Esclavos modelo 2017

El ejercicio de libertad de votar no pudieron ejercerlo chicos de la Costanera porque estaban presos. Este increíble suceso de esclavitud fue un hecho más de la vida tucumana que siguió transcurriendo como si nada en las PASO.

20 Ago 2017 Por Federico Diego van Mameren
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El 31 de enero de 1813 empezaron a sesionar los diputados. Tenían un objetivo claro cual era avanzar hasta conseguir la independencia del país. Para eso crearon el escudo, la moneda, le dieron entidad al Himno Nacional, y, por sobre todas las cosas, empezaron a dar señales de libertad. Se acabaron los esclavos.

Doscientos cuatro años después, el domingo pasado para ser más exactos varios chicos de esta misma ciudad no pudieron votar. La ley les da libertad de ejercer uno de los más sublimes derechos a partir de los 16 años. Sufragar es un diálogo de conciencia con uno mismo que lleva intrínseca una decisión. Cuando el hombre decide crece y asume responsabilidades que en este caso tienen que ver con el futuro, con lo que le va a pasar al país. Ese ejercicio de libertad no pudieron ejercerlo chicos de la Costanera porque estaban presos. Un vendedor de paco les había retenido su documento hasta tanto consiguieran el dinero para pagar la droga consumida.

Este increíble suceso de esclavitud fue un hecho más de la vida tucumana que siguió transcurriendo como si nada en aquel domingo electoral en el que el justicialismo oficialista que gobierna la provincia consiguió un energizante triunfo con miras a los comicios de octubre donde se pondrán en juego las cuatro bancas que se renuevan en la provincia.

Ceguera

El miércoles pasado, ante las cámaras de televisión, dos arquitectos y un ingeniero (al que el conductor del programa lo trató de arquitecto en todo momento) se cansaron de repetir que no tenían conocimiento de que en el Instituto Provincial de la Vivienda se cometieran irregularidades y hasta que pudiera existir funcionarios de alto rango que exigen coimas para que las cosas funcionen. Reconocieron que escucharon rumores. Aceptaron que pueden ocurrir fallas pero ni personalmente, ni como entidades (el trío preside cámaras que nuclean a los empresarios de la construcción) asumieron que las coimas existen y que son ellos quiénes pueden frenarlas por el bien de una sociedad. Da la sensación de que priorizaran el negocio, antes que la ética. El dinero antes que nada, aún cuando la corrupción pueda enchastrarlo. Para ellos no llegaron los vientos de aquella Asamblea de 1813. Son verdaderos esclavos de un sistema hecho para delinquir y prefieren seguir atados a los grilletes. Eligen -no lo denuncian- vivir y construir una sociedad corrupta. Ante sus ojos hay funcionarios enriquecidos con sus dineros y prefieren mirar para otro lado.

Son poderosos empresarios que en el siglo XXI se aferran a la esclavitud que se derogó hace 204 años.

Los extremos que respiran

Para las dos fuerzas mayoritarias de la provincia, los comicios del domingo pasaron. Han tenido la velocidad de lo efímero. Las PASO, para el peronismo y para Cambiemos tucumanos, ha sido el boletín de calificaciones. Uno goza con sus 10 que aprueban la preparación y los exámenes a los que se sometió y el otro transpira con los reprobados. En cambio, para el Frente de Izquierda y de los Trabajadores los comicios del domingo pasado consolidan su espacio. No se trata de una foto ni de una libreta de calificaciones sino de votos absolutamente propios que expresan el descontento con la política actual. No hay sufragios prestados sino convencidos en las urnas que llenó el FIT. En octubre podrán incrementar esos guarismos, pero, seguramente, no van a disminuir. Para el candidato en primer término, Ariel Osatinsky, las PASO también fueron una ventana que se abre hacia 2019, cuando seguramente aspirarán a tener bancas ocupadas en la Legislatura provincial.

Algo parecido ocurre con la derecha que encarna Ricardo Bussi. El concejal se aferró al pasado como náufrago que se toma de un madero para sobrevivir. Por eso su voto no llevó colores y se pintó de negro y ni siquiera su foto puso en la boleta. Sólo el apellido Bussi. Usándolo como estandarte logró seducir un 9% del electorado que ni él mismo debe haber soñado. Octubre los espera con la tranquilidad de que tampoco debería perder sufragios ya que aquellos que pusieron su boleta en las urnas deben tener un grado de convicción superlativo. Para Fuerza Republicana las ventanas estaban apenas entreabiertas y no se veía con claridad 2019. El domingo, con las urnas abiertas, entró más luz para mirar al futuro.

