Murió acribillado a balazos frente a una niña de tres años

Antes de escapar, el asesino le dijo a un testigo: “no te preocupés, esto no es con vos”. La víctima tenía 23 años y estaba vendiendo miel. Recibió los impactos en la nuca, un brazo y el tórax. Llegó muerto al hospital.

28 Jul 2017
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LAS PERICIAS. En la escena del crimen, un grupo de efectivos buscan los detalles que permitan desentrañarlo. la gaceta / foto de Antonio Ferroni

“No te preocupes, esto no es con vos”, le dijo el asesino a un testigo, que junto a su hija de tres años acababa de ver cómo un hombre había sido atacado a a balazos y yacía moribundo en la vereda. Luego, el tirador escapó en moto por la misma calle, el pasaje 33 Orientales al 1.000, hacia la zona este.

El hecho ocurrió alrededor de las 13.30 en la zona sur de la ciudad. Una llamada al 911 alertó a los efectivos del violento episodio, pero cuando estos llegaron la víctima ya había sido trasladada al hospital Padilla por un amigo. Llegó muerto. Fue identificado como Jorge Sergio Javier Alemán, de 23 años, y había recibido tiros en la nuca, el antebrazo izquierdo y el tórax. De inmediato, surgió la hipótesis de que había sido atacado por un tal “Ulises”, aunque aún se desconoce el motivo. Otro de los datos que recogieron es que el asesino no habría dicho ni una sola palabra antes de gatillar. Vecinos de la zona susurraron que ellos ya habrían tenido problemas.

De las primeras informaciones que surgieron en la investigación, se supo que Alemán había llegado al lugar para buscar o dejar ahí a un amigo con el que compartía su actividad, la venta de miel; este muchacho que lo acompañaba fue el que lo llevó al hospital en su camioneta.

La dueña de la casa donde ocurrió el tiroteo, que prefirió mantener bajo reserva su nombre, comentó: “El chico estaba hablando con mi hijo y con mi nieta. No sé muy bien qué más pasó porque yo estaba en el trabajo, pero lo atacaron al vendedor y le dijeron a mi hijo que la cosa no era con él. La nena llegó a creer que le habían pegado los tiros a su papá. Mi hijo está aterrado. No sé cómo voy a poder dormir ahora. Nunca había pasado algo así acá, es una zona tranquila”, dijo a LA GACETA, mientras juntaba los elementos de limpieza para borrar la estremecedora mancha de sangre que había quedado a un metro de su puerta.

Conmovidos

El episodio interrumpió la calma de la siesta que suele haber en el pasaje y todas las miradas se dirigieron al trabajo que realizaron en el lugar los efectivos de Criminalística, comisaría 9° y Homicidios, a cargo de Hugo Cabezas. Los más cautos, en un grupo de motos, miraban la escena desde la esquina. Otros seguían los movimientos desde la puerta de sus casas o detrás de los barrotes de alguna ventana. Los que más se acercaron al lugar del crimen fueron tres niños de menos de 10 años, los únicos a los que no se los vio conmovidos por lo que había ocurrido. El más alto de ellos, con una camiseta argentina, comía a gajos una naranja.

“Yo sólo escuché un tiro, porque estaba en el fondo. Cuando salí a ver, ya estaba caído el muchacho, inconsciente. Todos los vecinos se arrimaron a ver si lo podían ayudar, pero ya estaba muy mal, muy jodido el chico”, relató Pedro Almaraz.

“Yo estaba trabajando, pero me comentaron que se escucharon al menos cuatro tiros. Al salir, todos lo vieron ya tirado, muy mal. La verdad es que esto nos sorprendió a todos; nunca había pasado algo así en esta zona. A ese chico yo lo ubicaba de vista”, añadió Nicolás.

Parte de la familia del muchacho fallecido también estuvo allí, pero se retiró en una camioneta antes de que terminara la medida. Una mujer, muy acongojada, se subió a uno de los asientos traseros del vehículo mientras gritaba con dolor: “¡lo han matado como a un perro! ¡Esto no fue ningún ajuste de cuentas!”.

Fuentes judiciales comentaron que están indagando para saber si entre ambos existió algún tipo de problemas hace algunos años, ya que esa es una de las hipótesis. La pericia quedó a cargo del fiscal Washington Navarro Dávila.

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