A partir de la grave enfermedad que padecía su hijo, Carolina Imbert creó una red dedicada a ayudar

Su conmovedora historia es una inspiración para las mujeres que se unieron, decididas a transformar el dolor en solidaridad. Buscan donaciones, piden ayuda y salen al rescate de quién más lo necesita.

30 Jul 2017 Por Lucía Lozano
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JUNTOS. Carolina Imbert y su hijo Diego, que felizmente se recuperó de la enfermedad.

Pensó que ese dolor intenso de su hijo en las piernas era porque estaba creciendo. Después de varios estudios, el primer diagnóstico fue artritis reumatoidea infantil. Tenía que esperar seis semanas antes de empezar a medicar al pequeño Diego. Poco antes de cumplir la fecha estipulada, ella no soportó más verlo sufrir. Lo llevó al médico de nuevo y el profesional apreció algo distinto: unas pequeñas manchas marrones en la mano. “Hay que hacerle un análisis ya”, le dijo. Con los resultados, llegó la noticia más inesperada: el niño de 10 años tenía una enfermedad grave, leucemia.

Carolina Imbert lloró desconsoladamente aquella tarde de 2011. Era Semana Santa. Había que internarlo de inmediato. Hacerle punciones. Tratamientos. Quimioterapia. Informarse sobre esta enfermedad que parecía tan terrible. Y estar preparada para cualquier tipo de final.

“Hubiera preferido que me cortaran la pierna que me queda bien antes de verlo sufrir”, dice la mamá de larga cabellera rubia mientras camina ayudada por una muleta. Hace nueve años, cuando volvía del aeropuerto en auto sufrió un accidente y se quebró los dos miembros inferiores. Mientras estaba internada, una bacteria le entró en el cuerpo y le dejó secuelas irreversibles. Le cuesta levantarse y movilizarse. Igual, ella nunca se queda quieta.

Tiene 42 años y en menos de un mes será mamá de su séptimo hijo, Naief. Es la fundadora de Madres Leonas, un grupo de mujeres tucumanas que se reúnen a ayudar a otras mamás y a quienes necesiten apoyo porque están pasando por una situación difícil en sus vidas.

No reciben plata ni subsidios. Tampoco se constituyeron como una ONG. Ellas dicen que no lo necesitan. “Sólo aceptamos donaciones y todo lo hacemos de corazón”, aclara esta mamá dueña de una sonrisa que jamás se le borra del rostro. Cuando se enteran de algún caso especial, de alguien que necesita ayuda, sacan a relucir sus “garras” y hacen lo que sea para conseguir hasta lo imposible y para apoyar emocionalmente a quién está pasando un mal momento. Tocan puertas, tanto de entidades públicas como privadas, para conseguir la silla de ruedas que una madre necesita o la cuna especial para niños con movilidad reducida, lo que sea.

El comienzo

La idea había empezado a rondar la cabeza de Carolina justamente cuando tenía a su hijo internado en el Hospital de Niños. Desde ahí podía ver cómo muchas mamás que estaban en la misma situación a veces no tenían recursos para sostener los traslados que requería el tratamiento de los chicos y sufrían mucho. “Tuve suerte porque toda mi familia me apoyó, pero no todos pasan por lo mismo y están muy solos. Ahí surge Madres Leonas. Un problema de salud lo puede solucionar o no un médico; en eso nosotras no podemos hacer nada. Pero sí escuchar, consolar, dar testimonios de vida que fortalezcan, saber que podés apoyar porque estuviste en la misma situación”, describe la mamá de Diego, que ya tiene 16 años y superó totalmente la enfermedad.

En el hospital se cruzó con Beatriz Fernández, profesora de manualidades, quien la ayudó a sobrellevar la angustia a través del arte. La docente no dudó en sumarse al proyecto de Imbert. Después se incorporaron Marta Vece, Celmina Ibarreche y una veintena de madres que querían ser Leonas. Hoy son más de 300 de todo el país las que se unieron a la página de Facebook del grupo. Las que pueden se juntan todos los viernes a realizar un taller de arte. Allí se van enterando de nuevos casos y necesidades.

Se han puesto como objetivo contar con una sede propia. Mientras tanto, la casa de Carolina se ha convertido en el lugar de encuentro. Es una vivienda sencilla, ubicada a pocos metros de la Mate de Luna al 3.800. El timbre suena permanentemente. Del otro lado de un portón blanco, ella aparece siempre sonriente e invita a pasar.

