No, los chicos no están bien

18 Ago 2017 Por Guillermo Monti

La colección de frases hechas que rodean el universo infantil (al estilo “los chicos primero”) no son más que eso, palabras lanzadas al viento. No es nada simpático ponerse pesimistas a pocas horas de un festejo como el Día del Niño, pero la realidad es tan poderosa que no permite que la disfracen. No, los chicos no están bien. Hacía mucho que no se recibía en la LA GACETA tal cantidad de pedidos de difusión para las campañas solidarias. Eso habla muy bien de quienes se movilizan con la intención de dar una mano y habla muy mal del contexto social.

Despertando Corazoncitos, Sonríe, yo invito; Alas Solidarias, La Garganta Poderosa, El Arte de Vivir, la Fundación León, Un mundo diferente, Manos Abiertas, Juventud Unida No a las Drogas... Son algunas de las ONG que vienen recolectando juguetes y alimentos para celebrar el domingo en algún punto del Tucumán más vulnerable. Los grupos de voluntarios se multiplican con la misma intención. Los chicos del Instituto Técnico tuvieron una idea para el aplauso: en lugar de promocionar su Semana con la tradicional caravana, harán una caminata desde la escuela hasta el Hospital de Niños, con las manos colmadas de regalos.

También hay margen para la creatividad. La biblioteca popular Crisálida y la Red Mate de Personas Ciegas programaron una “grabatón” de cuentos. ¿En qué consiste? Es una convocatoria abierta a quien quiera leer una historia frente a un micrófono. Ese registro servirá para acercar la literatura a los chicos ciegos. Se realizará hoy (de 12 a 18) en El árbol de Galeano.

Estos botones de muestra se quedan cortos, porque hay que sumarles las movidas impulsadas por sindicatos, clubes, grupos religiosos, universidades, empresas y, claro, el Estado en sus distintas expresiones. Es un entramado solidario variopinto, cuya extensión resulta directamente proporcional a las necesidades que afloran por aquí y por allá.

Hay diferentes maneras de leer y de comprender los grados de desprotección que castigan a la niñez. El primero, el más grave, refiere a la exclusión. Los chicos en situación de calle, los mal alimentados, los expuestos a las enfermedades, la carne de cañon de las adicciones, pibes y pibas obligados a trabajar cuando deberían a estar en la escuela; pibes y pibas víctimas de la violencia -la institucional y la familiar-; una legión de desangelados que cruza la geografía tucumana condenados al maltrato o, en el mejor de sus casos, a la indiferencia. Un juguete, que no es más que una caricia, un rato saltando en un pelotero, leche chocolatada con facturas, tal vez un par de zapatilllas... No mucho más que eso puede ofrecer una ONG durante el Día del Niño. Para esos chicos es un mundo.

Hay otros niveles de desprotección. Pibes que pueden tener la panza llena pero carecen de un alimento no menos valioso: la interacción con su micromundo de referencia. Padres que los “enchufan” al celular o a la televisión, que no los escuchan ni se involucran en su día a día, desinteresados de su rendimiento escolar, inmunes a los gritos -muchas veces silenciosos- que profieren sus hijos. El domingo pasado, LA GACETA invitó a los padres a organizar un Día del Niño distinto. A regalar una experiencia antes que un objeto. Lo certificaron quienes saben del tema: cualquier chico guardará para siempre ese recuerdo feliz. Las cosas, que cada vez tienen fechas de vencimiento más acotadas, se usan y se tiran.

¿Más desprotección? En la página 2 de TUcumanos publicamos hoy un informe, emanado del Ministerio de Justicia de la Nación. Revela que el acoso a los niños en internet creció un 1.600% durante los últimos dos años. Se trata de grooming (el contacto que entabla un adulto con un menor en la web con el fin de concretar un abuso sexual), de sexting (la viralización de algún contenido de tipo erótico que originalmente se había intercambiado de forma privada) y de ciberbulling. Y detrás, siempre presente, sobrevuela la atrocidad de la pornografía infantil. Es un pantano del que un niño sólo puede salir guiado por un adulto. Por lo general, cuando se actúa, es tarde.

No, los chicos no están bien. Es fácil comprobarlo: el lunes, cuando se desinflen los peloteros y no quede más chocolatada, las cosas volverán a ese limbo tan injusto como incómodo llamado normalidad.

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