Un poeta que saca a luz la raíz de su copla

El recitador Carlos Arancibia presentará su libro hoy y mañana

18 Ago 2017
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EL POETA. Se crió en Tafí Viejo.

Hace mucho marchó a Buenos Aires. Suelen decir que siempre se vuelve a la infancia donde se fue feliz. “Cada vidala es un salmo cada zamba una plegaria, la chacarera es un rezo, mujer que sabe a calandria. Es algarroba madura, cuando el coyuyo ya canta, es viña, zafra y pañuelo, es la copla y la tonada...”, dice Carlos Arancibia, escritor costumbrista, recitador, conductor radial, columnista en varias publicaciones, que hoy a las 20, en la Casa del Bicentenario, de Yerba Buena, presentará su libro de poemas “La raíz de mi copla”, en compañía del destacado músico Héctor Esteban Pais. Mañana, a la misma hora, en la Casa del Bicentenario “Catalina de Suárez”, de ese Tafí Viejo que lo crió y le despertó las alas de la poesía, hará una nueva presentación. También allí estará Pais, a quien se sumarán Gerardo Núñez, Mariela Narchi y Quique Yance. En ambos casos, la entrada será gratuita.

“Tucumán le arde en los ojos como un tizón encendido. Carlos Arancibia hace de su vida una búsqueda interminable por su tierra, se hunde en su infancia de la Villa Obrera de Tafí Viejo, sus talleres ferroviarios, sus cerros azules, los azahares de limoneros bailando en el viento y una alfombra celeste de flores de tarcos imitando el cielo en las calles del pueblo. Como un rito asoman a su boca coplas donde el indio, los pucaras, las urnas funerarias le dan la sensación de desandar un angosto sendero donde se quemaron los sueños”, escribe Graciela Arancibia en el prólogo.

“La raíz de mi copla” es el primer libro de poemas de Arancibia, que ha obtenido varias distinciones como recitador y cuyo programa radial “Senda folclórica”, que se emite desde 1996, fue declarado de interés cultural y auspiciado por la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación. “Como un yuchán desgajado bajo una luna bermeja, vidalas y bagualas deshojándosele lentamente en los oídos a cada golpe de caja. Los sueños se le hilan en una senda fugada de la mirada de pastores, zafreros, alfareros, desvaídos de tristezas en sus duros oficios. Él necesita nombrarlos, adentrarse en sus secretos, atormentándose con las urnas donde descansan muertos que no son suyos, pero se siente de ellos”, dice Graciela Arancibia.

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