El club donde busca reciclarse el gobernador

04 Ago 2017

El argumento más público es el de la defensa de los recursos para sus jurisdicciones. Pero en la resurrección de la Liga de Gobernadores en la que acaban de embarcarse una docena de mandatarios peronistas hay otras razones de peso. Y las únicas razones que pesan más que los pesos para los jefes de Estado son siempre políticas.

La presencia del gobernador Juan Manzur, precisamente, permite escudriñar en los motivos solapados del relanzamiento de la “Liga”.

La inacción

Que los jefes de Estado se pongan en guardia frente al reclamo judicial de la bonaerense María Eugenia Vidal para obtener una actualización del Fondo del Conurbano es una reacción esperable (la plata que eventualmente haya que sumarle a Buenos Aires será la misma que deba restársele al resto de las administraciones provinciales), pero la obviedad no debe encandilar el contexto. En primer lugar, los gobernadores resolvieron hacer pública la cuestión a exactos 10 días de la celebración de las PASO. En segundo lugar, el 75% de los convidados al cónclave no registra antecedentes en materia de la más mínima defensa de ese cimiento constitucional con el que tanto se andan llenando la boca por estas horas: el federalismo.

En 2006, la Nación y las provincias dejaron de suscribir el Pacto Fiscal. Sin embargo, el entonces presidente Néstor Kirchner siguió tomando el 15% de la Coparticipación Federal de Impuestos a las provincias, retención que se aplicaba desde el menemismo en nombre de garantizar que las AFJP tuvieran garantizado el cobro de los aportes previsionales de los trabajadores estatales de todo el país. Luego, Cristina Fernández mantuvo durante los ocho años de su Presidencia la quita de esos fondos coparticipables, a pesar de que en noviembre de 2008 se reformó una vez más el sistema previsional y se eliminaron el régimen de capitalización y las AFJP por ley.

Tucumán jamás reclamó un peso de esos dineros retenidos indebidamente que, para dar un ejemplo, en 2010 equivalían a unos $ 500 millones anuales, cuando el Presupuesto General de la Provincia era de $ 7.000 millones. Manzur fue, sucesivamente, ministro de Salud de la Provincia (2003-2007) y vicegobernador (2007-2011 / 2011-2015). Y, en los últimos seis años de ese ciclo, fue ministro de Salud del kirchnerismo. Nada dijo entonces, a diferencia de Santa Fe (fuera de la “Liga” porque es gobernada por el socialismo), de Córdoba y de San Luis, que pleitearon en la Corte Suprema de Justicia de la Nación por esos dineros.

A ese mismo volumen del dinero, equivalente al 7% de los ingresos totales del Estado tucumano, el alperovichismo en rigor renunciaba dos veces, porque también se mantuvo históricamente callado durante el kirchnerismo respecto de la coparticipación del Impuesto al Cheque: 80% para la Casa Rosada, 5% para el sistema previsional y apenas 15% para la totalidad de las provincias. Un oprobio si se compara con el IVA, del cual el 44,5% se coparticipa a los gobiernos locales. Manzur, de pronto, descubrió ahora que no es justa (para decirlo de manera elegante) la proporción en que se reparte lo recaudado por ese impuesto a los créditos y a los débitos bancarios. Durante los años en que fue vicegobernador y, simultáneamente, ministro kirchnerista, nada dijeron ni él ni el Gobierno de Tucumán al respecto. Sí lo hizo, por ejemplo, Chubut, a pesar de que tenía una gobernación tan peronista como la de aquí. O quizás un poco más…

La indiscreción

Claro que el alperovichismo esgrimía una razón para dejarse manotear tanto dineral. El argumento esgrimido por el propio gobernador José Alperovich fue que a cambio de no exigir toda esa plata, la Nación recompensaba a la Provincia con fondos discrecionales.

El mencionado 2010 fue el año en que se podría haber verificado esa ecuación. Durante años, los Kirchner habían decidido no entregar ni un peso de los famosos Aportes del Tesoro Nacional, justamente porque los ATN son la mismísimas encarnación de la discrecionalidad gubernamental. El único y amplísimo criterio para repartirlos es el de “atender emergencias y desequilibrios financieros”. Con tanta libertad de acción, los “K” cumularon $ 9.800 millones. Hasta que en junio decidieron refinanciar las deudas provinciales: era el momento de Tucumán. Los patagónicos podían darle cuanto quisieran a la provincia que jamás les reclamó ni un centavo de los multimillonarios dineros públicos que por ley le correspondían.

Sin embargo, a la hora de cortar la torta, los Kirchner se olvidaron de la discrecionalidad y se acordaron de los coeficientes de la Coparticipación Federal. Si el reparto de los ATN debiera ajustarse a esos índices, a Tucumán le hubieran correspondido $ 484,5 millones de los 9.800 millones acumulados: en total, a Tucumán le otorgaron apenas $ 3,5 millones más de esa suma. A Buenos Aires, con idéntico criterio, le tocaban algo menos de $ 2.000 millones: le dieron $ 4.000 millones. Manzur nunca dijo que eso le pareciera ni un poquito reñido con el federalismo.

