Seminaristas coinciden en que la vocación se inicia con un llamado divino

08 Ago 2017
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FUTUROS SACERDOTES. Los jóvenes -de Tucumán y de otras provincias- que se preparan para ser curas posan frente a las puertas del Seminario Mayor. Prensa Seminario Mayor-

En el mensaje dado en ocasión de la jornada de oración por las vocaciones sacerdotales, el papa Francisco afirma que la vocación cristiana tiene dos aspectos: “la invitación a salir de sí mismo para escuchar la voz del Señor y la importancia de la comunidad eclesial como lugar privilegiado en el que la llamada de Dios nace, se alimenta y se manifiesta”.

De ello, dan cuenta cabal cuatro jóvenes seminaristas que accedieron a brindar su testimonio a LA GACETA sobre por qué se iniciaron en la vida religiosa y cómo se sienten en ella. Los chicos estudian en el Seminario Mayor de Tucumán.

“El primer llamado lo sentí en un campamento de jóvenes, donde me disfracé con una sotana vieja para actuar en un sketch, y cuando me la puse, el sacerdote que me acompañaba me dijo que me quedaba muy bien y que tenía traza de cura. Dos años después hice un retiro espiritual en Raco, y al terminar, les conté a mis padres que había sentido el llamado de Jesús. Ellos me ayudaron desde el principio”, cuenta Gregorio Farías, de 18 años.

“El sacerdocio no estaba en mis planes. Tenía como proyecto seguir una carrera universitaria, recibirme y formar una familia. Pero había un sacerdote que una y otra vez me preguntaba si no quería entrar al seminario”, comienza contando Javier Cisternas, de Catamarca.

En 2008 se vino a Tucumán a estudiar ingeniería civil, pero no logró aprobar el curso de ingreso, así que volvió a su provincia natal. “En mi barrio me involucré con la catequesis; en el santuario de la Virgen del Valle, con los servidores marianos. Cumplía esas actividades con dedicación, gozo y entrega. Hasta que un día, en una celebración eucarística, surgió el deseo fuerte de ser sacerdote; ya no lo veía como algo remoto sino como una posibilidad”. En diciembre de 2009 ingreso en el seminario. “Entré confiando en Dios que me llamó y me sostendrá”, agrega.

Nicolás Apud es del barrio Sutiaga y feligrés de la parroquia del Santísimo Sacramento. Relata que su vocación nació a los nueve años cuando comenzó a ser monaguillo en la capilla San Jorge. “Me gustaba lo que hacía el sacerdote, y cuando volvía a casa después de misa les decía a mis padres que yo quería ser cura. Fueron pasando los años, y en el último año de la secundaria comencé el discernimiento (acompañamiento) en el seminario para convencerme más sobre esta vocación. Al año siguiente ingresé en el seminario junto con 12 chicos, de los cuales quedamos solo dos”, cuenta.

Luis Alexis Días, de Concepción, asegura que su vocación nació en el seno de su familia. “Mis padres me heredaron lo más hermoso que podrían haberme dado: la fe. Son ellos quienes desde niño me enseñaron a rezar e ir a misa”, dice.

Antes de entrar en el seminario, Luis estudiaba Ciencias Económicas en la Unsta, a la vez que era catequista de la parroquia de Nuestra Señora del Carmen, de Aguilares. “En 2013 un amigo me invitó a la Jornada Mundial de la Juventud que se hizo en Río de Janeiro. Sin duda esa experiencia fue un unto de inflexión en mi vida, me marcó para siempre. Es allí donde comencé a sentir esta inquietud, al ver tantos sacerdotes que acompañaban a los jóvenes”, recuerda.

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