Los colores de la casa

Sobre gustos y confort no hay nada escrito, lo ideal es plasmar nuestro propio ADN sobre nuestros espacios, esos que tanto nos gusta disfrutar.

05 Ago 2017
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Elegimos los espacios para hacer lo que nos apasiona, para compartir momentos con quien queremos, para refugiarnos con una taza de té y un libro… esos espacios son invadidos por las sensaciones del momento, que tiñen los colores y las texturas de los ambientes regresando a nuestra percepción en un círculo de armonía, les damos vida, les damos nuestra propia esencia.

Por eso siempre que elegimos la paleta para nuestro proyecto de colorimetría, está íntimamente relacionada con nuestra personalidad, con nuestro ritmo y estilo de vida.

Generamos así, espacios vitamínicos, alegres, eligiendo paletas saturadas de colores puros, vivos e intensos; de evasión, apacibles y acogedoras a través de monocromías las cuales dan protagonismo a la personalidad de los materiales que componen el ambiente, a las nobles vetas de la madera, la elegancia de los vidrios o la rusticidad el hormigón; o gamas calmadas en apariencia, pero de texturas tan potentes que parecen tener color donde buscamos llegar a la mínima expresión, la más limpia para recordar la elegancia de lo esencial.También podemos crear ambientes con marcada identidad mediante paletas de contrastes pronunciados como los primarios con el negro, que aporta carácter, soberbia e identidad, o una gama totalmente audaz de colores naturales sin tintes predominante, con pinceladas de flúo y dorado.

El concepto del interiorismo entendido bajo ciertas reglas y el estigma de que los colores oscuros achican y los claros amplían el entorno, se ha roto.

El mix de texturas, de estilos y colores en su amplia variedad y sus gamas se ha vuelto una premisa a amalgamar a la hora de diseñar, concibiendo el espacio como el ámbito donde encontramos comodidad y amabilidad para nuestra rutina. Por eso elegimos la paleta en función de la cantidad de luz natural que nos acompaña, del color y disposición de la iluminación artificial que hemos elegido, de los materiales y tamaño de nuestros equipamientos, de las superficies que reflejan o absorben la luminosidad de color, de lo que deseamos resaltar o atenuar.

Así, los espejos, mesas o sillas de patas finas o caños, la altura del espacio, el color claro o neutro del piso, contribuyen a la sensación de espacialidad. Las luces puntuales o dirigidas, las molduras horizontales a mitad de la pared, los géneros pesados, las alfombras aportan sensación de un acogimiento agradable que puede llegar a generar cierto dramatismo u opresión con un uso exagerado de los recursos.

Sobre gustos y confort no hay nada escrito, lo ideal es plasmar nuestro propio ADN sobre nuestros espacios, esos que tanto nos gusta disfrutar.

 

D.I.E. Ana Palavecino para Red de Colores


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