Dicho sea de paso, en ese 2010 los fondos nacionales aumentaron un 13% para Tucumán en comparación con 2009. Menos que para los distritos que llevaron su reclamo de restitución de coparticipación hasta la Corte: los dineros federales para San Luis crecieron ese año 13,5%; los de Santa Fe, 21%; los de Córdoba, 22%. Cuando a fines de 2015 la Corte nacional les dio la razón a esos tres distritos y mandó a la Nación (ya gobernada por el macrismo) a devolver todo lo que había retenido el kirchnerismo, el primero en firmar un acuerdo para que la Casa Rosada devuelva esos dineros de manera escalonada fue el ya gobernador Juan Manzur…

La certeza

Entonces, si en la resurgida Liga de Gobernadores no hay antecedentes de desvelo distrital por el federalismo (salvo excepciones que pueden invocar el cordobés Juan Schiaretti, el puntano Alberto Rodríguez Saá y el chubutense Mario Das Neves -que ni siquiera fue al encuentro realizado en la Casa de Entre Ríos en Capital Federal-), los mandatarios peronistas se están juntando por razones políticas. Algunas se basan en certezas, otras en proyecciones y otras en incertidumbre.

La certeza que parece congregar a los rescatadores de la Liga de Gobernadores es que la ex Presidenta va a ocupar una banca en el Senado a partir de diciembre. Aún resta saber en qué condiciones llegará a la Cámara Alta, porque sólo las urnas dirán si lo hace de modo triunfal o derrotista, pero igualmente hay que preparar el terreno para ello. Es decir, acordar cómo manejarse en ese escenario, tanto con respecto a la ex jefa de Estado como con respecto al macrismo. Por eso, para más datos, del relanzamiento de la Liga de Gobernadores no ha sido parte la mandataria de Santa Cruz, Alicia Kirchner, cuñada de Cristina Fernández.

La proyección

La proyección que ha convocado a los mandatarios provinciales, en tanto, es la del futuro del peronismo. El justicialismo se encuentra en crisis, como le ocurriría a cualquier otra agrupación luego de perder las presidenciales. Que en este país haya gente que no pueda admitirlo (y alguna que ni siquiera pueda notarlo) es propio del éxito que ha tenido un apotegma profundamente antidemocrático, que algunos repiten como dogma de fe y otros como temor inconfesable: “sólo el PJ puede gobernar la Argentina”. Sin embargo, el PJ entró en crisis en 1983, cuando el triunfo del alfonsinismo (fue dividido a las urnas dos años después, lo que le posibilitó a la UCR ganar esos comicios) y salió de la diáspora en 1987 de la mano del sindicalismo. Era otro gremialismo, claro está. Uno que, según anota el historiador y sociólogo Juan Carlos Torre, tenía más de una treintena de dirigentes sentados en la Cámara Baja.

La derrota electoral de 1999 también fue crítica para el peronismo, pero el fracaso de la Alianza precipitó su retorno al poder. Lo que catalizó su reorganización, para entonces, fue nada menos que la “Liga de Gobernadores”. Sus miembros fueron ocupando de manera sucesiva y provisional la Presidencia de la Nación (el puntano Adolfo Rodríguez Saá durante la última semana de 2001, el bonaerense Eduardo Duhalde hasta mayo de 2003). Y, finalmente, quien era el gobernador de Santa Cruz se convirtió en jefe de Estado: Néstor Carlos Kirchner.

El relanzamiento de la “Liga” se inscribe en ese antecedente. Con Cristina como candidata por fuera del PJ, partido estructuralmente vaciado y en manos del ex ministro “K” Florencio Randazzo, más el ex jefe de Gabinete “K” Sergio Massa por otra vía, los mandatarios quieren encarnar otra vez la salida del atolladero; o cuanto menos ser partícipes privilegiados de la solución.

La incertidumbre

Finalmente, la incerteza tiene que ver con el futuro del macrismo. Frente a la importante adhesión que despierta la ex Presidenta según las encuestas, en Cambiemos sostienen que todo se trata de una jugada de ajedrez. La “doble combinada” consistiría, según esta lectura, en que las PASO sirvan para volver a polarizar el escenario y reeditar, como en 2015, la dicotomía macrismo o kirchnerismo, con la expectativa de reeditar también el triunfo. En el peronismo, en cambio, consideran que esa apuesta por la polarización será un fracaso, sobre la base de que, en la historia reciente, cada vez que un gobierno inventó un candidato para enfrentar en las urnas, el tiro salió por la culata. El alfonsinismo alentó la figura de Carlos Menem porque asumía que el verdadero adversario era el gobernador bonaerense Antonio Cafiero. Así le fue. Y Eduardo Duhalde alentó la figura de Kirchner, porque asumía que el verdadero adversario era Menem. Así le sigue yendo.

La “Liga”, entonces, se presenta antes de las PASO para ofrecerse, en cualquier caso, como un socio en el corto plazo del macrismo. Ya sea que el Gobierno trastabille en las urnas y demande gobernabilidad, ya sea que salga bien parado en los comicios y advenga la hora de reorganizar un peronismo que deje atrás el kirchnerismo, los mandatarios quieren estar en la primera fila.

Por eso ayer, el vocero de la “Liga” fueron Schiaretti, el gobernador del distrito que le dio a Macri el triunfo más incontrastable de 2015.

Manzur, que viene de soportar el histórico desaire de ser el primer gobernador al que un Presidente ni siquiera saluda en una visita a Tucumán, buscará reciclarse en el club.

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