“No sabemos cómo seguir”, lamentaron los hermanos del hombre asesinado en un robo

Diego Costilla entregó su moto a los asaltantes, pero aún así lo asesinaron. Tenía dos pequeños hijos y era el sostén de su familia

19 Ago 2017

“¡Cómo puede ser que esta gente ande suelta! Y lo peor es que si los llegan a agarrar, al otro día los van a largar de nuevo”, se quejaban ayer a la mañana dos vecinos del barrio 130 Viviendas, en La Talitas. Conversaban en un almacén ubicado al frente de la casa donde vivía Diego Ramón Costilla junto a su familia. A esa hora, en el vecindario, ya se había desparramado la noticia de su homicidio.

Costilla fue asesinado pasada la medianoche. El hombre, que tenía 31 años, regresaba en moto a su casa ayer a la madrugada. Cuando circulaba por la esquina de avenida San Ramón y Rafael Obligado, en El Colmenar, se le acercaron dos jóvenes a bordo de una moto blanca. Estos lo amenazaron con armas de fuego para que detuviera la marcha y le exigieron que entregara el rodado. Sus familiares -y fuentes de la investigación- coincidieron en que Costilla no intentó resistirse. Por el contrario, se bajó de su motocicleta y la entregó a los asaltantes. Pero no fue suficiente: mientras la víctimas se alejaba a pie, los ladrones le dispararon.

Personal del 911 y una ambulancia se presentaron en ese lugar momentos después. Encontraron a Costilla tirado sobre una vereda con un balazo que había ingresado por su espalda y había salido por su estómago. Lo trasladaron de inmediato al Centro de Salud, pero llegó sin vida al hospital. Los policías encontraron en la escena del hecho una mochila con las pertenencias de Costilla, que permitieron identificarlo.

Los vecinos reaccionaron de la peor manera. Explotaron al ver una nueva víctima de la inseguridad. Primero comenzaron a insultar a los uniformados y después, les arrojaron todo tipo de proyectiles. Los policías tuvieron que retirarse del lugar. Horas después, cuando se calmaron los ánimos, volvieron.

“No puede ser que vivamos así. No lo conocía al muchacho, pero era un trabajador que volvía a su casa, a ver a sus seres queridos. Lo atacaron como a un perro, como si fuera lo peor de la sociedad”, comentó María Laura Martínez, vecina de la zona.

Fernanda de Heredia, también habitante del lugar donde ocurrió el crimen, se descargó con LA GACETA. “Esta zona es muy peligrosa. Andan todos dando vueltas para ver que es lo que pueden robar. Necesitamos de una vez por todas que nos ayuden a vivir más seguros. No puedo creer que haya gente que no le importe la vida de otra persona y sean capaces de matar así. Dicen que el pobre hombre les dio la moto, ¿por qué le dispararon?”, señaló indignada.

La despedida

“Era una excelente persona, lo único que hacía era ir y volver del laburo. Acá en el barrio tenemos un muy buen recuerdo de él”, comentó un vecino que no quiso identificarse. Costilla vivía en el 130 Viviendas junto a su esposa y a sus dos hijos: un varón de cuatro años y una nena que cumplió ocho esta semana. Era el único sostén de su casa y se ganaba la vida trabajando como mozo en un bar céntrico, frente al Instituto Provincial de la Vivienda (IPV).

Sus familiares decidieron velarlo en la casa de sus padres, ubicada en Banda del Río Salí. En ese lugar, sus hermanos Silvio y Ricardo Barrera hablaron con LA GACETA. “No sabemos a quién culpar, creemos que si el presidente (Mauricio Macri) hubiese apoyado al Gobierno de Tucumán hoy viviríamos mejor con la seguridad. La Nación nunca se ocupó ni de la inseguridad ni de las adicciones. Estamos totalmente desamparados”, protestaron.

“Estamos destrozados, no sabemos cómo seguir después de esto. No tenemos más palabras que solicitar justicia. Lamentablemente, en estos tiempos vivimos el día a día sin saber si vamos a volver a la casa”, agregaron los hermanos de Costilla.

Una empleada del IPV lo despidió en las redes sociales. “La tristeza en las miradas de mis compañeros era la primera imagen que se transmitió en el día de hoy al ingresar a nuestro trabajo, la inseguridad volvió a ganar las calles de esta ciudad. El mozo del bar de frente a nuestro trabajo, el que todas las mañanas con una sonrisa nos atendía, el que tenía tantas aspiraciones por terminar el secundario y continuar, era un compañero más, un hijo más, un amigo, formaba parte de esta gran familia institucional. Lo mataron para robarle la moto con la que se trasladaba a trabajar, no se puede creer Diego lo que te hicieron, toda una vida por delante, dejaste hijos pequeños y una esposa, te queríamos mucho. Adiós, Diego”, escribió Mónica Agüero.

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