necesario para regularizar esta situación, que tiene que ver con la salud de los pizarreños y del ecosistema donde conviven. Además, tendría que inspeccionar o auditar a las otras comunas y municipios, para verificar si están cumpliendo con la  ley y con lo que hacen con los residuos  patológicos de los CAP. 

Juan Francisco Segura

[email protected]

Preguntas para Yerba Buena

Este ya antiguo habitante de la otrora tranquila Yerba Buena (45 años, una vida) se permite formularse una serie de preguntas, a modo de inquisiciones. No sólo preguntas a autoridades, concejos, funcionarios y empleados. Diría que son inquietudes dirigidas a nosotros mismos, como comunidad. En estos años, ¿qué le pasó a nuestra ciudad? Es obvio que el llamado erróneamente progreso no puede ser detenido, como no se detiene al viento. Pero, ¿no se pagó demasiado caro ese progreso? ¿No pasó esta linda ciudad de la inocente infancia a la ancianidad sin atravesar la responsable madurez? Leo y escucho proyectos acerca de avenidas deportivas (?), mientras el agua corre alegremente por las calles, demorada por la basura, ignorada por los obstruidos imbornales. Veo calles que supieron ser tranquilas invadidas por ruidos de extrañas publicidades (los aviones nos fumigan con publicidad circense, los verduleros con abominable música cuartetera). La suciedad nos abruma; y lo que es peor, nos acostumbra. El antiguo oficio del barrendero se perdió en el recuerdo, el alumbrado fuera de avenida Aconquija es notable por su ausencia. El tránsito es caótico, y el casi único control es el del estacionamiento indebido, quizá porque es recaudador. Conductores que no respetamos reglas, mañanas de circulación cortada por carreras pedestres, interminables batallas entre autoridades (¿autoridades?) ¿Qué pasó en Yerba Buena? Códigos de edificación no respetados, caos en lo urbano, Ciudad Jardín o abyecto patio trasero? Basta de preguntas. Res, non verba. Realidades, no palabras. 

Ignacio Páez de la Torre 
[email protected]

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