El desafío: crecer en la pareja a partir de ser padres

23 Ago 2017
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Mauricio J. Strugo
Licenciado en Psicología, Autor del libro “Padres o Pareja? El quiebre de la pareja al convertirse en familia”. (télam)
Mauricio J. Strugo
Licenciado en Psicología, Autor del libro “Padres o Pareja? El quiebre de la pareja al convertirse en familia”. (Télam)

Hay demasiada publicidad sobre la llegada de los hijos como un regalo divino: bebés hermosos, madres espléndidas, aunque recién hayan parido, familias felices con sonrisas dibujadas para vender pañales, shampús, cremas y montones de productos relacionados con esta etapa.

Son publicidades y como tales quieren conmovernos y que rápidamente sintamos ganas de adquirir lo que muestran en ellas, asociando ese consumo con la felicidad de ser padres. ¿Imaginan una publicidad que intente vender algo mostrando la cruda realidad que se vive cotidianamente criando a un hijo?

Todo esto funciona de alguna manera porque nosotros -el público a quienes apuntan estas estrategias- también vivimos idealizando lo que es tener un hijo y convertirnos en una familia; no está permitido quejarse si fuimos bendecidos, hay que ser agradecidos porque otros seguramente valorarían mucho más que nosotros haber podido ser padres.

No está mal tener expectativas acerca de convertirnos en padres, tampoco idealizar un poco la situación, me imagino que si todo fuera negativo hace rato se hubiera extinguido la raza humana por falta de nacimientos. Todos los extremos son malos, ya lo sabemos, pero, aunque así sea inevitablemente nos vamos para los costados en todo y así en la materpaternidad nos está prohibido socialmente manifestar agotamiento, irritabilidad y hasta enojo con nuestras parejas e incluso con nuestros hijos. Todo tiene que ser perfecto como en las publicidades, porque si no estamos fallados y no encajamos en esta sociedad.

¿Qué hacemos entonces? Nos callamos, aguantamos, produciendo un quiebre en la pareja y la familia que les hace mal a todos, incluso a los niños, quienes primero que nada no pidieron venir al mundo y mucho menos sufrir padres amargados por tienen prohibido expresar cómo se sienten.

Ser padres es hermoso, mágico y desestructurante a la vez. Aunque no queramos se nos van a remover todas nuestras circunstancias vitales anteriores como el haber sido hijos, nuestra crianza y las cosas que pasaron con la pareja antes de concebir a ese niño. Además de ser hermoso es una oportunidad de crecimiento única, pero para hacerlo debemos encontrarnos con la realidad, bajar las expectativas y aceptar lo que sentimos para ser lo más espontáneos posibles, primero frente a nuestras parejas y luego con los hijos.

El pasaje de ser pareja a ser padres no es fácil, es evidente que la pareja va a tambalear en ese proceso de reacomodamiento, pero si podemos conversar previamente sobre lo que cada uno espera y nos acompañamos a la par como familia aprendiendo juntos, será como escriben los japoneses: (??= kiki). Es una fórmula compuesta por dos caracteres: uno significa “peligro” y otro significa “oportunidad”.

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