Diez lecturas acerca de lo que pasó en las PASO

18 Ago 2017 Por Álvaro José Aurane

1 - Las PASO han demostrado que son útiles, porque nunca es inútil que el pueblo acuda a votar. En todo caso, fueron paridas por un acuerdo entre el PJ y la UCR para disciplinar a sus díscolos y para complicar a los “partidos chicos”, pero aun así son una instancia en la cual el pueblo se expresa de manera directa.

2 - ¿Qué dijo el pueblo en las PASO? Que el peronismo está en crisis, como cada vez que pierde una elección presidencial desde el retorno de la democracia; y que esa fractura le da hoy el triunfo a sus adversarios: como el alfonsinismo en 1985, el macrismo no es mayoría, sino primera minoría. Pero con el justicialismo astillado, le alcanza el 36% de los sufragios para cantar victoria. Dice el pueblo, también, que el kirchnerismo era un “partido cartelizado”. Cuando perdió el manejo de los recursos del Estado, perdió el poder. Sus socios del “cartel político”, también. De ser un proyecto “nacional y popular” pasó a una mera expresión bonaerense, que ni siquiera es mayoritaria.

3 - El pueblo tucumano ha dicho que en la Provincia no gana el cambio. Ha votado que quiere seguir como está. Respecto de esta manifestación popular se puede estar de acuerdo o en desacuerdo, lo que no puede haber es denostación. Al que considera que el triunfo macrista es legítimo en otras latitudes, pero vomita contra los tucumanos que han dado su apoyo al justicialismo en las urnas, hay que avisarle que el kirchnerismo le ganó la batalla cultural. En rigor, Tucumán expresa lo mismo que todo el NOA: en la región ganaron todos las administraciones provinciales; y esa no es una lógica peronista, sino norteña: Jujuy, donde gobierna Cambiemos, es el único distrito del Noroeste donde ganó Cambiemos. El Norte, entonces, se consolida como frontera cultural. Aquí triunfan los regímenes. Los partidos son circunstancias; y los gobernantes, desinencias. Jaldo ha sacado tantos votos como Juan Manzur y como antes José Alperovich. Al igual que el ex radical Gerardo Zamora, ha concretado un triunfo como los del caudillo peronista Carlos Juárez. Y así en cada distrito hasta el génesis del subtrópico.

4 - En octubre se juegan en Tucumán dos comicios en una sola elección. El primero es por los votos. El otro es por el reparto de las bancas. Las PASO también arrojan lecturas en esos dos niveles. Respecto de la cantidad de votos, más que decir que Cambiemos ha perdido, hay que subrayar que es el Frente Justicialista el que ha ganado. En 2015, Manzur obtuvo 490.000 votos (51,6% de los sufragios) para ser electo gobernador. El domingo, Jaldo obtuvo 494.000 votos para consagrarse candidato a diputado (53,3%). Léase, el Gobierno local no registra desgaste electoral en dos años de gestión. Semejante performance hace perder de vista que el desempeño de Cambiemos en Tucumán fue, prácticamente, tan bueno como el de otros distritos donde sí celebraron con globos amarillos. En provincia de Buenos Aires, el “empate técnico” con el kirchnerismo se logró con la acumulación del 35% de los votos. En Jujuy, el triunfo de Morales se consiguió, también, con el 35% de los sufragios. En Tucumán, Cambiemos por el Bicentenario obtuvo el 31% de las voluntades. Entonces, el asunto no es el desempeño macrista en la provincia, sino el descomunal desenvolvimiento del oficialismo.

