Cartas de lectores

07 Ago 2017

La mirada

Quien haya mirado los ojos de un chico de la calle no podrá olvidarlos. Si realmente los vio o simplemente miró sin ver. Quien haya visto esos ojos de desolación y terror ya no podrá mirar para otro lado. Como la señora que frunció la nariz o el hombre exitoso que enmarcó sus cejas. Porque la pobreza no es una condición natural de los seres humanos. No la crearon los pobres sino el sistema. Es el dolor profundo, el grito ahogado vuelto mirada. Ya no sirven las limosnas ni las excusas cínicas. Un chico está mirando el mundo, un mundo feroz, un mundo estúpido y egoísta. Ya no hay excusas ni discursos. No tenemos perdón de Dios..

Arturo Garvich

Las Heras 632

San Miguel de Tucumán

La visita de Macri

Todo esto causó mi carta del 2/8, de igual título, en el señor Pablo José Giunta, de acuerdo a su carta del 2/8, “Respetar la diversidad”. Por mi parte, lo único que pretendía destacar es no ser tratado como un incauto por haber votado al actual Presidente. Utilizar términos como necio, fanático, capaz de matar por sus banderas, etcétera, me lleva a pensar que no me expresé bien o no fui entendido. Respetuosamente le pido al señor Giunta que se fije en mi carta; en una parte digo: “no concuerdo pero sí respeto lo que piensa”. Considero que esta expresión demuestra mi carencia de fanatismo. Por lo que menciona en el resto de su carta, estoy totalmente de acuerdo con el lector.

 Fernando R. Franco

Pasaje Einstein 1.015

San Miguel de Tucumán

Tiempo de hermanos

La escuché a mi sobrina decir: “Yo sí voy a tener un hijo más, porque no quiero que ella se críe solita” y estas palabras simples y espontáneas, me hicieron caer en la cuenta de cómo el esquema de vida consumista y capitalista nos ha obligado a dar marcha atrás en los afectos más preciados e importantes. Cuando las parejas piensan en los hijos, los ven como una complicación que limita sus realizaciones personales y económicas. Un hijo te restringe libertades. Desde esta apropiación mezquina para percibir la vida, nos estamos olvidando de uno de los mayores beneficios de los cuales gozamos las generaciones pasadas: tener varios hermanos, compartir peleas, celos, desafíos, pero saber que el tiempo del amor y del dolor es el tiempo en que los hermanos se unen para reivindicar los vínculos. Tener hermanos es una gratificación que los hijos únicos suplen con los primos, que también pasan a ser los hermanos de la vida. Hermanos, primos, afectos importantes que llenan de significados nuestras vidas y que no se parecen ni mínimamente al placer que da el confort ni la vida consumista. El desenfreno capitalista nos ha enseñado que es mejor abarrotar la habitación del niño con todas las carísimas y extravagantes chucherías tecnológicas, que habilitarle una cama más en donde pueda dormir el hermano que acompaña, mejor y más sabiamente, que cualquier producto tecnológico. Que el tiempo de hermanos pueda ser un tiempo en que la humanidad sustituya la obsesión del tener por la sabiduría del afecto.

Graciela Jatib

Monteagudo 340, 3er Piso, Dpto 4

San Miguel de Tucumán

Inflación

El valor intrínseco de nuestra moneda, fluctúa y por eso no hay estabilidad en los precios de las cosas. Y seguirá así mientras el camino futuro no esté respaldado por una política económica a largo plazo; grandes obras que se planean y se hacen; política educativa pública que se lleva a cabo con controles, es decir un horizonte claro de desarrollo y que se hace y el respeto a la ley. Sin ese respaldo de la política a largo plazo, el valor intrínseco de la moneda no existe y la inflación seguirá sin pausa. Se haga o diga cualquier cosa para frenar la inestabilidad, no servirá sin los respaldos de un gobierno que haga planes y los lleve a cabo.

Carmelo J. Felice

[email protected]

Elecciones

Una reflexión antes de votar. El militante milita, no importa el color de su bandera; la causa es la misma, no milita por el candidato, lo hace por la causa, las ideas, y su paga es verse bien cumplido. En esa perversa condición humana, que a veces los dirigentes políticos se olvidan de la causa y notan que pueden sacar beneficio propio y se desvían, y desvían sus intenciones y comienza el interés propio, el de los amigos, comprar la ley, la justicia; comprueban que el hombre tiene un precio y roen allí en esa brecha entre la miseria y la grandeza humana. El hombre con su perversidad se mete y arruina y ensucia lo que nació limpio, sano; entonces empiezan las desavenencias entre un pueblo usado y un millonario sin límites. Pero los pueblos tenemos un arma contra lo humano al igual que la Madre Naturaleza. La voluntad de ser mejores; entonces la usemos, pensemos y seamos mejores, elijamos a los mejores que van a cuidar el tesoro que les legamos, el manejo y conducción de nuestras vidas. La pregunta: ¿Cómo elegir el menos malo entre los malos? ¿Cómo elegir el más bueno entre los buenos? Que Dios nos ayude.

