“Recemos por las personas que hicieron esto”

Se realizó una misa en el lugar donde mataron a Vicente Sleiman, en la que el sacerdote prometió que el joven seguirá cuidando al barrio. El religioso también pidió al Gobierno más prevención, que haya justicia por el crimen y que sus asesinos se conviertan y rindan cuentas

29 Jul 2017

Luego de caminar algunos pasos por la calle con las manos en la boca, como queriendo acomodar sus ideas, el sacerdote Sergio Elías Stan sube al altar improvisado a cinco metros del árbol donde Vicente Sleiman se sostuvo tras recibir el tiro que le disparó un asaltante. El cura espera que termine la canción que entona el coro a su derecha y comienza una misa en plena calle, en Lavalle al 1.500, donde en todo momento el mensaje que queda girando es que no hay acto de amor más grande que dar la vida por alguien. Es jueves, son las 21 y la noche está fresca, pero a nadie le importa.

Unas 300 personas siguen la ceremonia religiosa de pie. Los únicos que se encuentran sentados, en sillas -que llevaron los vecinos-, son los familiares del joven de 24 años que falleció hace una semana al intentar evitar un asalto. El inicio de la misa es rápido y la primera lectura explica que todos mueren por ser de Adán, pero todos viven por ser de Cristo, cada uno a su tiempo. A poco de comenzar, comienzan a aparecer los pañuelos que enjuagan las lágrimas.

El Aleluya se entona con palmas y el más animado es un integrante del coro, quien pese a tener muletas, se mantiene parado todo el tiempo. Stan lee el evangelio: “no hay amor más grande que dar la vida por los amigos”. Los presentes, que de no haber sido por la misa no hubiesen asomado ni las pestañas a esa hora por el miedo a la inseguridad, callan mientras el cura se toma un momento para la homilía.

“Nos seguirá cuidando”

“Este hermano, Vicente, se tomó en serio la palabra de Jesús. Él dio la vida por aquellos a quienes no conocía, pero vio en ellos a hermanos necesitados. Tengamos la certeza de que la muerte no es el final, y él; nos seguirá cuidando como lo hacía en el barrio. Cuando nos toque la hora, volveremos a ver los ojos sonrientes de Vicente”, exclama, mirando a la familia del muchacho. Su tía, Olga Catania, no puede evitar el llanto. La madre del joven, Victoria, lo escucha atenta. “Nadie les sacará el dolor que sienten, pero aquí estamos con ustedes”, advierte el religioso.

La homilía es corta, pero no termina sin tocar dos temas álgidos: los asesinos de Vicente y la prevención de los delitos. “Estamos hartos y agobiados. Le pedimos al Señor que toque los corazones de quienes pueden hacer algo por esto, para que no termine con marchas, firmas y una misa; que sea el comienzo de una lucha por paz y Justicia. No bajen los brazos”, pide.

Y aunque exige que haya Justicia por el caso, también eleva una oración por los asaltantes, que aún están siendo buscados por la Policía. “Recemos por las personas que hicieron esto, para que se conviertan y rindan cuentas, en la Justicia y ante Dios”. Luego, un largo silencio.

En el momento de dar la paz, la madre y la tía del joven asesinado reciben cientos de abrazos. Ambas lloran. Poco después, a la hora de comulgar, el coro entona una canción que pide “buenos hombres, dejen de empuñar las armas”. Las pieles se erizan, y no es por la brisa.

Antes del final de la misa se anuncia que la limosna será para la familia del muchacho, pero estos se apuran en aclarar que la donarán a un comedor. Todos aplauden, pero ellos sólo bajan la cabeza, por la tristeza. Una vecina toma el micrófono y pide que el barrio vuelva a ser como antes, cuando todos se conocían, mientras la mayoría asiente con la cabeza. Luego añade que lo de Vicente fue heroico, y en los presentes no hay atisbo de duda.

su madre
“siempre intentó evitar que atacaran a la gente” 
“Estoy muy agradecida porque mi hijo ha sido muy querido por la gente que iba al negocio. Tenía un corazón muy grande. Mi hijo siempre fue así; al que le pudo dar una mano, se la dio. Dios sabe lo que hace”, contó Victoria Catania, madre de Vicente Sleiman, cuando terminó la misa. Luego recordó que su hijo siempre reaccionaba ante un hecho delictivo. “Intentaba evitar que atacaran a la gente. Lo hizo muchas veces, le nacía y yo  ya estaba resignada. En casa le decíamos que se cuidara, pero él decía que no podía ver y no hacer nada. Yo presentía que alguna vez le iba a pasar algo... Pero ahora está en un muy lindo lugar, con Dios y con su padre. Y estoy muy orgullosa de él”, agregó con firmeza, a pesar de su dolor.
Su madre
“Siempre intentó evitar que atacaran a la gente” 

“Estoy muy agradecida porque mi hijo ha sido muy querido por la gente que iba al negocio. Tenía un corazón muy grande. Mi hijo siempre fue así; al que le pudo dar una mano, se la dio. Dios sabe lo que hace”, contó Victoria Catania, madre de Vicente Sleiman, cuando terminó la misa. Luego recordó que su hijo siempre reaccionaba ante un hecho delictivo. “Intentaba evitar que atacaran a la gente. Lo hizo muchas veces, le nacía y yo  ya estaba resignada. En casa le decíamos que se cuidara, pero él decía que no podía ver y no hacer nada. Yo presentía que alguna vez le iba a pasar algo... Pero ahora está en un muy lindo lugar, con Dios y con su padre. Y estoy muy orgullosa de él”, agregó con firmeza, a pesar de su dolor.

Comentarios