El garage está atiborrado. Hay bolsas repletas de ropa, cajas con útiles escolares, juguetes nuevos, paquetes de pañales, gaseosas, alimentos no perecederos. Pareciera que no cabe ni un alfiler. Pero Carolina aclara que si llegan nuevas donaciones, hará lugar como sea. Todo lo que están juntando ahora es por una campañía que iniciaron en las redes sociales para ayudar a los chicos del cerro San Javier; muchos de ellos viven en situación de extrema pobreza. “La idea es llevarles las cosas para el Día del Niño y compartir la jornada con ellos, en la escuela Clotilde Toro, adonde van unos 140 chicos sólo a la primaria. Se trata de gente muy olvidada”, detalla.

“Poniendo las garras”

El comedor de la casa de Carolina es un lugar pequeño pero acogedor, separado de la cocina con un mueble de madera en el que hay fotos de la familia y adornos varios. Alderedor de una mesa con ocho sillas se acomodan las mamás. ¿Por qué eligieron llamarse Leonas? “Por nada en especial. Todas las mamás son leonas defendiendo a sus hijos, poniendo las garras, así tengan o no problemas”, define Imbert, de jeans, zapatillas, remera negra y un colgante con seis caritas en el cuello que no para de tocar.

No reniega de nada. De esas horas en que se sintió devastada. De los meses que vivió en el hospital porque su hijo no quería despegarse de ella. Ni del accidente que la obliga a andar con muleta. “Lo malo, lo bueno... todo enriquece nuestras vidas. No seríamos lo que somos si no hubiéramos transitado estos caminos”, evalúa. Habla pausado y tiene voz dulce. Pide permiso para contestar un mensaje que acaban de mandarle. Es una mamá que le escribe desde Caleta Olivia, Santa Cruz, para contarle que a su bebé recién nacida le detectaron una fisura en el paladar y que eso le afecta la nutrición. La mujer denota tristeza; tiene ganas de compartir su experiencia. Y Carolina le escribe: “estamos aquí para lo que necesites; no estás sola”. Después se suceden una decena de mensajes alentadores enviados desde distintos rincones del país.


casos que movilizan
Tomy, el niño de los     huesos de cristal, y Mili,    la bebé sin brazos
Muchas de las acciones de las Madres Leonas tuvieron trascendencia nacional. Uno de los casos fue el de Tomy, un pequeño con “huesos de cristal”. Se trata de una afección rara que no tiene cura: ante el solo hecho de levantar el brazo, la persona que la padece se expone a una fractura. 
“Tomy se trataba en el Hospital de Niños y así fue que nos enteramos de su historia. Su familia es de un campo en Santiago del Estero. Son muy humiles; vivían en una casilla y hacían un gran esfuerzo para tratar al nene”, cuenta Carolina. A través de sus llamados a la solidaridad, las Madres Leonas consiguieron pañales, leche, comida y hasta la construcción de un módulo habitacional para la familia.
Otra historia que llegó a oídos de este grupo de mujeres fue la de Mili, una bebé oriunda de Concepción que nació sin brazos. Por medio de colectas obtuvieron muchísima ayuda para la familia de la pequeña. Incluso en la actualidad están ayudando a los padres a obtener sus documentos de identidad. En la última semana, además, consiguieron mejorar la vivienda de un matrimonio con siete hijos, que vive en el cerro San Javier, en condiciones muy precarias. 
Cualquier persona que quiera sumarse o ayudar puede contarse con el grupo en la página de Facebook “Madres Leonas”.


> Casos que movilizan
Tomy, el niño de los huesos de cristal, y Mili, la bebé sin brazos

Muchas de las acciones de las Madres Leonas tuvieron trascendencia nacional. Uno de los casos fue el de Tomy, un pequeño con “huesos de cristal”. Se trata de una afección rara que no tiene cura: ante el solo hecho de levantar el brazo, la persona que la padece se expone a una fractura. 
“Tomy se trataba en el Hospital de Niños y así fue que nos enteramos de su historia. Su familia es de un campo en Santiago del Estero. Son muy humiles; vivían en una casilla y hacían un gran esfuerzo para tratar al nene”, cuenta Carolina. A través de sus llamados a la solidaridad, las Madres Leonas consiguieron pañales, leche, comida y hasta la construcción de un módulo habitacional para la familia.
Otra historia que llegó a oídos de este grupo de mujeres fue la de Mili, una bebé oriunda de Concepción que nació sin brazos. Por medio de colectas obtuvieron muchísima ayuda para la familia de la pequeña. Incluso en la actualidad están ayudando a los padres a obtener sus documentos de identidad. En la última semana, además, consiguieron mejorar la vivienda de un matrimonio con siete hijos, que vive en el cerro San Javier, en condiciones muy precarias. 
Cualquier persona que quiera sumarse o ayudar puede contarse con el grupo en la página de Facebook “Madres Leonas”.

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