Cartas de lectores

01 Ago 2017
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Pachamama

Hace 20 años que no iba a Cafayate. El avance de la vitivinicultura y el turismo son importantes, aunque a costa del monte nativo de algarrobo en el lecho de los ríos Yocavil y Calchaquí. Un emprendimiento inmobiliario al comienzo de la alameda condenó al exterminio del mismo. El monte está fijado el suelo; no vaya ser que la Pachamama se enoje y arrastre el progreso.

Héctor “Oso” Heredia

Huaina Capac S/N - Las Tacanas

Tafí del Valle


Capacitación de funcionarios

El acceso a cualquier oficio o cargo administrativo o docente en cualquier nivel, oficial o privado, debe realizarse por un mecanismo de selección, o concurso, evaluando mediante un jurado designado ad hoc; y en los antecedentes debe figurar su capacitación previa, cursos regulares de nivel medio o terciario, por lo menos. Esto posiblemente evitaría ver cómo un subdirector de Tránsito se ocupa de cerrar locales (en la Chacapiedras) porque las puertas no abren para afuera, por ejemplo. Pero este curioso personaje fue y es incapaz de normalizar la circulación y estacionamiento de los vehículos que ingresan al ejido municipal capitalino, su verdadera función. Está claro que no conoce las implicancias del cargo. Además, propone que los ómnibus urbanos hagan paradas ¡cada diez cuadras! ¡Tamaño despropósito al parecer no mereció una reconvención del intendente, o a posteriori una corrección. Pero, por extensión, ¿cuáles serán los antecedentes específicos del señor intendente? O tal vez, ¿específicos para qué? En Chacabuco al 500, en un colegio, se colocan conos con cadenas para evitar el estacionamiento, y en consecuencia todos los autos que llevan a los asistentes al colegio estacionan en doble y hasta triple fila. Hace más de un año elevé una propuesta para que la Municipalidad cobrara el estacionamiento, de manera mensual, para estacionar por fuera del microcentro, con lo que se lograría incorporar casi 20.000 mensuales a las arcas de la Municipalidad y se evitarían para siempre a los “trapitos”. La nota no tuvo respuesta.

Federico Vázquez

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Vandalismo

Fiel a mi costumbre, este fin de semana acudí al cementerio árabe de mi ciudad. Con desagradable sorpresa y profunda indignación, encontré el monumento familiar con signos de haber sido atacado con piedras. Cerámicas astilladas y floreros destrozados fueron la evidencia de un vandalismo conocido por todas las familias dolientes que poseemos una construcción en el lugar. La intención de esta denuncia no es la de criticar a la Comisión Directiva de mi colectividad, sino la de expresar mi profunda tristeza por este espíritu de destrucción que no respeta ni el dolor espiritual. Lo que más agrava es saber que los autores de estos hechos son menores de la zona, que crecen a la deriva.

José Rafael Abdala

Manuel Vaquera 376

Monteros


“La venganza nunca es buena...”

“No hay peor cuña que la del mismo palo”; “No muerdas la mano que te dio de comer”. Refranes relacionados con el comportamiento de algunos “justicialistas”. 1) F. Randazzo, que no aceptó darse un baño de humildad y hoy habla de asuntos biológicos. 2) S. Massa, que jactancioso dice: “soy el que frenó a la Cristina eterna”, dando passo al “massacrismo” (procambiemos) que hoy pisa hasta el fondo el acelerador ajustador. Recordar que él, junto a De la Sota, Alberto Fernández, F. Solá, dijeron al unísono: “somos peronistas que no votaremos a Scioli”. Hoy trepados a turucuto de C. F. K., lanzan sus candidaturas. Cada uno por su lado, plañideramente piden al Ceo principal: “Sr. Presidente, Sr Presidente, pare por favor, no sea malvado, los pobres están sufriendo demasiado”. ¡Tristísimo! El Massa de hoy es el mismo que en un ayer no muy lejano siguió al “ingenieri” hasta Davos. Insisto, los ceos gobernantes siguen a rajatabla los consejos de su ideología y genética. Desprecian al trabajador y deprecian el trabajo. Massa lo sabe y, lo que es peor, lo sabía; sin embargo continúa jugando al gran bonete. El FR es corresponsable de lo malo que nos pasa. Es penoso y molesto pensar que en nuestro país, premiado en varias disciplinas (literatura, ciencias, arte, deportes, etcétera) haya cerebros manipulados por un falso gurú como Durán Barba. Según este, los votantes de C.F.K (me incluyo) se dedican al narcomenudeo, amén de ser “abyectos irredentos”, “delirantes carentes de objetividad”. En este pedregoso sendero de ningunear e intentar ofender andan algunos comunicadores sociales. Uno escribe: “Adoratriz de Venezuela”; “Madre de la Cámpora”; “Arquitecta egipcia”; “Pasionaria del Calafate”; “La dama de negro”; “La viuda”; “Leona hervíbora”, etcétera. Otro, despectivamente, dice: “La doctora” y a un último lo escuché decir: “El tuerto”. Pero... ¿no es más fácil y sencillo llamarlos por sus nombres respectivos, Cristina y Néstor y sanseacabó? ¿Envidia? ¿Odio? Aún así, no pienso mal de los gorilas. Y se debe a King Kog, el de la película, que fue muy simpático, hasta se enamoró. No tengo por líderes a multimillonarios, ni a Soros ni a Slim, ni a Gates, y menos aún a Trump o a Macri, recontramillonarios. Como parte de la “grasa militante”, de la “lacra enraizada”, con los ojos bien abiertos acompaño y acompañaré a C.F.K. Con alegría y sin ejojo digo “¡Viva el populismo!” Recordemos al Chavo del Ocho en su frase: “la venganza, la violencia (agrego el odio) nunca son buenas, matan el alma y la envenenan”.

