El comercio ilegal de aves y de peces

29 Jul 2017 Por LA GACETA

Por mérito de su ferocidad y de su porte, pero también de los fabulistas de la Antigüedad, el león fue entronizado como el rey de los animales y ese título lo acompañó hasta la actualidad. Nunca se enteró de que a lo largo de los siglos hubo siempre un familiar que le “pisaba el poncho” y que reinaba -y lo sigue haciendo- a menudo en las sombras. “El hombre es el único animal que come sin tener hambre, bebe sin tener sed y habla sin tener nada que decir”, sostenía el escritor estadounidense Mark Twain. El exceso de codicia es una mala compañía del hombre y lo empuja a menudo a convertirse en un depredador, por cierto, el más temible en la cofradía de los mamíferos.

La pesca que se practica deportivamente, se ha convertido para muchos en un negocio, que viola las normas vigentes. Un pescador y vecino de El Mollar denunció que el fin de semana pasado, un grupo de riojanos pescó más de 500 pejerreyes en el dique La Angostura, cuando lo permitido es de 20 ejemplares por persona y por jornada. En la presentación que efectuó ante las autoridades, afirmó que los pescadores son controlados cuando ingresan al lago y no cuando salen, de manera que no se comprueba si han provocado un perjuicio. El poblador dijo que la situación no es nueva. “Todos los fines de semana pasa lo mismo y nadie hace nada. Es más, en el lago hay un puesto de la Policía Lacustre que no hace nada. Los catamarqueños y riojanos pagan permisos provisorios y se llevan todo... vamos a exigir a la Justicia que intervenga. Nos comunicaremos con el defensor del Pueblo y las autoridades del Gobierno para que pongan punto final a esta situación. Y queremos dejar en claro que nos preocupa la inacción de la Policía Lacustre. Ellos deben custodiar el lago”, sostuvo.

El artículo 58 de la ley N° 6292 establece la prohibición del uso de redes de todo tipo (intercepción, arrastre, de arrojar, de tapar, etcétera), los pescadores deben denunciar su tenencia ante el encargado de hacer cumplir esta ley”, así como “comercializar, acopiar, industrializar, consignar, exhibir, cotizar o publicar cotizaciones en plaza de especies de la fauna acuática protegidas por la autoridad de aplicación”.

La fauna silvestre también es blanco de este comercio ilegal. El director de la Reserva de Horco Molle de la UNT manifestó que hay gente que se dedica a acopiar animales y a redistribuirlos a otras provincias. “Se dice que en Banda del Río Salí está uno de los principales operadores de ese mercado”, agregó. El funcionario dijo que hay cazadores que emplean redes de niebla para atrapar un volumen mayor de pájaros y como no tienen un pájaro llamador utilizan grabaciones de audio. “Hemos tenido algunos casos de tramperos que vienen de barrios vecinos y el Parque Sierra de San Javier ha incautado en más de una oportunidad redes de niebla, grabadores y demás, y nos han traído docenas de animales en muy malas condiciones”, afirmó el funcionario, quien denunció el robo de la Reserva de un valioso cardenal amarillo en peligro de extinción.

Esta realidad muestra que los controles son ineficientes y que las normativas no se aplican. Tampoco se visualiza una política de prevención, los operativos suelen llevarse a cabo cuando ya el perjuicio ya está hecho. Casi nunca se conocen transgresores de las leyes que hayan sido sancionados. Eso habla del escaso interés de las autoridades por ocuparse de estos asuntos que parecen menores, pero no lo son porque tienen que ver con el daño al ecosistema.

Proteger la fauna y flora es una obligación indelegable del Estado. En otras sociedades, se elaboran leyes para que la ciudadanía las acate y la autoridad se ocupe de verificar que así sea. Sería positivo si Tucumán dejara de ser una excepción y combatiera con rigor este comercio ilegal.

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