Patricia Sosa: “soy una rocker que canta lo que le da la gana”

Presenta los temas de su último disco, “Señales”, y sorprende con el anuncio del próximo, junto a Chucho Valdez.

24 Ago 2017
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SIEMPRE EN LA RUTA. La cantante se considera una artista privilegiada, por el camino recorrido -cumplió los 61 años- y por el que le falta recorrer. LA GACETA / FOTO DE JORGE OLMOS SGROSSO.-

HOY

• A las 22, en el Teatro Mercedes Sosa (San Martín 479). Entradas 2 x 1 con Club La Gaceta.

Varios periodistas de LA GACETA la detectan ingresando en una sala de entrevistas del diario. Se le abalanzan, se sacan selfies y le declaran su amor a viva voz. La seductora chica de pelo largo enrulado y anteojos de sol tipo John Lennon que -como manda la coquetería, ni intentará sacarse- es Patricia Sosa.

El asombro ante el secreto de su eterna juventud cede al calor de su relato, con los mismos atributos que despliega en el canto. Es apasionada, potente y eléctrica, y viene a dar sus “Señales” esta noche, en el Teatro Mercedes Sosa.

- ¿Pasás la vida de gira?

- No hay nada mejor. Es lo menos rutinario: vas a todas partes con tu música. No te quedás en un lugar a esperar la gente. Convivís con tus músicos. Todos los días son escenarios, públicos y experiencias diferentes. El día que deje de hacer giras, no sé, me pondré de mal humor. A mí me gusta estar en la ruta.

- Te trae sobre todo tu disco “Señales”. ¿De qué se trata?

- Por primera vez habla más de mí que de otras cosas. En lo general no he sido autobiográfica. Escribo canciones; soy muy novelera, ¿viste? Me gusta inventar historias, ponerme en la piel de otro; leer algo y que eso me dispare una historia. Sin embargo escribo todo el tiempo y junto cosas. A la hora de grabar un disco agarro mis cuadernos. Y me di cuenta de que estaba escribiendo sobre mí. “Bendigo”, dice: “siempre esperé cada 23 de enero para verte llegar otra vez...”, y el 23 de enero es mi cumpleaños. “Tengo que pensar en mí... para poder ayudarte”, son ejemplos. Es muy profundo este disco.

- ¿Cuán rockero es?

- Es rockero, pero no es tan estridente. Tiene un solo tema que es el más romántico, “Eterno amor”, una balada absolutamente rockera aunque empieza lenta, pero cuando entra la banda te desnuca. No van a poder bailar lentos con este (se ríe)... Seguimos sin bailar lentos.

- ¿Sos autora de los temas?  

- Todas las letras son mías, menos una, “Con el agua al cuello”, que es de Facundo Espinosa, y tiene que ver con media Argentina inundada. Después me junté con Ezequiel Bauzá; con Dany Vilar, que compone conmigo hace muchos años, y con Mariano Mere, mi pianista. También hay un cover de Gino Vanelli que se llama “Canto”, que es tremendo porque se lo escribió al padre, un cantante de ópera al que un día se le fue la inspiración.

- ¿Cómo te definís en la música? ¿En qué otro proyecto estás?

- Soy una rocker que canta lo que se le da la gana. Estamos haciendo “Agitando pañuelos” con Juan Carlos Baglietto y Lito Vitale; somos un trío de folclore precioso. Yo empecé cantando folclore, en el Grupo Vocal Azurduy, y me encantaba; después fui la cantante de Ariel Ramírez dos años. Me llevó a recorrer el mundo y esa amistad hizo que terminara en el Vaticano el Día de la Virgen de Guadalupe, cuando canté la Misa Criolla junto al Papa.

- Ya que la citás, ¿cómo fue esa experiencia en 2014, en el primer recital en vivo en San Pedro?

- Hasta entonces pensé que estaba preparada para todo. Cuando entró el Coro de la Capilla Sixtina, que son ángeles, me empezó a temblar el cuerpo. En eso se abren las puertas de San Pedro. Yo estaba parada al lado del baldaquino. Entran los obispos de toda Latinoamérica. Mi temblor empeoró. Detrás de todos ellos venía el Papa, rodeado de cinco cardenales. Mirá: era como que levitaba. Las manos me transpiraban; se me secó la boca... hasta que el Papa pasa a dos metros de mí en actitud de recogimiento, y se da vuelta, me guiña un ojo y me levanta el pulgar. ¡No se te ocurre ni en tu sueño más loco! Se me hizo un nudo en la garganta. Tuve que respirar hondo y pedir: “Dios mío, si me trajiste hasta acá, asistime; pido tu mano. Cuando el director me marcó la entrada, respiré hondo y canté: “Señor, ten piedad de nosotros...” La voz me salía tan clara que pensé: gracias Dios mío. Cuando terminé de cantar lloré como nunca, abrazada por mi familia. Para mí fue renovar la fe desde lo espiritual, no desde lo religioso.

- Ese fue un antes y un después espiritual. Pero hubo otro.

- En marzo de 2016 representé a Latinoamérica en el Festival Internacional de la Cultura por la Paz y la Diversidad, organizado por El arte de vivir. El escenario tenía siete cuadras, 3.000 músicos en escena y cuatro millones de espectadores sentados. Esto tampoco figuraba ni en el sueño más remoto. Toqué en un lugar maravilloso donde todos los líderes espirituales del mundo participaron, incluido un representante del Papa. El festival terminó con una meditación colectiva. Fue estremecedor.

- ¿Qué sigue después de “Señales”?

- Muchos recitales. Además el mes que viene sale un disco nuevo, “Once”, que para mí también va a ser un antes y un después, con el gran Chucho Valdes, de boleros cubanos de las décadas del 30 y del 40 que se edita para todo el mundo. Lo grabamos en Málaga, en su estudio. Un ídolo mío como Chucho un día me llamó. Casi me muero. Esas son otras señales que el Titiritero me manda. Él tiene un plan mucho más lindo que el que yo imagino. Además, en febrero volvemos al Colón con Las Elegidas, pero mitad españolas mitad argentinas. Y después hacemos el mismo concierto en Madrid en mayo.

- ¿La cantante siempre le gana a la actriz?

- De hecho, estudié teatro para que mis interpretaciones como cantante tuvieran un sustento actoral interesante. Pero me picó el bichito del teatro, ¿viste? De ahí hice teleteatro con mucho éxito en los 90, después un coprotagónico con Carlín (Calvo), un protagónico de mala en Chiquititas, hice cine... ¡El cine me encanta! Es una asignatura pendiente. Me ofrecen proyectos preciosos, pero siempre me gana la cantante. ¡Me voy a la ruta de nuevo!      

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