Empeñaron el DNI a los transas y no pudieron votar

En algunos barrios quienes querían votar no podían, porque a sus documentos los tenían los vendedores de drogas. Los que sí votaron lo hicieron resignados: “apenas alcanza para comer”.

14 Ago 2017

Tuvo una recaída y quería colocarse. C. entró el sábado a la noche a la casa del transa para buscar más papelitos de paco. Como le debía más de $ 200 (unas 20 dosis), el dealer le dijo que no y la golpeó. Ella tiró manotazos para defenderse. Él la tomó del cuello, la puso de espaldas sobre la mesa y le rompió la ropa. Estaba a punto de violarla. C. dejó de resistirse. Esperó a que el transa dejara de ahorcarla, agarró una silla y la revoleó hacia atrás. La punta de la pata de hierro alcanzó un ojo de su atacante. Salió corriendo y se llevó dos dosis. Así relató C. que comenzó el día en que se votaban las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO). Contó que quería votar ayer, pero que no pudo porque empeñó su DNI al transa y no puede recuperarlo hasta que no pague la deuda.

Los que no pueden votar

C. (se preserva su identidad) tiene 32 años y seis hijos. Vive en el barrio Autopista Sur. “No me puedo recuperar, me cuesta mucho. Estoy atrapada. Intenté suicidarme hace unos años con alambre y mi hermana me descolgó. Me encontré hace un ratito con ella y me pidió que la acompañe a votar. No puedo porque no tengo mi DNI”, respondió. Explicó que en julio volvió a empeñar su DNI al transa del barrio, para tener más dosis para drogarse. Todavía no lo puede recuperar. Dijo que quería votar. Se excusó y se fue caminando hacia el río Salí. Tenía sangre en el cuello.

En el mismo barrio, LA GACETA se encontró con M. Ella tiene 29 años y cuatro hijos. A comienzos de año empeñó su DNI y la tarjeta del banco con la que cobra la Asignación Universal por Hijo (AUH). El transa es el que cada mes va al cajero. “Estoy como atrapada. Me duele, porque mis hijos me miran por la ventana cuando me ven en la esquina drogándome. Me retan cuando estoy mejor, me dicen: ‘¿cuándo va a ser nuestra mamá?’”, soltó M. y comenzó a llorar.


“En esta casa vivimos nueve. Tres hijos, mi hija M. y sus cuatro hijos”, relató su mamá, que pidió que tampoco se divulgue su nombre. La mujer de 52 años contó que el único ingreso en el hogar es su pensión por siete hijos (alrededor de $6.000). “Pago dos créditos, uno por una cocina y otro por un electrodoméstico. El resto va para comer. Cuando me quedo sin plata voy a un prestamista o vamos todos a un comedor del barrio”, relató la madre mientras estiraba los dedos cerca del brasero, como intentando calentarse más.

Tienen hasta las 18 para votar hoy, en estas elecciones que esperamos que sean una fiesta para la democracia, se escuchaba la voz de un periodista en una radio bajita. “Tengo miedo que un día me vengan a buscar para decirme ‘doña, su hija está muerta en la esquina’. Que Dios no me lleve porque si no quién cuidaría de mis nietos”, sollozó.

“Esta es una de las metodologías más perversas con las que los transas ejercen su poder sobre los jóvenes que se encuentran en una situación de consumo de sustancias. El adicto termina entrampado y le cuesta mucho más recuperarse”, explicó el psicólogo social Emilio Mustafá, que se desempeña en un equipo territorial de la Secretaría de Adicciones de la provincia. Mustafá comentó que cada vez más vecinos le comentaron que sus hijos adictos empeñaron su DNI.

Los que sí pueden votar

Carlos Díaz sí votó, pero no estaba conforme. “Si no votaba iba a tener que pagar $50 de multa. La verdad que uno vota esperanzado, pero seguimos con los mismos problemas en el barrio”, opinó apenas salió de la escuela Guillermo Griet (Jujuy y Magallanes). Él vive en Los Vázquez, al sureste de la capital.

Díaz se recuperó de su adicción al paco con un grupo de psicólogos en La Costanera. Comenzó a trabajar como vendedor ambulante. Cursó la diplomatura de Operador Socioterapeuta. Ingresó como tallerista del grupo profesional de un centro para adictos de la Sedronar en La Costanera (si bien el Cepla no se construyó, el equipo profesional había comenzado a trabajar). No pudo trabajar más como ambulante y desde la Nación rescindieron los contratos para los talleristas de Sedronar. Se fue a vivir a Los Vázquez con su madre.

“Estar desocupado te liquida. Hace cinco meses que no consigo nada. Busqué un trabajo en ley, con currículum y todo eso. Apenas digo donde vivo me rechazan. Ahora tuve que volver a cirujear. Si estoy todo el día puedo juntar hasta $80. El kilo de aluminio está a $10 y el de cobre a $45. Todo el día laburando y apenas te alcanza para comer. Acá nadie gana más que para sobrevivir”, explicó Díaz mientras caminaba hasta su barrio. “Acá la mayoría son cirujas. Si no, zarandean en el río (así se llama a los que juntan arena y ripio en carros en el río Salí para venderla a las obras en los barrios). Unos pocos son albañiles o están en el limón y los demás salen a robar. No los justifico, pero los entiendo. Tengo dos hijos, vivo con mi mamá y mi novia. Lo que gano en el día me sirve para mantenerme a mate cocido”, contó.

Su casa queda frente a una laguna de agua estancada, pestilente y putrefacta. No tienen pavimento, cloacas, el alumbrado público es deficiente y la presión de agua es baja. “No voy a creer en la política hasta que no limpien esta laguna. (Pablo) Yedlin vino a comienzos de año y prometió que la vaciarían y que harían una plaza. Vino un camión a sacar un poco de agua y después no vino nunca más. Hace poco vino (José) Cano, estuvo 20 minutos y se fue”, finalizó.

Juan José Ocaranza votó por primera vez ayer. Le dicen ‘Pinki’, tiene 19 años y también es de Los Vázquez. Se recupera de su adicción a la cocaína gracias a un grupo de la Secretaría de Adicciones. Lo echaron de su casa y ahora duerme en lo de una tía. “La verdad es que voto para que no me toque la multa. Me enganché mal cuando falleció mi mamá, yo tenía 14 años. Tomo alita (por cocaína) cuando me engancho a tomar (alcohol). Fundo la plata cuando me pongo así. No consigo trabajo y tengo que salir a cirujear”, contó. Fue a votar a la escuela del Mercofrut.

“Acá hace falta un proyecto que dé trabajo al barrio, me gustaría que me terminen el modulo habitacional, que hace tres años me lo dejaron a medio hacer, y que venga un plan para los que no pudimos terminar la escuela. Quiero aprender bien a leer. Me enferma esto porque aquí los guachitos andan descalzos. Para no empeñar mi documento, o no perderlo, le pedí a un amigo que me lo tenga. Afuera del barrio es como si no viviéramos, porque cuando salimos la gente nos mira mal. Me duele. La policía te agarra en la calle y te maltrata, te pone contra la pared y te patean. Y no hago nada”, lamentó el muchacho.

“Le guardo el DNI a ‘Pinki’ porque es mi amigo. No quiero que empeñe su documento si tiene una recaída. Si dejás tu DNI en los transas estás dejando tu identidad, tu vida. Tus derechos. Acá me gustaría que manden un tráiler porque son muchos los que no tienen documento. Ya voté, pero me decepciona ver tantas caras que vengan en campaña y que después no cumplan”, explicó Víctor Guerra.

Comentarios