Un espacio capaz de contener el mundo

20 Ago 2017
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AMPLIANDO EL ESPACIO INTERIOR. Las grandes cualidades humanas (imaginación, sensibilidad, comprensión, inteligencia) se verán enriquecidas mediante la lectura.

Por Nicolás Zavadivker - Para LA GACETA - Tucumán

Antes de sugerir estrategias en torno a cómo iniciar a un niño en la lectura, me parece importante reparar en por qué es importante que un niño (y también un adulto, claro) le dedique parte de su tiempo a leer. La pregunta cobra mayor relevancia en un mundo dominado por la imagen, al que los niños se incorporan temprana y entusiastamente sin que haya que elucubrar estrategias para ello. Resulta notorio, dada la cantidad de personas que no incorporaron el hábito de la lectura, que es posible desempeñarse eficazmente en el oficio de la vida prescindiendo de esa costumbre. La pregunta que abordaré es si los libros agregan algún condimento valioso a la experiencia humana, condimento que los medios masivos de comunicación (centrados en la imagen) son incapaces de generar.

Siguiendo al filósofo Samuel Schkolnik, sostengo que los libros, además de brindarnos un calmo disfrute, despliegan en nosotros un espacio capaz de contener el mundo. El lector ampliará su limitada experiencia personal hacia otras culturas y lugares, hacia el pasado de la humanidad y a sus futuros posibles, hacia otros pensamientos, sensibilidades y experiencias de vida. Si saborea la literatura, esa ampliación no se limitará al mundo real, sino que se abrirá a mundos posibles: aquellas historias que no ocurrieron pero que podría haber pasado, y que nos permiten iluminar el mundo real desde otra perspectiva. En fin, las grandes cualidades humanas (imaginación, sensibilidad, comprensión, inteligencia) se verán enriquecidas mediante la lectura, haciendo crecer en el lector un espacio interior, una subjetividad capaz de dar sentido a la realidad.

Dicho esto, coincido con las usuales recomendaciones para iniciar a los niños en el mundo de los libros: leer delante de ellos para que vean nuestro disfrute y busquen imitarnos, leerles y contarles cuentos, tratando de generar un momento especial y de asociar la lectura al placer y al descubrimiento. Que la selección de las historias esté guiada por sus intereses; permitir que ellos decidan qué títulos quieren comprar y enseñarles a valorar el objeto-libro. Si algo de esto funciona, el niño seguramente irá encontrando el estímulo por sí solo.

© LA GACETA

Nicolás Zavadivker - Doctor en Filosofía.

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