Dora Dileo

doradil[email protected]

La lectura en Tucumán

Ante la llegada a nuestra ciudad de una importante librería , se activaron mis recuerdos de la época que gobernaba la provincia el doctor Celestino Gelsi. Por mis actividades circulaba por la calle Congreso primera cuadra, donde advierto la vidriera de la editorial española Labor. Así que me encuentro con el gerente, quien me relata que el doctor Gelsi era un ávido lector, sobre todo cuando se trataba de Astronomía. No pude menos que preguntarle sobre el motivo de radicarse en Tucumán. Inmediatamente su respuesta continúa golpeando mi orgullo tucumano: ”¡porque Tucumán es el lugar del país donde más lee la gente!...”

Héctor Federico Boero

Pasaje Las Lantanas 460

Yerba Buena

Banderas deshilachadas

No dejan de sorprender las aseveraciones de algunos personajes que -sin ser políticos- se ingeniaron en encumbrarse como tales. Luego de la más larga administración provincial de los últimos 20 años tenemos varias muestras públicas que parecieran enmarcarse en el término “corrupción” como por ejemplo el caso de la Dirección de Arquitectura y Urbanismo; el caso del Instituto de la Vivienda; los $615 millones de la Legislatura desaparecidos en el circuito electoral oficialista; los desmontes descontrolados que anegaron a los tucumanos del sur arrastrando sus sueños, pertenencias y esperanzas; las cloacas a flor de aire y los ríos de agua potable desperdiciada -por sólo contar algunas-. Estos sospechados personajes lograron en vaya a saber con qué alquimia, lograr transformar sus rostros en pétreas expresiones. Es la única manera de entender aquellas aseveraciones. Por mínimo recato, pudor y vergüenza debieran alcanzar el don de la prudencia en sus declaraciones. Hablar de banderas deshilachadas de la anticorrupción cuando el pasado los condena son -al menos- frases desafortunadas. Es como el viejo refrán, “el muerto se admira del degollado y no sabe que los dos son finados”.

Luis Vides Almonacid

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Vaca lechera

Siempre escuché hablar de la existencia de una fabulosa vaca lechera de propiedad del fisco que lleva la marca RA (República Argentina) y que era mantenida a pesebre en la Casa Rosada, a los fines de que provea abundante leche a los gobiernos de turno, representados por funcionarios finalmente vestidos y de guantes blancos. Con el paso del tiempo, muchos políticos creyeron que esta vaca lechera era cimarrona (sin dueño), lo que les permitía lecharla sin control alguno. ¿Será por eso que de tiempo en tiempo aparece un señor, llamado ministro de Hacienda, aplicando severos ajustes a las cinchas y haciendo conocer al país que atravesamos una vez más por una profunda crisis económica? Hecho que se repite cíclicamente, con la diferencia de que cada funcionario entrante utiliza diferentes términos técnicos para explicar la delicada situación por la que atravesamos; de los que en más de los casos poco y nada entedemos, por creer que tenemos la cabeza para hacer juego con el cuerpo y pasar a pensar con el estómago. Por ello expreso una típica traducción gauchesca, que consiste en advertirles a los señores políticos que, debido a la epidemia conocida como corrupción, a la vaca lechera del fisco la afectó el cambio de querencia, por lo que se atrasó con la parición y, para colmo de males, por descuido, comió artamisa (yuyo que produce leche amarga). Por estas razones, sería aconsejable que nuestros representantes tomen medidas en busca de que la vaca en cuestión se pueda recuperar plenamente, evitando gastos superfluos, algo muy factible si tenemos en cuenta las abundantes pasturas naturales que tenemos en nuestro territorio; caso contrario, corremos el “riesgo país” de que se le sequen las ubres y termine privándonos a hijos y entenados de su generoso sustento, y con ello el dolor de las “coyunturas” se volverá crónico.

Ysmael Díaz

Mario Bravo 247

Banda del Río Salí


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