5 - Otra es la lectura respecto del eventual reparto de las bancas. Los tucumanos renuevan cuatro diputados nacionales: dos justicialistas y dos del espacio local de Cambiemos. Si en octubre no se revierten las proporciones del domingo pasado, ese empate de bancas trocará en derrota para el macrismo, porque el PJ se quedará con tres poltronas. Y en este caso, más que reparar en que a la votación la gana el Frente Justicialista, habrá que decir que la pierde Cambiemos. En las elecciones de gobernador de 2015, la oferta que encabezó José Cano obtuvo 380.000 sufragios. Este fin de semana, la propuesta que lideró el radical consiguió 290.000 voluntades. Un 25% menos. Ese espació perdió casi 100.000 votos en dos años. Hay tragedias griegas que no son tan trágicas. ¿A dónde fue a parar tamaña hemorragia? Probablemente, una mitad de esa sangría se derramó en FR: Ricardo Bussi pasó de sumar 30.000 votos en 2015 a contar 90.000 hace cinco días. La otra mitad pudo haber ido a la abstención: el domingo fue a votar un 6% menos de tucumanos que hace dos años: 70.000 electores se quedaron en casa. Desangrarse así permitió a Jaldo cumplir con su profecía de hace 15 días: ganar por 200.000 votos de diferencia. Dicho en términos austeros, una montruosidad.

6 - ¿Cómo se explica la performance justicialista? Sin soslayar cuestiones estructurales, como la condición históricamente peronista de la provincia, el Gobierno que asumió en 2015 ha transitado su mandato sin sobresaltos administrativos: las paritarias con los estatales aquí fueron casi una anécdota. A la vez, se logró mantener una conducción tricéfala, que si bien no está desprovista de codazos, nunca derivó en una interna fratricida. Es más: la apuesta electoral actual se definió entre Manzur, Jaldo y Alperovich, durante esa reunión que todos aseguran que no existió. El ex mandatario llegó a Casa de Gobierno con una encuesta de Hugo Haime. Y manifestó un diagnóstico similar al que LA GACETA avisó aquí mismo el 14 de abril: Pablo Yedlin es buen candidato para enfrentar a cualquier opositor, menos a Cano. Estaban perdiendo por ocho puntos con el radical, así que a criterio de Alperovich el candidato debía ser Jaldo. Manzur permaneció en silencio. Jaldo planteó que en todo caso fuera el ex gobernador quien se postulara, pero el aludido contestó que no debía hacerlo: se declaró un “político con proyección nacional”, por lo que argumentó que tendría a la prensa de todo el país, y por sobre todo a los jueces federales, hurgándolo día y noche. “Decidan ustedes”, se despidió. La apuesta era -y sigue siendo- arriesgada para los tres. Jaldo se jugó a todo o nada y es el gran ganador. Pero ese triunfo tiene, también, un boleto que lo lleva a Buenos Aires. Y al frente tiene a Cano que perdió 100.000 votos, entre otras circunstancias, justamente durante los casi dos años en que se ausentó de la provincia. Alperovich revalidó su condición de “gran elector”, pero ese triunfo le costó su condición de “incuestionable”. Ahora, los dos dirigentes que respaldó para que lo sucedan en el Gobierno han demostrado que tienen el mismo poder de fuego electoral que él. Manzur, hacia afuera, es el mejor “parado” de los miembros de la Liga de Gobernadores. Hacia adentro, deberá decidir en breve qué quiere hacer en 2019 y -sobre todo- con quién quiere hacerlo. De lo contrario, los otros decidirán por él. Sin embargo, los tres acordaron meterse en este “baile” porque una derrota en los comicios de este año les depararía un futuro común: el llano. En Cambiemos hicieron, más o menos,todo lo contrario.

7 - El triunfo es fácil de explicar: el éxito consiste en tornar sencillo lo que es difícil. El fracaso es más complejo... Cano ha demostrado que, cuando juega en sociedad con la Intendencia capitalina, es un candidato de 300.000 votos: algo inigualable en la oposición. Germán Alfaro ha ratificado que la simbiosis de la intendencia con Cano le permite ganarle a la Casa de Gobierno y a la Legislatura. Sin embargo, desde uno y otro entorno se adjudican responsabilidades por el resultado de las PASO. En el sector de Cano sostienen que hay horas de spots publicitarios grabados por el radical, especialmente con jóvenes y bajo la dirección del equipo nacional de Cambiemos, que asesores del alfarismo (que fueron suyos en un pretérito cercano) decidieron no televisar. Reclaman que se respete el “método Durán Barba” para la campaña. En el sector de Alfaro, reniegan de que los aliados radicales de Cano “no militan”. Aunque no lo dicen, esa “no militancia” explicaría la derrota en Concepción, donde la inversión en obra pública sería envidiada hasta por la Municipalidad de Córdoba. En Tucumán, sostienen los alfaristas, no se gana en las redes sociales, sino en la calle. A lo que agregan que, para la celebración de las PASO, se pidió a las intendencias radicales de la “Perla del Sur” y de Yerba Buena que organizaran los fiscales para la Sección Oeste: una mitad cada una. La respuesta fue que sólo podían asegurar los fiscales de sus propios distritos. Miles de mezquindades, todas juntas, no hacen ni una sola grandeza.

