La economía que proyecta Macri

24 Ago 2017 Por Marcelo Aguaysol

En menos de un mes, la gestión del presidente Mauricio Macri deberá elevar al Congreso Nacional el proyecto de Presupuesto para 2018. Las cifras de esa iniciativa pueden llegar a ser una verdadera caja de sorpresas tomando en cuenta la posibilidad de que la Casa Rosada quiera avanzar con la reforma tributaria a partir del año que viene y, lo que es más traumático financiera y políticamente, en un ajuste de la relación fiscal con las provincias. Tras las PASO, Macri pulsea con sectores que, históricamente, son difíciles. El jefe de Estado ha trazado una línea divisoria con el sindicalismo más recalcitrante, en una demostración de fuerzas que puede resultar peligrosa. De igual modo, los resultados electorales le han dejado mejor parado a Cambiemos que al Partido Justicialista. En eso se asienta para seguir dividiendo posturas entre los gobernadores, el kirchnerismo residual y las otras vertientes del mismo signo devaluado por las internas. El “divide y reinarás” fue la mejor herencia que el peronismo legó al actual gobierno. Macri lo utiliza para marcar la cancha en los próximos dos años. Y avanza en esa dirección.

Los gobernadores no tienen tanta fuerza como en el pasado. Por eso, el Ministerio de Hacienda de la Nación le ha puesto en claro a los ministros de cada distrito que a partir de 2018 no se permitirá que el gasto supere el 20% de incremento interanual. La receta es un clásico en la cocina de los expertos en finanzas públicas: ese tope será el resultado de la inflación más el crecimiento económico proyectado por la Nación.

Las cifras que expuso -la semana pasada- el ministro Nicolás Dujovne ante los representantes provinciales, en el marco del Consejo Federal de Responsabilidad Fiscal, muestran que la actual gestión proyecta un crecimiento sostenido de la actividad económica, del 3,5% interanual, en el período que va de 2018 a 2020. Esa estimación revela dos situaciones. Por un lado, que la promesa de campaña sobre la “pobreza cero” puede llegar a cumplirse en un plazo de 20 años, si la Argentina crece a ese ritmo y hace los deberes para disminuir la desigualdad socioeconómica actual. Por el otro, que el proyecto Macri contempla, al menos, una reelección hasta 2023. Pero también hay otras variables económicas que marcan, al menos en las estimaciones, un período de relativa tranquilidad:

• Tipo de cambio. La estimación de este año está sobrepasada. El Gobierno nacional había proyectado un dólar a $ 16,70. Ayer la cotización cerró en $ 17,55 para la venta minorista. El informe de Dujovne, en cierta medida, contempla lo que puede ser puesto en el proyecto de Presupuesto que Macri deberá elevar al Congreso hasta el 15 de septiembre: un dólar a $ 19,30 para 2018; a $ 20,40 para 2019 y $ 21,20 para 2020.

• Inflación. Ante sus pares provinciales, el ministro de Hacienda de la Nación ha dejado en claro que ahora el Índice de Precios al Consumidor (IPC) para este año puede llegar al 24%, mientras que durante el año próximo la inflación sí podría estar por debajo de la meta fijada para 2017 por el Banco Central, en torno del 16,1%. Aún más para los años subsiguientes, el Gobierno nacional anticipa que la inflación será de un dígito, hasta 5,2% en 2020.

• Inversiones. Si bien la Casa Rosada aguarda que este año el ingreso de capitales crezca un 9,8%, en términos reales, para 2018 considera que se producirá una suerte de veranito para las inversiones, con una expansión proyectada del 14,5%. Luego se irá estabilizando. En esta variable, Macri asienta la posibilidad de que se expanda el empleo genuino.

• Comercio exterior. Las estimaciones oficiales indican, además, que las exportaciones pueden llegar a crecer casi dos puntos porcentuales respecto de este año, a un 6,3% en 2018. A su vez, las importaciones se mantendrían en torno de un 7,7% de crecimiento, que luego se irá desacelerando, al menos en los papeles de Hacienda.

Las cifras no son necesariamente infalibles. Dependerá mucho de la muñeca presidencial para sortear el malestar de los sindicalistas y del pragmatismo para negociar con los gobernadores. Muchas de las medidas de la Rosada dependerán de las voluntades del Congreso. Allí, para el oficialismo, más allá del resultado del 22 de octubre, el “divide y reinarás” no es el mejor de los escenarios para gestionar en los próximos dos años.

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