San Cayetano concede los pedidos y los fieles cumplen sus promesas

Todos los 7 de agosto el barrio de San Cayetano se convierte en una “zona de promesas”. Los fieles acuden en masa a cumplir con el santo, a agradecerle o a hacer nuevos pedidos de pan, trabajo, salud y paz. “Amor, mucha fe, paciencia porque no todo se cumple de inmediato y dar hasta el cansancio porque, como dice la canción, al final hay recompensa”, resume Elba Oviedo.

08 Ago 2017

Después de varias horas de cola entre murmullos de oración, humo de choripanes y gritos de vendedores ambulantes, Karina Villareal llega a la imagen de San Cayetano ubicada junto al altar de la parroquia. Todo el camino para llegar hasta ahí ya es una procesión, pero la tradicional procesión que convoca a miles de fieles todavía no comienza. Karina, antes de tocar la estatua del santo, se detiene y mira fijo la imagen pegada en una urna que dice “Promesas”.

Afuera de la parroquia hace un calor de verano, en pleno invierno. Los lapachos y las remeras mangas cortas se han adelantado. Y entre la multitud se pasea con un caja y los ojos atentos Marcos López Bustamante, repartiendo unas estampitas hechas por él mismo para cumplir su promesa y agradecerle a San Cayetano por haber cumplido con su pedido incluso antes de lo esperado.   

De nuevo adentro del templo, Eduardo Herrera Navarro mira fijamente y con los ojos vidriosos un banco vacío, el menos para la mirada de cualquier mortal. Para él, en la punta de la banqueta, justo al lado de la fila de fieles que circulan durante todo el día, están sentados su padre y su madre, los artífices de su devoción por San Cayetano. “Siempre se sentaban en el mismo lugar y varias veces vinimos juntos. Ya no los tengo, pero sé que están ahí, los siento”, dice Eduardo, emocionado.

Karina, Marcos y Eduardo se encuentran sin saberlo. Son apenas tres de los incontables feligreses que siguen todos los años a San Cayetano, el santo del pan y del trabajo, pero el que también cumple pedidos de salud y de paz para la familia. Se encuentran sin saberlo en una zona de promesas, un espacio espiritual que sale a la luz en las fiestas parroquiales.

Karina Villareal está casada y tiene un hijo, Thiago, de ocho años, que precisamente hace la primaria en el colegio de San Cayetano. Ella es ama de casa, y su marido, durante 11 años, fue empleado temporal de una citrícola. “Eran tres meses de trabajo y el resto del año nada, había que ir buscando changas. Pero a los trabajadores los tenían registrados como si trabajaran todo el año, entonces no se podía conseguir trabajo en blanco en otros lugares, ni cobrar planes ni nada. Yo le pedí muchas veces a San Cayetano para que consiga otro trabajo, en blanco, para que estemos mejor y más tranquilos; mi promesa siempre ha sido la misma: venir todos los 7 de agosto. Y este año el santo me ha concedió el pedido, porque mi marido está trabajando como repartidor de soda”, cuenta la mujer.

Eduardo también ha llegado para agradecer. Su historia siempre lo lleva a su papá, que le contagió la fe por “San Cayetanito”, como le dice él. “Yo trabajaba en una empresa de agua y energía en Aguilares y no me daba el sueldo para ir y venir todas las semanas. Venía a la ciudad cada 15 o 20 días, con suerte y mi papá siempre pedía para que me den el traslado. Él estaba grande y me decía que una vez que me dieran el traslado él recién podría descansar en paz. Y así fue: un día, de sorpresa, me mandaron a trabajar a la ciudad y a los dos meses me dejó mi papito”, narra el hombre, ahora jubilado.

“Si la fe es ciega, es seguro que se cumplen los pedidos. Fe, mucho amor, paciencia porque no todo llega de inmediato, rezar mucho y dar, dar todo lo que se pueda”, enumera Elba Oviedo, esposa de Eduardo, a modo de consejos para los promesantes de San Cayetano y de cualquier otro santo. “Porque, como dice la canción, al final hay recompensa”.

Marcos cumplió: repartió 70 estampitas

Es la segunda vez que Marcos Lopez Bustamante le pide algo importante a San Cayetano y es la segunda vez que le toca agradecerle por haber concedió sus pedidos. Y ambas misiones para el santo estuvieron conectadas. Esta vez, Marcos optó por hacer una promesa y ayer le tocó cumplir.

“Yo estudiaba abogacía en la Unsta y mi papá dejó de pagarme los estudios, por un enojo de él. Yo quería seguir estudiando entonces le pedí a San Cayetano un trabajo para poder pagarme la facultad. Y al poco tiempo conseguí un taxi con el que pude hacerlo”, cuenta el joven de 28 años mientras reparte unas estampitas pegadas sobre tela de rafia. Él mismo las ha hecho: 70 estampitas para distribuir entre los discapacitados de la procesión de San Cayetano, aunque decenas de personas se le acercan pidiéndole que les regale una. “Perdón, pero es para la gente discapacitada, estoy cumpliendo una promesa”, explica él.

Le toca cumplir como San Cayetano cumplió con él. Marcos ha podido costearse los estudios, pero demoraba con unas cuantas materias para recibirse. “Tengo un hermano discapacitado y buena parte de mi tiempo lo atiendo a él. Eso hizo que me fuera atrasando, pero le pedí a San Cayetano que me ayude a recibirme rápido, y ahora lo he conseguido”, dice el flamante abogado. Hace un mes rindió su última materia y ahora pide un trabajo de abogado.

¿Por qué 70 estampitas y no 100? “Porque es un número bíblico: 10 veces siete”, explica él y sigue cumpliendo su promesa.


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