La quema de pastizales en tiempos de zafra

25 Jul 2017 Por LA GACETA

Tímidamente comienzan a caer en los patios, se posan en las sogas, en la ropa lavada. Luego van tomándose más confianza e invaden el cielo cuando el viento las eleva y caen sobre las plazas, las calles, los techos, la vestimenta, el pelo, los ojos y como si eso no les bastara, su cuelan por las narices y hacen sus travesuras en el aparato respiratorio, y desencadenan otros malestares. Desde hace muchos años, las cenizas forman parte del paisaje tucumano a medida que la zafra avanza. Deliberada o accidental, la quema de cañaverales y pastizales se ha convertido en esta época en una tradición, de la cual no podemos precisamente enorgullecernos.

En la siesta del viernes pasado, se produjo un incendio en la zona sur del aeropuerto Benjamín Matienzo; ardieron ocho hectáreas de pastizales. Dos cuerpos de bomberos trabajaron durante cinco horas para poder apagarlo. Un viento provocó que la quemazón se extendiera rápidamente, razón por la que los bomberos de la Policía Federal tuvieron que pedir la colaboración de sus colegas voluntarios de Alderetes. La quema afectó a los barrios que se hallan en la jurisdicción de La Florida o cerca de la ruta 303, sin embargo, no se registraron heridos.

Un sargento de la Policía Federal dijo que si el aeropuerto hubiese estado funcionando, habría sido imposible que se despegaran o aterrizaran los aviones por la cantidad de humo que había. Señaló que en una semana se producen entre cinco y ocho incendios, incluidos los caseros, entre ellos, también se encuentran los forestales, como los pastizales, los montes, cañas o rastrojo. El 22 y 23 de agosto de 2014, se suspendieron los vuelos en el aeropuerto Matienzo por la quema de cañaverales aledaños; otro tanto sucedió en septiembre de 2013.

El 8 de noviembre pasado, informamos que, según registros de la Policía, en Tucumán se registran más de 500 incendios por año, todos causados por la mano del hombre; la gran mayoría, en cañaverales durante la zafra. En los últimos dos años, cinco personas fallecieron y 10 sufrieron lesiones diversas como consecuencia del humo esparcido en las rutas o de viviendas alcanzadas por el fuego. La quemazón se extiende a menudo por kilómetros. Informamos que hasta ese momento, se habían labrado 124 actas de comprobación en toda la provincia: 26 en agosto, 90 en septiembre y 8 en octubre, las cuales por la naturaleza del hecho, se les había dado el carácter penal, con intervención de las fiscalías de turno. “Los cañeros optan por incendiar la caña para evitar costos laborales. De esa manera no pagan para pelar la planta. Pero estos siempre responsabilizan a otros. Es verdad que a veces la quema es accidental, pero en un porcentaje mínimo. Las intencionales son las que prevalecen”, dijeron en la oportunidad bomberos voluntarios.

Aunque desde hace una década la ley prohíbe la quema de caña como método auxiliar de la cosecha, los ingenios están impedidos de recibir caña quemada y la sanción pecuniaria oscila entre los $200.000 y $3 millones, esta práctica perniciosa no ha cesado a lo largo de los años. La realidad refleja que ni las autoridades ni la Justicia se han preocupado demasiado por la aplicación de la ley. No se conoce hasta la fecha que alguien haya sido multado con algunos de los montos establecidos. ¿Acaso el aire que respiramos y la salud de la población no despiertan su interés?

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