Veneración a la Virgen de Urcupiña: “todo lo que le pedí, me lo concedió”

Anoche, los fieles tucumanos acompañaron en la peatonal Muñecas a las imágenes traídas desde distintos puntos de la provincia.

16 Ago 2017

Marisa Aguirre se movió entre los organizadores, los músicos, los bailarines y las decenas de fieles. Anoche, en su rostro se pudo observar con fuerza su gratitud y adoración a la imagen. Y esa veneración se acentuó aún más cuando la nombraba: “No podía quedar embarazada. Lo intenté durante muchos años. Hace cuatro años conocí a la Virgen de Urcupiña y al mes quedé embarazada”, relata la mujer. “Así como me concedió este milagro, lo hizo con muchos otros. Algunos estaban sin casa, pero pudieron conseguir un techo después de conocerla”, añadió.

Era 15 de agosto y un centenar de fieles se han movilizado por la 25 de Mayo, calle que cruza el centro de la capital provincial. Acompañados por la noche, los creyentes habían salido de la plaza Urquiza en una procesión llena de baile, canto y rezo.

Toda esa algarabía se repitió al paso de la luna y en plena peatonal Muñeca, casi llegando a calle San Martín. Allí, se ubicaron enfrentadas en una especie de altar varias imágenes de la Virgen traídas de Famillá, Trancas, Banda del Río Salí, Lomas de Tafí (Tafí Viejo) y de la iglesia Católica Carismática, de San Lorenzo al 800, en la capital. Frente a ella, bailares se movieron al ritmo de la música de caporales y el folclore.

“Tiene muchos seguidores en la ciudad y en la provincia, aunque en Salta y Jujuy la festividades son más populares. Aquí, se hizo muy conocida por estar presente todos los días en la peatonal Muñecas. Es muy milagrosa y la gente le pide por buena salud, prosperidad y espiritualidad, entre otras cosas”, comentó Gabriela Cura, una de las organizadoras.

“Siempre voy a la iglesia (de San Lorenzo al 800). Me enamoré de ella, de su carita. Todo lo que le pedí, me lo concedió”, manifestó.

Cura contó que su hermano durante mucho tiempo sobrellevó una enfermedad cardíaca y que los médicos no le daban muchas esperanzas de curación a través de una operación. “Hoy, es una persona vigorosa. Antes fumaba, ahora es una persona sana”, relató.

La Virgen es oriunda de Quillacollo, Bolivia. La historia, según el sitio urcupiña.com:

“A fines de 1.700, en la comarca de Cota (hacia el sudoeste de Quillacollo), vivía una humilde familia de campesinos quienes subsistían gracias a la utilidad de su pequeño rebaño de ovejas que se encontraban al cuidado de la hija menor. La niña pastorcita era vivaz y de una gran imaginación.

La muchacha se dirigía diariamente hacia las bajas colinas del frente de Cota, pasando el río de Sapinku. Un día esplendoroso de agosto, cuando el sol jugueteaba con los agrestes arbustos de la colina y el pasto esmeralda deslumbraba, se le apareció una señora, quien tenía un hermosísimo niño en sus brazos. Frecuentemente, la pastorcita jugaba con aquel niño en las aguas de una vertiente que brotaba de las rocas.

Desde entonces, casi siempre la muchacha demoraba su retorno a la choza de sus padres, por lo que éstos le preguntaron el motivo de su tardanza. La niña relató sus encuentros con la señora, a quien llamaba ‘mamita y el niño’. Decía que la mamita y su niñito descendían a jugar con ella en la ‘chimpa juturis’ o chimpa pilas -así se llamaban y se llaman las dos vertientes de agua clara y dulce situadas al pie de la colina-. Al oírla, sus padres se alarmaron y se dirigieron repetidas veces a la verde colina para convencerse de los increíbles relatos de la niña.

Un día, a instancia de la pastorcilla, sus padres subieron a la colina y vieron asombrados como la pequeña descendía exclamando ¡Urcupiña!... ¡Urcupiña!, alcanzando a ver una imagen celestial que se esfumaba en la maraña de algarrobales, cactus y ululas. Convencidos que la visión era extraña, corrieron al pueblo. Al llegar, dieron parte al párroco, quien convocó a los pobladores, y junto a otras autoridades acudieron al lugar del prodigio frente a la ranchería de Cota. La multitud bulliciosa trasladó esta imagen a la capilla de Quillacollo y desde entonces es conocida como la Virgen de Urcupiña, quien es muy venerada y los relatos de los milagros que se prodigan a sus devotos son extraordinarios”. (Mercedes Anaya de Urquidi, agosto de 1970)

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