Libreta de calificaciones

Cuando, José Alperovich, el titiritero mayor de la provincia empezó a mover sus clavijas y le dio vida a la candidatura del general Osvaldo Jaldo, el vicegobernador tenía encuestas poco claras. En el horizonte se vislumbraba el desafío de que debía sacarle a Cambiemos 115.001 votos de ventaja. De esa manera borraba con los votos lo que había ocurrido en los comicios de 2015. El canciller Juan Manzur se le puso a la par y compartieron cuanto acto se le presentó. Aprovecharon cada error del enemigo y lo estrujaron al máximo. Por eso a cada acción sospechada de clientelismo del macrismo, los peronista reaccionaban como jaurías enardecidas que ladraban en las calles, en las redes o donde les fuera posible. Las encuestas empezaron a llegar cada 15 días para medir al milímetro cada paso que fueran a dar. Evitaron que los bolsones y las dádivas se vieran y buscaron que pasaran inadvertidas, así también probaron el potencial de cada dirigente y finalmente, ni siquiera protestaron -como si lo hizo la ex presidenta de la Nación- cuando el cargado de los votos se demoraba en Aguilares o en Trancas. Todo eso les permitió al trío que integran titiritero, el general y el canciller conseguir una ventaja de 198.000 votos sobre sus principales rivales amarillos. Esa diferencia les permitiría conseguir tres de las cuatro bancas en disputa.

El mismo lunes después de los comicios el canciller y el general volvieron a la calle y a los actos. Tuvieron casi tres por día. El desafío que se pusieron adelante será sostener esa diferencia. Para ello los especialistas en comicios revisan circuito por circuito en el interior, pero van a intentar seguir rapiñando votos en la Capital que es donde ellos sienten que está el principal enemigo. El intendente Germán Alfaro llegó como dueño de la Capital y al haberse acercado tanto (el peronismo perdió por un 3%) es una tentación ganarle en ese terruño a quien fuera un compañero en otras lides.

El capital está en la Capital

Cambiemos tiene tantas internas que la disputa electoral en las PASO le hubiera ayudado a curar heridas. Sin embargo el candidato en primer término fue elegido directamente por el dedo del presidente de la Nación. Mauricio Macri en esa elección cometió un error estratégico: siempre dijo que José Cano era el candidato a gobernador de 2019. Entendió mal la consigna que tanto se había masticado. Siempre se dijo que para llegar al 19 había que consolidar todo en 2017. Macri puso el carro delante del caballo e invirtió el almanaque. Además Cambiemos llegó al día de la votación con la necesidad de acortar aunque fuera por un voto aquella diferencia de 115.000 sufragios que quedó desde 2015 y, en vez de reducirse, se agrandó. Y, así les fue. Los resultados del domingo pasado dicen que de las cuatro bancas se quedarían sólo con una.

Cambiemos arrancó con una vieja encuesta donde Cano tenía ventajas, luego se olvidaron de monitorear cómo iba cambiando el humor popular. En agosto se hablaba de mantener el Dos a Dos y ahora debe evitar que ocurra el tres a uno. El lunes después de los comicios la rutina cambió. No hubo grandes actividades de los principales referentes, sólo poner la cabeza en frío y sentarse a replantear todos las estrategias. Les preocupa qué hacer para que vuelvan a trabajar algunos dirigentes que se borraron literalmente y encontrar alguna pócima que pueda hacer que peronistas y pros constituyan una amalgama junto a los radicales.

No les va a ser fácil recuperar los votos perdidos. Algunos sostienen que están principalmente en la capital, que fue uno de los distritos donde menos tucumanos votaron. Si bien el porcentaje fue alto (77%), los dirigentes afines a Alfaro creen que se pueden conquistar voluntades que ni siquiera se movieron de sus casas.

En las luchas fratricidas por el poder nadie duda que 2019 es el motor de todas las batallas, sin embargo, en la vida cotidiana hay quienes siguen atados a la esclavitud que se abolió en aquella larga asamblea de 1813. A unos los envuelven las cadenas porque la pobreza y la enfermedad los droga; a otros porque la codicia los embriaga. De los chicos adormecidos por la droga y de los empresarios indolentes a la corrupción se habla en campaña, pero tampoco nadie se ocupa.

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