El tránsito caótico es perjudicial para la calidad de vida

19 Ago 2017 Por LA GACETA

Los semáforos están en rojo y se encienden los bocinazos como si estos fueran a lograr inmediatamente que las luces se pusieran en verde y la larga cola de vehículos avance como si fuese un suspiro. La histeria de los conductores afecta a los transeúntes que deben soportar el estruendo emitido por los cláxones y la aceleración de motores que quieren que en el instante, se muevan colectivos que adrede se han cruzado en la ochava impidiendo la circulación, generando un efecto tapón. Ello sucede a diario durante las horas pico en varias calles del centro y en las avenidas tucumanas. Las ciudades con deficiencias urbanísticas, con un tránsito caótico, con problemas en los servicios, son generadoras de enfermedades.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) afirmaba en 2010 que los desafíos para la salud más evidentes en las ciudades estaban relacionados con el agua, el medio ambiente, la violencia y los traumatismos, las enfermedades no transmisibles (enfermedades cardiovasculares, cáncer, diabetes y enfermedades respiratorias crónicas), dietas malsanas, inactividad física y consumo nocivo de alcohol, así como con los riesgos asociados a brotes epidémicos. “La vida en las ciudades y las crecientes presiones derivadas de la comercialización masiva, la disponibilidad de productos comestibles malsanos y el acceso a la automatización y al transporte influyen sobre el modo de vida y afectan directamente a la salud”, manifestaba y proponía, entre otras cosas, promover una planificación urbana que propicie los hábitos saludables y la seguridad, incorporar a las comunidades en los procesos decisorios y asegurar que la infraestructura de las ciudades sea accesible a las personas mayores.

Un cardiólogo tucumano consultado por nuestro diario señaló que el tránsito afecta al sistema cardiovascular: puede aumentar la frecuencia cardíaca, causar arritmia y elevar la presión arterial en personas con predisposición. “Quienes viven el día a día del tránsito, los choferes, por ejemplo, son los que más padecen esta situación. Si además presentan otros factores de riesgo, como colesterol alto, hipertensión, obesidad y tabaquismo, aumenta la posibilidad de sufrir un infarto”, sostuvo. Un psiquiatra afirmó que la residencia en una ciudad con mayor densidad de población se asocia con influencias ambientales negativas como el estrés, el empleo de drogas ilegales, la pobreza y el hacinamiento.

En 2009, la Helmholtz Zentrum München, de Alemania divulgó un informe en el que se afirmaba que las personas que conducen o viajan tienen 3,2 veces más riesgo de sufrir un infarto a largo plazo en comparación con las que no se exponen al tránsito.

Desde la década de 1990 se viene estudiando el tránsito en Tucumán. Algunos urbanistas han aconsejado restringir el ingreso de vehículos particulares al centro, ampliar los sectores peatonales para favorecer al transeúnte, alentar el empleo de la bicicleta por ser un vehículo económico, no contaminante, que brinda varios beneficios a la salud, como reducir la obesidad y ayuda a combatir las enfermedades relacionadas con ella, y construir ciclovías.

Sin embargo, han transcurrido más de 20 años y no solo caos del tránsito es cada vez peor, sino que la calidad de vida del ciudadano también lo es. ¿De qué sirvieron tantos estudios si no se aplicaron o solo se los implementó parcialmente? ¿Miedo a tomar decisiones? ¿Falta de visión de futuro? ¿Incapacidad de nuestros representantes? “El crecimiento de las ciudades tucumanas depende mucho de la sensatez de cada decisión parcial de los políticos. En alguna cabeza debería haber ideas claras sobre el futuro de la ciudad”, afirmó el arquitecto César Pelli, en una de sus visitas.

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