Nueva muestra del realismo pícaro de Asís

Un paseo inteligente por nuestra historia política y literaria

30 Jul 2017
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DUALIDAD. Asís logra que el lector lea su último trabajo como si fuera un relato fantástico, a la vez que lo hace repasar la historia contemporánea. robertoramasso.com

MISCELÁNEA

MEMORIAS TERGIVERSADAS

JORGE ASIS

(Sudamericana - Buenos Aires)  

Rogelio García Lupo fue quien lo definió mejor: “Jorge Asís representa el idioma de los argentinos”. Se lo oí comentar en rueda escritores cuando el “Turco” hizo su estruendosa aparición a partir de los años 70 con sus primeros libros: La manifestación, Don Abdel Zalím, el burlador de Domínico, hasta llegar a Flores robadas en los jardines de Quilmes, que lo catapultó a la fama. Por aquel entonces atraía o rechazaba con pareja virulencia por su estilo provocador y desfachatado -y “con ese aire viciado de los colectivos que lo caracteriza”- como supo elogiar Gabriela Massuh. Y es que Asís no perdía ocasión de pronunciarse en contra de los próceres intocables de nuestro mundo literario, entre otras transgresiones.

Inauguraba una suerte de ironía criolla, de realismo pícaro, cínico, sarcástico -aún respecto de sí mismo, tanto de su persona como de su obra- rasgos todos que predominan, vigentes al máximo, en sus actuales Memorias tergiversadas. Junto con un excepcional talento para el aguafuerte callejero y universal.

Esta memoria de Jorge Asís no es sólo “tergiversada”, como dice el título. Es mucho más y mejor: funciona como una verdadera novela, antes que como una autobiografía. El autor despliega aquí sus mejores galas narrativas. Tanto que él, más que protagonista de una historia real de vida, parece el personaje central de una obra de ficción.

Sea en el mundo de la política -donde se destacó desde diversos espacios clave- o en el de la literatura, Asís mantuvo siempre ese desapego de “sapo de otro pozo” característico de todo escritor “colado” en el mundanal ruido. Y con ese aire de héroe novelesco como cuando, al fracasar su intención de imponer el idioma local, le renunció al Presidente por televisión.

El lector puede adentrarse en las páginas de Memorias tergiversadas como si estuviera leyendo un relato fantástico –y fantástico en todo sentido- mientras, con una sonrisa cómplice, pasa revista a nuestra historia política y literaria de los últimos años.

© LA GACETA

Fernando Sánchez Sorondo


Olvidos selectivos*
Por Oberdán Rocamora
Desde antes de iniciar la peripecia literaria, nuestro autor planificaba componer un libro de memorias. De “olvidos selectivos”, lo anunciaba. Evocaciones tendenciosas, selectivamente tergiversadas.
(A través de la tercera persona, el narrador omnisciente describe engañosamente la trayectoria del sujeto que memoriza, desde afuera. Con frontales intromisiones.)
Al alcanzar los fronterizos 70 años, decide cumplir con el proyecto.
Prefiere centralizarlo, arbitrariamente, en Madrid, la ciudad que llegó a detestar. Probablemente cuando comprobó, a destiempo, que no podía radicarse. Exilio voluntario de los 80. Cuando su apellido remitía a las proscripciones internas. Se sentía maléfico, acabado en su país.
En efecto, vivía a contramano.
Cuando una parte considerable de los colegas (que nunca lo reconocieron) debieron salir para el exilio, sin mayores inconvenientes pudo quedarse en Buenos Aires (ciudad que llegó a detestar casi tanto como Madrid).
Pudo, incluso, lo más grave, consagrarse durante el quinto año de la Dictadura Militar. Cuando se había asesinado, a canilla libre.
El éxito, en definitiva, lo condenaba. Perdía. Se quedaría solo. Acostado.
Después del penúltimo entusiasmo de Malvinas, la Dictadura se desmoronaba. Con la democracia recuperada volvían los colegas exiliados.
Como si no fuera suficiente, recibía aún más espaldas. La factura de reproches por haberse consagrado.
* Fragmento de 
Memorias tergiversadas.
Olvidos selectivos*

Por Oberdán Rocamora

Desde antes de iniciar la peripecia literaria, nuestro autor planificaba componer un libro de memorias. De “olvidos selectivos”, lo anunciaba. Evocaciones tendenciosas, selectivamente tergiversadas.
(A través de la tercera persona, el narrador omnisciente describe engañosamente la trayectoria del sujeto que memoriza, desde afuera. Con frontales intromisiones.)
Al alcanzar los fronterizos 70 años, decide cumplir con el proyecto.
Prefiere centralizarlo, arbitrariamente, en Madrid, la ciudad que llegó a detestar. Probablemente cuando comprobó, a destiempo, que no podía radicarse. Exilio voluntario de los 80. Cuando su apellido remitía a las proscripciones internas. Se sentía maléfico, acabado en su país.
En efecto, vivía a contramano.
Cuando una parte considerable de los colegas (que nunca lo reconocieron) debieron salir para el exilio, sin mayores inconvenientes pudo quedarse en Buenos Aires (ciudad que llegó a detestar casi tanto como Madrid).
Pudo, incluso, lo más grave, consagrarse durante el quinto año de la Dictadura Militar. Cuando se había asesinado, a canilla libre.
El éxito, en definitiva, lo condenaba. Perdía. Se quedaría solo. Acostado.
Después del penúltimo entusiasmo de Malvinas, la Dictadura se desmoronaba. Con la democracia recuperada volvían los colegas exiliados.
Como si no fuera suficiente, recibía aún más espaldas. La factura de reproches por haberse consagrado.


* Fragmento de Memorias tergiversadas.

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