Hugo Vallejo

Manuel Estrada 3.850

San Miguel de Tucumán


Adulterio

El adulterio es un acto de infidelidad, de traición, más cercano a la vanidad que al amor. Destruye familias, provoca homicidios, suicidios, niños que sufren, etcétera, casi siempre desgracias. Una forma particular del adulterio es la que se practica en los ámbitos de la política, del espectáculo, del deporte y de la religión. Esta casta de adúlteros se muestran públicamente como justos, llenos de amor y felicidad y sólo hablan de Dios cuando es políticamente correcto. Reconocen públicamente que recurren a creencias espirituales que no les impone cumplir con ninguna ley divina ni moral y cuando están en problemas, exigen cumplir con la Constitución nacional y sus leyes a los demás, con todo su rigor, pero para ellos nunca. El Rey Herodes, quien vivía en adulterio, era un líder político que no creía en la Ley del Dios de San Juan Bautista porque no era judío. San Juan intentaba ayudarlo, pero el rey vivía y creía en su propia ley. Había prometido matar a San Juan por una mujer adúltera. Hay algunas leyendas sobre el desgraciado final que tuvieron Herodes y su esposa adúltera, pero son sólo eso. Así, el adúltero, sin Dios y sin Ley, vive en la vanidad y asesina, roba, miente, traiciona como una forma normal de vida y con ello acarrea sólo desgracias para los demás. El justo, como San Juan, vive la humildad y la pobreza, abrazado a su único tesoro, su amor a Dios y a su pueblo. Marcos 6: 14-22. Ya sabemos que podemos vivir como Herodes y así están las cosas, entonces el desafío es saber si podemos vivir como Dios manda, como vivió San Juan Bautista y tantos otros.

Pedro Isaac Pabon

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Cambiaron caños, dejaron pozos

Desde hace tres semanas los señores de la SAT nos dejaron un “regalo” indeseable en avenida Benjamín Aráoz al 1.100. En todo lo largo de la cuadra cambiaron los caños de las cloacas debido a que estaban colapsados, pero al margen de esto que era algo necesario, hicieron cuatro pozos en la vereda de 2 m de largo x 1.50 m de profundidad, sin ninguna señalización, con el peligro que esto implica para las personas que transitan por ahí. Se llamó en reiteradas oportunidades para que vayan a solucionar este problema, pero siempre recibimos la misma respuesta: “el trabajo lo hizo una empresa tercerizada”; en definitiva se lavan las manos y los vecinos seguimos con los pozos en la puerta de nuestras casas.

Camandona

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Recibirse de médico

El jueves al mediodía, pasando en ómnibus frente a la Facultad de Medicina, por la ventanilla observé con estupor la figura, parada al costado de la puerta, de un joven mal afeitado, despeinado y descuidada barba, torso y piernas desnudas, luciendo como único atuendo un short manchado al igual que su cuerpo, rematado con una símil corona de papel brillante. Un perfecto bufón. En sus manos sostenía, en actitud de “venga, mire y lea”, un trozo cuadrado de papel verde con dos palabras en trazo grueso: “Soy médico”. Los transeúntes se paraban, leían y lo miraban como diciendo: “Qué bien”. ¿Pero dónde está el chiste? ¿O la mirada de satisfacción? O ¿por qué ese raro atuendo? Nada para indicar júbilo por haber logrado convertirse en un profesional de la medicina. Arrancó el ómnibus y me alejé cavilando sobre la extraña forma de celebrar la culminación de toda una vida de estudios en pos de un futuro mejor. ¿O será que este no es fácilmente visualizado, dada la contradictoria, impredecible y amañada política social argentina?