8 - Tanto el Frente Justicialista por Tucumán como Cambiemos por el Bicentenario tienen estructuras estatales que los respaldan. Pero sus dimensiones son incomparables. El PJ mostró ser una máquina electoral tan aceitada que podía prever resultados exactos con dos semanas de antelación. Sus adversarios son, apenas, un grupito. Esto no es un impedimento para enfrentar al oficialismo, pero sí un condicionante, que se agrava por las propias desinteligencias, sumadas a una infinidad de rencillas internas de cada sector. Fundamentalmente en el radicalismo, donde las acusaciones de “jugar en contra” están a la orden del día contra concejales, legisladores y parlamentarios nacionales. Es más, mientras se desarrollaba la campaña, referentes de este último sector visitaban a “correligionarios” del este y del oeste para organizar el territorio y enfrentar a Cano en las internas de 2019. Son conductas disvaliosas, sin duda; así como también es cierto que, en nombre de que él es el candidato con más votos, el radicalismo está puesto al servicio del ex titular del plan Belgrano prácticamente durante la última década. Mientras la UCR no se armonice de manera interna, toda elección será siempre una cuasi guerra civil.

9 - Un elemento estructural, nada menor, se hizo evidente desde el lunes, y trasciende a los candidatos: hay un sector del electorado de Cambiemos que no es confiable para un amplio sector del electorado tucumano capaz de cambiar su voto. Más aún: directamente, le es hostil. Una de las más lacerantes vergüenzas que dejaron las PASO fueron los mensajes de unos cuantos, replicados por miles en las redes sociales, odiando de la manera más discriminadora a los tucumanos pobres de La Madrid, porque en esa zona ganó el PJ. Les llegaron a decir que merecían las últimas inundaciones, y muchas más, sólo por haber ejercido la democrática libertad de votar a quien se les diera la gana, que en la mayoría de los casos no fue el macrismo. Lo peor no es que haya tanta gente alfabetizada que no entiende un cuerno de la realidad de sus congéneres: lo más alarmante es que los madrileños sí castigaron al Gobierno tucumano. En agosto de 2015, el Frente para la Victoria y sus acoples superaron los 2.500 votos, mientras que el Acuerdo para el Bicentenario apenas sumó 77. El domingo, el Gobierno arañó sólo 1.700 votos. Y el macrismo, con poco más de 500 sufragios, multiplicó por siete las adhesiones. Es decir, hace dos años, la oposición recibía allí un voto por cada 33 del oficialismo provincial. Este fin de semana, Cambiemos obtuvo un voto por cada tres del peronismo. ¿Y a cambio de semejante cambio los pobladores fueron insultados con amenazas de que nunca más habrá solidaridad para ellos? Los que no comparan ni una cifra, y adhieren a pensamientos perfectamente fascistas, les quieren tomar lecciones de bolchevismo y revolución al pueblo pobre...

10 - Si, como ha quedado demostrado, el oficialismo podía obtener la mitad de los sufragios sin necesidad de convertir a la provincia en la sede nacional del festival de las maniobras fraudulentas, ¿por qué tanto bolsoneo, acarreo y tiroteo entre las urnas quemadas, embarazadas y refajadas en 2015? Trágica la psiquis del populismo, que aborrece la democracia, mientras declara defenderla.

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