Cuentos: el combustible de la imaginación

Dos especialistas, una argentina y otra chilena, describen sus experiencias en una profesión que califican de mágica y maravillosa. II Encuentro Internacional de Narradores.

04 Ago 2017
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- EN LA ESCUELA SAN MARTÍN. La narradora Lyliam Ferré, de Bolivia, les cuenta historias a los alumnos. La acompañaron Silvia Israeilev, de la organización del Encuentro, y las narradoras Claudia Almirón y Marcela Perira.-

“Ella tenía una piernas largas que medían 22 besos. Ante la preocupación de que se le acortaran durante la noche, le pedía a él que se las besara cada mañana”.

Con este regalo en forma de microcuento se despide de LA GACETA Carmen Laborde, que se vino desde Chile a contar y a escuchar historias en el II Encuentro Internacional de Narradores “Congresales de la Palabra”, que se desarrolla desde ayer y hasta mañana en Tucumán.

En su visita a nuestro diario estuvo acompañada por su colega de Buenos Aires, Claudia Macchi, con quien comparte la pasión por ese “camino de ida mágico y maravilloso” como ellas mismas definen su actividad. “El tema de los cuentos es tan antiguo, tan rico, tan variado”, comenta Carmen, y salta en la conversación la tradición de “Las mil y una noches”. “En África, por ejemplo, la figura del narrador es reverenciada, el narrador es el sabio, el que tiene el don de la palabra”, agrega. Y Claudia aporta: “es que los cuentos tienen ese tesoro de la palabra, con los cuentos desarrollás la expresión, la emoción, el habla, el vocabulario”.

- Para ustedes los cuentos no son solo cosa de chicos...

- Ser narradora oral exige un repertorio para todo público. A mí me gusta el adulto, porque me permite contar cuentos de autor, además de los de tradición oral. En fin, yo trato de acercar los bienes de la cultura a sectores vulnerables y en escenarios poco usuales. Participé de un proyecto llamado “Cuentos en ausencia” con madres privadas de libertad, otro denominado “Cuentos para curar”, con niños internados en un hospital. También en la calle, esto lo hice en Colombia, que es un escenario bastante exigente. Pero así se logra humanizar este tráfago que nos tiene tan perdidos, que vamos caminando por la calle con la tecnología (hace el gesto de mirar un celular), que es cierto que nos conecta con la “nube” pero nos desconecta con lo humano. (Laborde)

- Yo cuento mucho para adultos, me gusta porque abordo temas álgidos. El cuento, muchas veces, desde el humor puede ir hacia situaciones complicadas como la violencia contra la mujer, el abandono, la vejez. El cuento también es una forma de recuperar valores, como los de la perseverancia, del trabajo, etcétera, y las historias pueden ser muy liberadoras. (Macchi)

- ¿Ustedes leen o memorizan los cuentos?

- No se lee. Desde mi punto de vista leer un cuento poniendo el texto delante acartona el acto. Prefiero hacer una adaptación de la historia, que es como pasarla por el corazón y la mente para después entregarlo. Por lo tanto, cada vez el cuento tiene un ropaje distinto... depende del público, de la atmósfera y hasta de tu propio ser. Mantengo el mensaje del autor y a la vez puedo incorporar algo propio... Es muy bonito este trabajo. (Laborde)

- No se lee. Uno tiene que hacer propio el cuento, y en ese hacer propio están nuestras palabras, nuestras emociones, nuestros sentires, lo vestimos con un montón de cosas nuestras, que repercutirán en quien escucha desde sus sentires, desde sus emociones y desde sus vivencias. (Macchi)

- ¿Por qué es importante contar y que nos cuenten historias?

- Porque es maravilloso recuperar la imaginación. Me ha pasado que me han dicho, luego de escuchar el cuento: “ay, yo lo vi todo”. Me gusta que la imagen sea la interna, la que se genera en la cabeza no la que puede dar un dibujante o el televisor. (Macchi)

- Por el vínculo que se genera: el cuento no se completa si no hay una oreja que escucha. Es un vínculo de humanidad, fundamental en una sociedad de lo desechable. (Laborde)

-¿Cómo eligen su repertorio?

- Leyendo, leyendo, leyendo. Hasta encontrar ese cuento que nos resuena, porque si no estamos enamoradas de esa historia no la podemos contar. Leemos y, de pronto, surge un cuento que nos llama... (Macchi)

- Es lo más difícil. La búsqueda del repertorio significa pararse desde un punto de vista en la vida, seleccionar según tus intereses, tus sentires, hay mucha lectura y mucha búsqueda. A lo mejor tú cuentas durante tres minutos, pero detrás de eso hay horas de selección y de preparación. (Laborde)

- ¿Y cuáles son sus cuentos preferidos?

- Muchos. Pero en particular amo los cuentos de Marina Colasanti (escritora brasileña) y siempre narro “El hombrecito del azulejo”, de Manuel Mujica Láinez. (Macchi)

- Los “Cuentos de Eva Luna”, de mi compatriota Isabel Allende, y “El árbol de Granada” del argentino Hamlet Lima Quintana. (Laborde)

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San Miguel de Tucumán
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