Darío Albornoz

Bolívar 1.267

San Miguel de Tucumán


Impresiones de una primera vez

He recorrido una vida, bastante normal, por calles y caminos conocidos por casi todos. Estudié en un colegio, me recibí en una Universidad, trabajo como docente y empleada pública. Publiqué un libro (sólo eso puede llegar a diferenciarme, un poco, de algunos). Me casé, tengo cuatro hijos. Sigo estudiando. Llevo a mis hijos a rugby. A las mujeres, a clases de cocina y gimnasia. Los fines de semana me dedico a alcanzar los objetivos semanales que quedaron sin hacer. Preparo uniformes, paso tiempo con los niños, los acompaño en sus actividades favoritas. Vale decir que soy una más del montón. A causa de un trabajo extra que realizo (porque también soy de las que hace cosas extras para llegar a fin de mes) comencé a inmiscuirme en cuestiones futbolísticas. Y, aunque en cada mundial fui de las que acompañó a la Selección desde su casa, siempre reflexionaba sobre las razones, la cantidad de estas razones que pueden llevar a muchas personas, todas juntas, a gritar con las entrañas un gol, a llorar cuando se pierde un campeonato en instancias finales o a discutir hasta la violencia si un pase fue bueno o malo. Observaba esos comportamientos con un poco de angustia, porque pensaba que tanta energía junta podría servir para empujar una causa social más trascendente, o me causaba tristeza saber que un partido dominaba ánimos colectivos heterogéneos de una sociedad. Me inquietaba pensar en el fútbol como un dominador desde las creencias y las interacciones intersubjetivas, tan fuertes, y tan básicas. Y el viernes pasado fui a la cancha más caliente del país, como le dicen al estadio de San Martín, y recorrí lo que debía a los fines laborales que me convocaron, y luego me senté en la platea central alta. Y vi. Gente de todas las edades, y digo todas porque había tanto bebés como septuagenarios; muchas mujeres (pensaba que era un terreno de hombres) y todos de diferentes grupos sociales y vi más que un partido. Las tribunas son enormes grupos humanos con códigos propios que las identifican, se comunican entre sí, como a través de una mágica telepatía colectiva. Entonces las canciones, con sus letras acertadas, lógicas, sensibles se alzan por el aire potenciando un espíritu único, porque en el aire ya son todos una sola cosa: la hinchada. Al rato domina la tribuna de calle Rondeau los cánticos y la coreo de la tarantela. Y los fuegos artificiales someten la expresión de alegría, la transforman, la convierten en expresión de sensibilidad. Los goles animan, exaltan, avasallan y se prolongan en gritos y saltos. Las risas son genuinas. El hombre que está dos butacas arriba mío es bastante tranquilo, pero su cuerpo poseído por el estadio ya responde a la causa y se deja… las chicas más abajo a la derecha murmuran cada letra y con su estilo de hinchas sexis saltan arengando al equipo. Las tribunas candentes, la gente no apoya los pies, están todos en el aire; menos los changuitos que equilibran su frágil humanidad en los altos muros perimetrales; ellos no se mueven mucho, su vida (y no es exageración) depende de su estabilidad hasta en el momento de mayor algarabía. Y entendí algo: ir a la cancha es más que un partido. Los gritos eufóricos, los policías desfilando ante el silbateo de la hinchada, las canciones, los saltos y por supuesto, la performance del equipo. Todo eso en un lugar que permite a todos ser parte de un algo, donde no es importante conocer de profesiones, oficios, historias de vida, ni edades, ni experiencias laborales, ni barrios, ni nada. Estás ahí. Gozando bajo las estrellas, bajo la lluvia, con frío, con calor, con viento. Es el lugar donde la expresión individual se hermana con la de los desconocidos que cantan la misma canción. Y te conmueve, te sensibiliza y a muchos los fanatiza. ¿Sabremos todos qué importante es el deporte en una sociedad? ¿Qué importante es tener una vivencia así, tan pasional, sin violencia? ¿Cuán importante es pertenecer a un grupo que te acepta como sos? Eso pasó en la cancha el viernes pasado, y tanto caló en mi espíritu esta vivencia, que me siento de San Martín. Cabe agradecer a Lucas y Rea, que aman a San Martín y me acompañaron, a Galina por el espacio, con lo que significa hacerse cargo de alguien que no está al nivel espiritual de un evento de tamaña importancia. Ahora, no creo que sea una locura, no. La vivencia de la cancha, de este modo como lo viví, sin violencia ni situaciones lamentables, es un acto de cordura, de pura cordura.

María Carolina Gallo

Quintana 490

Yerba Buena

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