Una batalla a las puertas de nuestro diario

07 Ago 2017
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MULTITUD EN LA GACETA. Los tucumano se acercaban a nuestras puertas al escuchar la bomba de estruendo que anunciaba las noticias de último momento.

LA GACETA transitaba ya su quinto año de vida. Corría el agitado y complicado año 1917, cuando se suscitó un conflicto entre el gobernador Juan Bascary y el Poder Legislativo, que se enfrentaron hasta llegar a la intervención federal de la provincia. Ya había quedado atrás la inauguración de la sucursal de Buenos Aires, un logro trascendente para nuestro diario que lo convertía en el primero del interior del país en tener una oficina en la metrópoli. Al mismo tiempo el mundo se encontraba inmerso en la Gran Guerra, que había comenzado en 1914, y Tucumán no estaba excluido.

El Monte Protegido

Argentina, que era gobernada por Hipólito Irigoyen, se vio complicada en el conflicto bélico al ser hundido en abril de 1917 el buque mercante Monte Protegido por parte de submarinos alemanes. Argentina, que se mantenía neutral, protestó ante Alemania cuya respuesta tenía un tono conciliador y mostraba su disposición a reparar el daño. La actitud germana le bajó los decibeles a la disputa entre ambos países.

Sin embargo pasaron los meses y los ecos de la guerra llegaron a Tucumán. Los ánimos se caldearon en el Jardín de la República cuando los germanos, en apoyo de los austríacos, comenzaron a actuar en el frente italiano. La historia cuenta que entre fines de octubre y hasta mediados de noviembre las tropas germanoaustríacas avanzaron sobre las posiciones italianas, aquel momento se conoce como la batalla de Caporetto o de Kobarid, por la ciudad eslovena ubicada en la frontera austroitaliana. Ese frente se había mantenido estable sin grandes avances hasta la aparición de los alemanes. Quizás explicar este hecho bélico no tuviera demasiado interés pero su desarrollo generó enfrentamientos en los que se vio involucrado nuestro edificio, ubicado en aquel entonces en la esquina de Rivadavia y Las Heras (hoy San Martín).

Las noticias que llegaban desde el viejo continente eran esperadas con gran expectativa. “Atenta a la ansiedad que promovían en el público los graves sucesos europeos, (LA GACETA) resolvió adelantar esas primicias mediante la publicación de boletines, que se entregaban al público solo instantes después de recibidos los telegramas que anunciaban un hecho de armas que, por su importancia, había despertado la expectativa general”, recordaban tiempo más tarde nuestros colaboradores. Tales boletines podían salir a cualquier hora por lo que los canillitas, “avisados de la posibilidad de publicación, bullían y alborotaban ante el mostrador de expedición”. El patio interior también había sido preparado ya que allí estaba siempre listo un mortero con una bomba de estruendo que “anunciaba invariablemente la aparición del volante”.

La efervescencia llegó al máximo cuando en 1915 Italia le declaró la guerra a Austria y en agosto de 1916, a Alemania.

La colectividad italiana era numerosa y sus miembros se reunían a las puertas de nuestro diario para escuchar los boletines o para leer las pizarras en las que se iba adelantando la información que llegaba por cables. Los antagonistas, germanos y austríacos, no lo eran tanto pero contaban con ciudadanos que simpatizaban con ellos. Las polémicas frente al diario, felizmente escasas, exaltaban los ánimos a tal punto que parecían poder llegar hasta el pugilato.

Tensa paz

Las cosas se mantuvieron en esa tensa paz hasta noviembre de 1917 cuando se anunció la derrota de las fuerzas del reino italiano en la batalla de Caporetto. Las tropas austroalemanas tomaron miles de prisioneros y llegaron bien adentro de Italia. Este anuncio agolpó a decenas de personas: “frases inoportunas dieron lugar a reacciones violentas y algunos de los exaltados fuéronse a las manos. La gresca se produjo a las puertas del diario y se prolongó al interior, teniendo que intervenir la policía para apaciguar los ánimos”, decía luego la crónica.

La “batalla de Tucumán” tuvo como única consecuencia la rotura de los cristales de una mampara del hall de acceso y desde donde se realizaba la venta del diario. Aquella huella de la disputa se mantuvo durante mucho tiempo.

LA GACETA editaba por entonces unos 2.000 ejemplares diarios, una cantidad importante para la época. Hay que tener en cuenta que la provisión de papel se veía restringida debido al conflicto internacional que reducía los envíos de ese insumo en todo el mundo. Estas circunstancias respondían a nuestras palabras del 4 de agosto de 1917: “esa fuerza moral no es otra que la opinión consciente de la provincia, interpretada por LA GACETA con fidelidad insospechable, en su brega de todas las horas por el ideal común”.

Hace 100 años un hecho doloroso producido en Europa tuvo repercusión en nuestra provincia de manera impensada.

Una cruenta batalla

Volviendo a los campos de batalla del norte de la península podemos decir que se enfrentaron 35 divisiones, unos 350.000 solados, por el lado alemán, mientras que los italianos tenían 41 divisiones, unos 400.000 combatientes. Las tropas del imperio del norte europeo estaban al mando del general Otto Ernest von Below y del comandante húngaro Svetozar Boroevic. Del otro lado el jefe era el mariscal de campo Luigi Cadorna. Este último, que desempeñó el cargo de comandante de las tropas italianas entre 1915 y 1917, fue destituido tras la derrota de Caporetto. Allí los defensores tuvieron 40.000 bajas entre muertos y heridos, y fueron tomados prisioneros 275.000 soldados. Las bajas del otro bando, que no fueron pocas, alcanzaron 70.000 entre muertos y heridos.

En nuestras tierras el nombre del general italiano Cadorna tomó carne en el refrán “andá a reclamarle a Cadorna” cuando alguien no tiene a quien hacerle un reclamo o un pedido de explicaciones por alguna cuestión problemática o de mala calidad. El personaje también puede ser Magoya o Montoto. Algunas fuentes señalan que el nombre del militar comenzó a ser usado en nuestras tierras por sus compatriotas para expresarle al que se quejaba por la falta de algún elemento que el reclamo no iba a ser respondido o que no tenía sentido hacerlo. Los errores estratégicos y de conducción del final de su carrera marcaron su vida pese a que tuvo éxitos militares en la captura de Roma en setiembre de 1870.

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