Mora en la reglamentación de una ley sobre femicidio

09 Ago 2017

El gen está en el interior del ser humano. Parte de la intolerancia, de sentirse todopoderoso, de la debilidad disfrazada de ferocidad, de la prepotencia, del miedo, del deseo de someter a otro bajo sus propios designios, de la falta de respeto y de educación. En el hogar, las escuelas, las oficinas, la calle... se halla en todos los ámbitos. La violencia tiene la edad de la humanidad. Las mujeres, los niños y los viejos son sus blancos preferidos en la actualidad. Las cifras de los femicidios son cada vez más alarmantes en nuestra sociedad.

En la edición del sábado, publicamos que se registraron en junio pasado, 32 muertes de mujeres por violencia, de acuerdo con lo informado por la ONG Mujeres de la Matria Latinoamericana (MuMaLá), es decir una mujer asesinada cada 23 horas, según consta en su Registro Nacional de Femicidios. Una dirigente dijo que los gobiernos nacional y provinciales no incluyen la inseguridad que sufren las mujeres dentro de sus agendas.

El Registro Nacional de Femicidios de la Justicia Argentina informó que en junio pasado ocurría un femicidio cada 35 horas y las muertes de mujeres seguían incrementándose en el país: en 2016 aumentaron un 8%, hubo 254 crímenes, la mayoría en los grandes centros urbanos, como Buenos Aires, Córdoba, Mendoza y Santa Fe, que dejaron, al menos, 244 hijos huérfanos.

Desde su inicio, hace dos años, las marchas “#NiUnaMenos” se volvieron cada vez más frecuentes. “Los gobiernos son los que tienen que hacer algo y no han hecho nada. La emergencia es una ley fantasma porque no tiene ni aplicación ni presupuesto; quedó solo en buenas intenciones. Tampoco se hizo nada con otras dos leyes que se aprobaron juntas: las del patrocinio legal gratuito para las víctimas y la creación de tres fiscalías y defensorías en violencia de género”, dijo una dirigente de la Casa de las Mujeres Norma Nassif, el 3 de junio pasado, en ocasión de una nueva movilización.

En febrero de este año, se promulgó La ley N° 8.981 de Emergencia en Violencia contra la Mujer que establece, entre otras cosas, la creación e implementación en el territorio provincial de espacios físicos transitorios de asistencia y contención a las víctimas en aquellos casos en que la permanencia en su domicilio implique una amenaza a su integridad física y psicológica. Se faculta al Poder Ejecutivo a solicitar asignación de partida presupuestaria específica, a la reasignación de partidas existentes o la gestión de recursos nacionales para el cumplimiento del objetivo. Sin embargo, la norma no está en vigencia porque no ha sido reglamentada aún por el PE.

Se trata de abordar el problema desde varios ángulos especialmente desde la educación. Se debería trabajar con el victimario, que es el resultado de un pasado violento. La prevención es esencial para combatir este flagelo, pero mucho más lo es la educación, que es el punto de partida para construir las relaciones humanas. Dijimos en una oportunidad que es necesario capacitar al docente, hacer un seguimiento a los chicos violentos y trabajar con sus padres. Si aprendemos desde chicos a recrear los lazos afectivos, a dialogar, a respetar al otro, a ser solidarios y erradicamos las diversas formas de autoritarismo educativo que aún conservamos, quizás avancemos hacia una sociedad menos violenta y más sana. “La violencia no es fuerza sino debilidad, nunca podrá crear cosa alguna, solamente la destruirá”, decía Benedetto Croce.

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