Video: arrancó la kermés de San Roque, un clásico bien tucumano

Como ocurre desde hace medio siglo, los puestos se adueñan de la calle y miles de tucumanos se mezclan entre las ruletas y los chocolatines.

18 Ago 2017

Los más nostálgicos recuerdan que la fiesta de San Roque provocaba una marea de visitantes que obligaba a cortar la avenida Avellaneda, desde Esquina Norte hasta San Juan. Como ocurre cada 16 de agosto, esta semana arrancó la kermés que se extenderá a lo largo de 10 días y reunirá a miles de tucumanos que vuelven atraídos por uno de los encuentros populares más típicos de la ciudad. 

Por Haití, desde Santiago del Estero y cruzando el pasaje Sorol y Gobernador Gutiérrez, los puestos se alinean con la misma oferta desde hace décadas. Aunque muchos recuerdan que antes se rifaban animales vivos, en los últimos 25 años las ruletas, loterías y los tumbalatas se convirtieron en las grandes atracciones.



Generaciones enteras de tucumanos pasaron horas con un puñado de "Holanda" y soñando con llenarse los bolsillos de chocolatines. Aunque no siempre la suerte frena en el lugar deseado, a veces importa más pasar el rato, como "cuando éramos chicos". Esa frase se replica en la mayoría de los adultos que ahora vuelven como padres, tíos y abuelos.  

"Tengo una barraca de chocolatines. Trabajo desde 1960 en la kermés. Son muy buenas. Antes, como mucho eran cuatro o cinco días. Eran en la avenida, por la calle San Juan y hasta la Corrientes. Andaban los tranvías todavía. No se podía caminar por la cantidad de gente que había, desde Esquina Norte, de los dos lados de la avenida. Había rifa de animales vivos. Mi hermano tiene otras barracas. Ahora, a los 87 años ya no viene. Pero ahí andan los hijos", resumió Humberto Décima, que hace años peina canas pero ni loco se la pierde.



A Raúl Pedre esta festividad le marcó la vida. Recuerda que heredó el puesto de su padre y que ahora lo comparte con sus hijos. Dando vueltas entre los mesones conoció a su mujer hace más de 50 años. "Nos conocimos jugando, de niños. Después nos casamos y formamos una familia. Esto es muy lindo para mí. Este lugar es una tradición".



Entre tanto paseo lúdico, la gastronomía también es una de las atracciones y Rafael Palomo se jugó unas fichas a la parrilla. "Soy vendedor desde hace 30 años. Venía a trabajar aquí desde chico. Después pasé a las artesanías y a la bijouterie", reconoce mientras cuenta que hace cinco años que me hace sanguches de churrascos y que recorre diferentes ferias a lo largo de la temporada.

Aunque siempre habrá alguien que llegue por primera vez, las historias y anécdotas ligadas a la kermés de San Roque forman parte del legado de varias generaciones de tucumanos, que como la ruleta, giran cada segunda quincena de agosto en busca de algo más que un puñado de "Holandas".

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